¿Cómo te digo lo que no te quiero decir?

“Queda mucho camino por andar, no solo en la supervivencia cuantitativa del telediario”

Esther Martínez Barroso
Enfermera. UGC Alcalá del Río. La Algaba, DSNA Sevilla, España.

Después de varios días de estado de alarma y una vez que comienzo a superar la frustración diaria de afrontar que cada día es más duro que el anterior, que cada día, lo que aprendí con mucho esfuerzo hace pocas horas , apenas vale nada y que en esos momentos solo consigue hundirte y exigir de ti mismo una resiliencia de la que creía carecer, en esos días en que comienzo a superar mis límites y creo que se puede vislumbrar en mi mente cierta calma y  cierto control, caigo en la cuenta de mis paliativos; de tanto centrarme en que el Covid no entrara en las residencias habíamos olvidado a otra población también muy vulnerable, que apenas se quejaba, que apenas daba señales de vida.


Y la situación más difícil la tenía delante de mis narices y no la había detectado: una residente paliativa que por el transcurso de enfermedad, iba apagándose a marcha forzada y es que, aunque el mundo se haya parado, en realidad, nosotros hemos parado el mundo; al menos en lo que a mí respecta, porque mi vida, lo que conocía y controlaba, ya no era sino arenas movedizas, y lo dejé todo para centrarme en la pandemia: días interminables con directrices cambiantes , infoxicación total y un trabajo en el que hay que aportar lo que tienes en la recamara, en tu interior porque no hay reglas; Entonces descubro a esta señora que en este contexto, no puede recibir visitas de familiares, ni apenas comunicarse con ellos, porque nadie ha caído en darle un teléfono, porque el sentido común se ha tirado a la basura y en nuestros pensamiento solo está el Covid, no la Enfermedad , ni el Desamparo, ni el Dolor ni la Soledad; Maria se está apagando, en silencio, ni siquiera se queja de dolor, su rostro no dice nada, pero su mirada se retira al acercar la mía, me rechaza, está ligeramente enfadada y a la vez, cansada.Tras una larga visita, hablo con la enfermera de la residencia para valorar posibilidad de que la familia entre a despedirse de ella porque están muy preocupados y aparece la disyuntiva moral, el remate de los tomates ,no hay EPIs y aunque los hubiera, la normativa es tácita: nada de visitas en residencias, nada de irrumpir es ese santuario a menos que sea estrictamente necesario; la niña bonita del sistema sanitario debe protegerse, pero…¿ y los protagonistas a los que queremos proteger,los estamos teniendo en cuenta? para mí, la decisión estaba muy clara: había que conseguir que la familia entrase para realizar una despedida, una preparación del duelo para evitar que sea patológico; no contaba con las minudeces del directo: una cosa es lo que yo quiera, y otra muy distinta lo que yo pueda hacer.


Buscando soluciones, pensé en que María se fuera de la residencia a casa de uno de sus hijos,esa era otra opción, también valorable, pues no ponía en peligro al grupo. Sí , esa era la mejor solución… ya estaba todo en orden en mi cabeza,me sentía reconfortada de poder permitir el acercamiento en momentos en que eso pasa a segundo plano, y es que, tanto atender paliativos hace que estos logros se celebren por todo lo alto… Apenas estaba referenciada la posibilidad de salir de la residencia entre los miles de documentos que nos bombardeaban a diario, de hecho, los protocolos no lo permitían,” pero se hizo el test el viernes santo y hoy era martes, nadie había entrado en la residencia, entonces, salvo por el periodo ventana, María con test negativo, podía contemplar la posibilidad de salir de la residencia y pasar los últimos días con su familia. De los aislamientos y las protecciones de la familia, ya hablaríamos, al fin y al cabo, es una situación irrepetible”, me decía para reforzar mi decisión.Llame por teléfono a su hija Manuela, que a diario preguntaba muy apenada por su madre, le explique la situación y como podía orquestarse para que fuera posible el reencuentro. Contestó sin apenas cambios en su voz, inmutable ante la posibilidad ofrecida y con una respuesta  contundente : “No tengo sitio en casa, en el salón no cabe una cama y mi marido esta inmunodeprimido,mi madre no puede venir “ en ese momento se me cayó el alma a los pies y me pregunté, ¿qué clase de reorganización mental ha tenido que realizar Manuela para aceptar que no va a volver a ver a su madre? ¿qué clase de situación te hace poner en una balanza a tu madre y a tu familia?

De repente entendí la madurez de su decisión y de sus renuncias; una tristeza profunda me inundó; llegaba a lo más hondo de mí ser espectadora de esta realidad tan cruel, volví a rasgarme un trocito más , porque la mirada de María no se me olvidaba; y ahora,¿ cómo le digo a Maria que una realidad imprevisible rompe el único momento que tenía con su hija?, ¿cómo le digo que un virus impide que se vean , que se hablen con los ojos, que se toquen y se  acaricien?, ¿ como le digo que va a estar Sola,rodeada de desconocidos? en estos días ,¿nadie ha inventado aún una manera de conectarnos sin tocarnos? Sí ,se llama skype, videollamada… pero cuando has tomado una dura decisión y cuando tú misma rechazas una mirada para evitar la posibilidad no poder reponerte, esas tecnologías quedan a kilómetros…


Me recompuse enfocándome en Manuela, en vez de en Maria, en entender cómo lo estaba viviendo ella desde la distancia, porque pensar en la soledad de Maria me hacía mucho daño. Así pude sobrevivir sin quedar más tocada todavía , cambiando la percepción y el foco y en definitiva, huyendo del problema, porque , ¿nadie ha pensado que se nos ha olvidado dar respuesta a este colectivo que no va morir de Covid, pero que también va a morir?¿no nos planteamos otras opciones porque la salud pública está por encima de la salud individual? dilema moral importante , que quedó al menos esbozado 1 semana después en un nuevo documento en el que se permitían visitas en situación de últimos días en pacientes institucionalizados, con EPI. Pero Maria ya no estaba.

Me quedo con 2 reflexiones ; la primera que me atañe y que me repito, porque es un aprendizaje de vida: adaptarnos a las nuevas situaciones, desapegarnos de lo válido hasta el momento y que nos aportaba seguridad es la única salida: ya sea una situación de agotamiento mental que te exige reponerte y recomponerte como si te fuera la vida en ello , ya sea un tsunami de emociones que te hacen tambalear hasta la médula, ya sea un virus que modifica nuestra expresión de afecto … cambiar, reciclar y olvidar lo que nos ayudó en un pasado, porque HOY ya no es útil… y este cambio es posible; aprendí que la perspectiva de lo vivido es personal y tengo y tenemos la fortaleza para cambiar la perspectiva , nuestros pensamientos y nuestro comportamiento, sin que la incoherencia nos mine. La segunda, que queda mucho camino por andar para conseguir una cultura de cuidados basados en la vida y en la muerte, en los sentimientos y en las personas, no solo en la supervivencia cuantitativa del telediario, pero al menos sé que estoy en la senda de construirlo

Cómo citar este documento
Martínez Barroso, Esther.  ¿Cómo te digo lo que no te quiero decir? Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 10/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=984

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