Es lícito tener miedo

“Si nuestra dama del candil estuviera con nosotros, también tendría estas emociones”

Francisca Bernal Pérez
Enfermera. Cirugía Vascular. Hospital de Bellvitge, L’Hospitalet de Llobregat, Barcelona, España.

No me gusta decir los años de experiencia que tengo, me hace sentir mayor y eso, a las mujeres no nos gusta en demasía. Solo comentarles, que no soy una enfermera novata, tengo criterios de actuación; de esos que la experiencia y la edad te van enseñando por el camino y como creo que a todas nos pasa con el devenir de los años. Pero ha tenido que venir un personaje a truncar muchas cosas en mi cabeza, en mi profesión, en mi ser.

Un personaje como aquellos monstruos que dibujan los niños cuando tienen pesadillas. Pues ese monstruo se parapetó en mi sien, atenazándome las manos, creando inseguridades y vertiendo ansiedades como nunca había sentido antes y te callas, y te lo guardas en tu cajita de música que late cada día más depresiva, acelerando emociones y angustias, intentando que se no note, que sigues siendo la enfermera de antes; pero no puedes, el miedo te paraliza en muchos de los procedimientos que realizas. Intentas no equivocarte cuando te vistes con los Epis y más al quitártelos; las gafas que queden bien ajustadas, el gorro que no se salga ni un pelo, la mascarilla que sea la apropiada, que no sea aquella que te has puesto en días anteriores y después las han retirado porque no cumplían los requisitos.

Todo es una vorágine al entrar al turno; te quedas en el parking del hospital pensando si entras o no entras. Esperas alguna compañera para no entrar sola y así mitigar un poco el pánico que te va subiendo por el espinazo. Te vas preguntando, ¿cuándo durará esto? Y en las noticias, siempre noticias más descorazonadoras. Muchos profesionales infectados y sus familias, muertes, sufrimientos, colapsos en las UCIS, todo es negativo y tú mientras tanto, vas aceptando tu posición en la escuadra, vas parando goles, vas asistiendo a todo lo que se te ponga por delante. En estos momentos, el miedo te suelta, te agarras a tus compañeras, a los pacientes, a tu seguridad; se ponen en marcha todos tus conocimientos, tu experiencia, tu vocación; esa que no has soltado ni que ha sido atenazada por el miedo, luchas y te revelas, te enciendes y aunque acabas destrozada cuando termina el turno, has ganado un día más a este monstruo invisible, que no llama a la puerta, que entra y se queda para hundirte en la miseria. Es lícito tener miedo, es lícito porque somos humanos, porque este virus es desconocido; no haber presentado sus credenciales y en el fragor de la batalla diaria tenemos que descubrir su talón de Aquiles y lo descubriremos más pronto que tarde. La lástima será que se habrá llevado por delante a gente que no tocaba llevarse. Venceremos al miedo, al monstruo, a todo aquello que nos suponga un reto para salvar vidas.

No nos quedaremos con las ganas, batallaremos duro, nos quedaremos en primera línea de combate como siempre hemos hecho, como siempre haremos y si decaemos por cansancio, por falta de medios y recursos, nos apoyaremos unas en las otras, como siempre hemos hecho y si tenemos miedo, incertidumbre, dudas, será lícito tenerlas, pero siempre aparecerá una luz, una esperanza, una ilusión y una rabia que nos echará para delante, como siempre hemos hecho. Cuando todo esto pase, seguro saldrán las cicatrices que ahora escondemos, seguro que saldrán todo el dolor que hemos pasado, seguro que saldrán todos los lloros que hemos escondido para hacernos fuertes por el camino. Pero sinceramente todo esto será lícito porque somos humanos, sensibles, pero con una vocación tan grande que no nos cabe en el pecho. Si nuestra dama del Candil estuviera con nosotros, también tendría estas emociones porque sería una de las nuestras, a pie de cama alumbrando el camino. Cuando todo esto pase, miraremos hacia atrás y aunque estemos cansados, habremos aprendido cómo trabajar en equipo en condiciones excepcionales, buscaremos resiliencias desde nuestro interior para pelear duro contra todo monstruo que se nos presente por delante.

Cuando todo esto pase, porque pasará, habremos entendido que la Enfermería es un pilar básico en la asistencia sanitaria de nuestro país, que los recortes en salud, ponen en jaque a nuestra sociedad; que no podemos desprendernos de nuestros profesionales, obligándolos a marcharse a otros países por falta de oportunidades en el muestro. A este monstruo lo pararemos, pero dejará dolor y miedo; pero no podremos bajar la guardia, porque quizás vengan otros personajes funestos y maléficos que volverán a zarandearnos como gotas de agua en mar abierto. Quizás sea este momento el propicio para aseverar que nuestra profesión es tan necesaria como el aire que respiramos, que si no la cuidamos se ahoga por el camino del olvido, que somos esos profesionales que cuidamos de todos en cualquier situación, aunque el miedo nos marque en nuestro sentir personal, que estamos preparados y formados en todas las esferas, incluso en aquellas que todavía el futuro puede depararnos.

Tengo miedo, pero es lícito tenerlo y cada día que pasa entiendo que ese miedo es prevención, es cuidado individual y colectivo. De los miedos se aprende a no cometer errores, a revisar todo o necesario para que no se produzcan contagios, a formarnos en todas las materias. Ha tenido que invadirnos este monstruo para ver cuán necesarios somos, no para nosotros, sino para la sociedad en su conjunto. Miremos hacia un futuro no muy lejano y comprendamos que los profesionales de enfermería no somos un número estadístico, somos personas con familias, con esperanzas, con ilusiones como cualquier persona. No nos manden al frente con irrisorios materiales de protección, mándenos a la batalla con escudos y corazas, con armaduras para poder proteger el bastión de la salud colectiva. Podemos tener miedo, es lícito tenerlo; pero si estamos a pie de línea, merecemos tener los recursos apropiados para enfrentarnos a cualquier cosa. Aprendamos de este miedo, aprendamos que esta situación se puede repetir en un futuro, aprendamos que nuestro Sistema Sanitario es imprescindible ante cualquier invasión, pero dotemos a este sistema de los recursos materiales y personales; no se ganan guerras con bolsas de plástico, no se ganan guerras con profesionales contagiados que a su vez contagian a sus familias, no se ganan guerras desde un púlpito en el Parlamento, las guerras se ganan donde se tienen que ganar, en el campo de batalla y ahí es donde está nuestra Enfermería.

Cómo citar este documento
Bernal Pérez, Francisca.  Es lícito tener miedo. Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 10/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=971

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