El 2020, un año de guerra con bombas transparentes

“La sensación fue como cuando antiguamente llamaban a la puerta de las casas para solicitar a los hombres luchar en primera línea de guerra”

Sara Flores Pérez
Enfermera. REA. Hospital Medina del Campo, Valladolid, España.

Todo comenzó un 13 de marzo del 2020 cuando recibí una llamada telefónica para solicitar mi trabajo de enfermera para formar una unidad covid, en un principio parecía algo increíble que en pocos minutos se convirtió en una sensación de inseguridad, desconocimiento e incertidumbre ante una “guerra invisible” a la que tenía que enfrentarme; la sensación fue como cuando antiguamente llamaban a la puerta de las casas para solicitar a los hombres y luchar en primera línea de guerra.

A los 3 días comencé a trabajar intentado organizar la unidad junto al equipo y la supervisora, al inicio todo eran cambios, nuevas necesidades asistenciales, nueva forma de trabajar, adaptarse a vivir confinados, nuevos horarios de 12h (al inicio parecía una jornada eterna, pero posteriormente nos gustó), aprender a colocarnos y retirar los EPIS, tuvimos que aprender a realizar una “enfermería de guerra” priorizando las necesidades básicas.

Al comienzo todo eran debates entre lo que parecía mejor o peor, cambios de decisiones, discusiones entre compañeros, inseguridad por falta de EPIS, miedo ante la posibilidad de contagio…pero en pocos días la situación fue mejorando, poco a poco fuimos mejorando y aprendiendo a trabajar con los EPIS, la nueva patología COVID y complementándonos como equipo.

Lo mejor de todo fue el grupo de compañeras increíbles que posteriormente se convirtieron en mi segunda familia porque con ellas pude vivir una experiencia única que me enseñó a ver la vida y la profesión de enfermera desde otro punto de vista.

Durante “la primera ola” fue muy duro ver cómo la gente pasaba largas estancias (1 mes) en soledad y moría sin poder despedirse de sus familiares. Ver como fallecía la gente me hizo replantearme incluso si realmente era lo que quería como enfermera, si me gustaba lo que estaba haciendo y si servía de algo todo el esfuerzo, porque fue muy duro tomar decisiones sobre quien debía recibir los recursos y quién no. Además comenzaron los primeros contagios entre los compañeros, lo que supuso aún más angustia y temor entre el personal.

A mayores mi trabajo como enfermera de uvi móvil provocó ver otro punto de vista porque trasladábamos pacientes que de primeras habían entrado caminando, como iban empeorando por días u horas y como terminaban intubados en la uvi, podía valorar cada minuto de empeoramiento provocado por el covid, y como las familias se despedían por teléfono de su familiar sin saber si volverían a verlos.

Pasados 2 meses, se redujo la tasa de incidencia, por lo que hubo menos número de ingresos hospitalarios y se reinició la rutina de trabajo más o menos normal, aunque siempre con nuevos pacientes covid.

Me trasladaron a cubrir otras unidades como urgencias, medicina interna… y en principio pensaba que iba a trabajar más tranquila pero luego me di cuenta de que no era así, porque pacientes supuestamente NO COVID terminaban siendo positivos, sin tener el EPI puesto y aparecía la incertidumbre de poder estar contagiado, de que se lo podías estar contagiando a tu familia y siempre con el miedo de no saber cuál era la actitud correcta.

Posteriormente en “la segunda ola” regresé a la unidad con nuevos equipos y tocó volver a aprender sus formas de trabajar, pero ya con una base muy importante sobre el paciente COVID.

Cómo citar este documento

Flores Pérez, Sara. El 2020, un año de guerra con bombas transparentes. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 22/09/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2348
 

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