Oportunidades ante la adversidad

“Se ha desmoronado la joya de la corona y hemos sido igual de vulnerables que los demás países”

Raquel Rodriguez Blanque
Supervisora formación e Investigación.Hospital Universitario Clinico San Cecilio, Granada, España.

Esta pandemia apareció a primeros de año en una ciudad muy, muy lejana a la nuestra. Conforme iban apareciendo noticias sobre esto, todo parecía como un problema que afectaba a los orientales y que nunca nos llegaría a nosotros, y que en caso de que lo hiciera, con nuestro sistema sanitario tan “potente”, uno de los mejores del mundo según los expertos, no llegaríamos a sufrir mucho. Nada más lejos de la realidad vivida. Al ver la evolución de la pandemia en nuestro país, los resultados tras su paso, lo hecho y no hecho, nos debería de hacer reflexionar como sociedad que ahora más que nunca es necesaria la cultura de la evaluación, no como arma arrojadiza para nada ni nadie, sino como una herramienta que permita dar los pasos necesarios para una atención de calidad ante esta y cualquier otra situación, que se pueda producir en el futuro.

Si llevamos a cabo de manera sistemática una evaluación de nuestras acciones, tanto a nivel profesional como a nivel personal, estaremos en una mejor disposición de aprender. Hay un proverbio que dice “corrige al sabio y te amará” (Proverbios 9:8). Se nos llena la boca diciendo que nuestro sistema sanitario es uno de los mejores del mundo, pero, ¿en qué nos basamos para afirmar eso?, ¿una cobertura cuasi universal lo convierte en el mejor?, ¿ha sido la cobertura durante la pandemia cuasi universal?, ¿tenemos capacidad para dar esa cobertura tan amplia?, ¿está bien dotado y distribuido el sistema? Se ha desmoronado la joya de la corona, y hemos sido igual de vulnerables o más que aquellos países que en ese ranking de los mejores sistemas sanitarios no estaban tan bien situados, pero que ante las advertencias de los países de alrededor hicieron una mejor planificación que nosotros, por lo tanto volvemos al párrafo anterior, necesitamos EVALUAR, nuestras concepciones, nuestra planificación o falta de ella, nuestra ejecución y nuestros resultados, para no volver a lo mismo, para aprender de los errores cometidos. Porque claro, cometemos errores, TODOS, desde el gerente, hasta el celador, desde el político, hasta el ciudadano, porque es de humanos errar, pero errar sistemáticamente es de tontos.

Desde el punto de vista de la gestión, el hacerle frente a la pandemia ha sido para mí un desafío mayor, no solo porque nos hemos enfrentado a algo desconocido, sino porque te das cuenta en estos momentos, que en función de cómo tomes decisiones y lideres, muchas personas pueden verse afectadas. Todo adquiere una dimensión mayor en estas circunstancias, no es que piense que antes de la pandemia esto no fuera así, pero ante tanta vulnerabilidad, he sido más consciente de ello.

Conforme los días pasaban, hemos tenido que lidiar primeramente con nuestros propios miedos, y posteriormente hacerlo con el de los demás. La incertidumbre nos mataba, generando mucha tensión. Estamos habituados a movernos en una zona de confort, con todas las cosas muy bien planificadas, con una buena dotación de recursos materiales en líneas generales y rodeadas de muchos compañeros que siempre pueden ayudarnos. Pero en este caso, esto no ha sido así, todos estábamos en el mismo punto de partida, desde el más erudito al más ignorante, nadie sabía mucho sobre el comportamiento de este nuevo virus, los materiales debíamos usarlos con criterios de racionalidad hasta ahora nunca vistos, la seguridad que caracteriza cada una de nuestras actuaciones en el ámbito hospitalario se había esfumado, maneras de llevar a cabo nuestros cuidados que nunca hubiéramos realizado, lo hicimos, y fuera de nuestro círculo habitual, todo es más difícil, cuesta más y la visión se emborrona. Poniendo de manifiesto la necesidad de un liderazgo firme, con visión y capacidad y autoridad en la toma de decisiones.

Todas estas circunstancias muestran la necesaria formación, capacitación y liderazgo enfermero, dotar los puestos de liderazgo con personas bien formadas y capacitadas para ejercer sus competencias en puestos de gestión, pues si hay un buen líder la tormenta será percibida como menos agresiva. Nos hemos enfrentado a una enfermedad en la que no existe tratamiento médico efectivo, los cuidados, por lo tanto, debían adquirir mayor relevancia. Pero esto no ha sido así, determinados colectivos, ante la falta de liderazgo enfermero se han apropiado de esta parcela descuidada y la orientación ha sido eminentemente médica, perdiendo la visibilidad como colectivo que ha sido fundamental tanto en la gestión de esta crisis, como en el trabajo diario con ella.

La enfermería ha reubicado espacios, ha establecido con rapidez circuitos nuevos de atención a los pacientes, ha sido clave en la gestión del material sanitario, haciendo acopio de este en condiciones muy precarias. La enfermería ha innovado de manera exponencial conforme las circunstancias se endurecían, reconvirtiendo materiales, estableciendo circuitos nuevos de limpieza, circulación, lavandería, etc. Y todo en tiempo récord. Hemos comprobado como la profesión enfermera es “hiper dinámica”, con capacidad de adaptación a nuevos contextos con mayor rapidez que otros profesionales. Ante su pragmatismo, todo se hace más llevadero y las soluciones brotan de manera espontánea y esto facilita mucho el trabajo, trabajo desbordado tanto a nivel físico, como a nivel emocional.

Creo firmemente en el potencial de la enfermería liderando, gestionando, cuidando, investigando, enseñando. Solo hace falta ponerlo en práctica cada día. Las enfermeras estamos preparadas para hacerle frente a muchas situaciones adversas, pues se ha visto que, ante una catástrofe de esta envergadura, en la que no había protocolos, o los existentes continuamente cambiaban, se ha dado respuesta a las necesidades surgidas. Pero hemos visto áreas en las que falta liderazgo por parte del colectivo, debemos seguir progresando como profesión, la investigación es clave en ese sentido, pues somos los únicos responsables de generar conocimiento específico de nuestra área, que redunde en una mejor a atención a nuestros usuarios y a la vez, produzca un avance de la profesión. Nuestra falta de liderazgo y de no posicionarnos firmemente como colectivo, perjudica no solo al usuario, sino también a los equipos. Ante la falta de visión enfermera se pierde el complemento que esta aporta, y esto se puede ejemplificar en una respuesta sanitaria no centrada en el usuario, se ha enfatizado la COVID-19 por encima de todo, pero no lo que esto ha implicado para los pacientes y sus familiares.

La falta de integración de enfermería en los comités donde se toman decisiones, o su tímida intervención, ha visto mermada la calidad de sus respuestas al no aportar su experiencia y conocimiento en este foro. Sabemos que existen áreas donde todavía nos falta conocimiento y experiencia, pero podemos y debemos adquirirla, pues somos una generación que tiene un gran acceso a la formación e información, oportunidad que no debemos dejar pasar. Por el bien del usuario, de la profesión y por nosotras mismas.

Cómo citar este documento
Rodríguez Blanque, Raquel. Oportunidades ante la adversidad. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 04/09/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1658

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