La pandemia que nos enseñó a valorar

“Un abrazo o un beso ahora valen más que el oro”

Sara Castillo Rodríguez
Estudiante de Enfermería. CUE San Juan de Dios, Bormujos, Sevilla, España

La llegada del COVID-19 ha puesto nuestro mundo patas arriba. Para todos esto ha supuesto tener que hacer sacrificios, como tener que distanciarnos de nuestros seres queridos para poder evitar que el virus se expandiera y poder mantenernos sanos durante todo este proceso. Para mí, como estudiante de enfermería, esto ha supuesto tener que abandonar el servicio de la UCI de mi hospital dónde estaba realizando mis prácticas de mi último año de formación, el servicio con el que había soñado estar desde que era una niña y decidí que quería dedicarme al cuidado de los demás y en el que he descubierto una verdadera vocación. Durante los últimos días en el servicio se vivieron momentos de incertidumbre con el “qué va a pasar con nosotros”, “cómo vamos a acabar de formarnos”, “cómo nos vamos a graduar”, además de compartir las preocupaciones de los profesionales del servicio sobre las preparaciones que se iban a tener que realizar para garantizar una atención segura.

Cuando finalmente nos quitan del servicio es cuando te das el golpe con la realidad y llega la incredulidad. Cómo algo que parecía que estaba pasando en un lugar tan lejano ha llegado para invadir nuestras vidas obligándonos a tener que dejar todos nuestros planes atrás y luchar contra esta pandemia confinándonos en casa y dejando de ver a nuestros seres queridos. Cómo un virus de tan lejos estaba provocando esto en todo el mundo. Y aún entonces no teníamos ni idea de el alcance que esto iba a llegar a tener. Todos pensamos al principio que esto se pasaría rápido pero no nos pudimos llegar a pensar ese día en que íbamos a estar 2 meses en casa sin salir y sin ver a los tuyos. Además, el caos sanitario por el virus afectó a casa. Mi madre es enfermera en el hospital Virgen del Rocío y ha vivido de primera mano el tener que pasar de poder atender a sus pacientes sin necesidad de tener que llevar puesto una simple mascarilla a tener que consolarlos estando cubierta de pies a cabeza.

El hecho de tener que consolar a un paciente por haber recibido un mal pronóstico teniendo que llevar puesto 2 pares de guantes, una mascarilla, gafas protectoras, gorro y bata te hace sentir mal, porque sientes que no estás arropando a esa persona todo lo bien que tú desearías. Y ya no es solo eso, sino que hemos tenido que modificar cosas tan simples como tener que estar evitando sentarnos muy cerca los unos de los otros, no poder darnos un beso de buenas noches, no comer todos del mismo plato de ensalada e incluso he tenido que dormir en el sofá para que mis padres no tuvieran que compartir cama por lo que pudiera pasar. A todo esto, se suma la gran avalancha de información que recibimos mediante las noticias y las redes sociales. Y no solo información veraz, sino bulos que hacen que el pánico se extienda. Cuando empezó todo esto solo hacía falta un viaje al supermercado de tu pueblo para darte cuenta de como este virus había sembrado el miedo en los ciudadanos en un abrir y cerrar de ojos.

Va pasando el tiempo. Lo que parecía que iba a durar 15 días se extiende y pasan los meses. Conforme avanza esto, todos los días los medios te bombardean con los datos de nuevos casos y de fallecido. No se habla de otra cosa. De repente, algo que parecía que no iba a llegar hasta aquí se convierte en todo tu mundo y en el centro de atención de todo lo que haces. Eres más consciente de lo que tocas, el estornudar en la parte interna del codo ya se ha vuelto algo que forma parte de nosotros y el desinfectar la comida que compras antes de guardarla se ha convertido en un paso más de la rutina de hacer la compra. Es abrumador pensar en que alguien que conoces, alguien que quieres, pueda contagiarse y pasarlo realmente mal. Te puede invadir el miedo, la preocupación, la ansiedad. Conforme pasa el tiempo, esto te afecta psicológicamente. He sentido frustración, enfado, tristeza, miedo.

He tenido días realmente malos en los que parecía que el mundo estaba contra mí y yo no podía hacer nada por evitarlo. Miedo a que mi madre se contagiara en el hospital o que mi padre se contagiara en el trabajo. Miedo a que mi pareja le pasara algo, a mis suegros, a mis amigos. Miedo a que a la familia que te toca y a la familia que se elige esto les pueda pasar factura de alguna manera. Hasta que llega un punto de inflexión, en el que decides intentar buscar algo positivo de todo esto e intentar darle la vuelta a los pensamientos que se han estado apoderando de ti durante todos estos días. Entonces es cuando te das cuenta de la cantidad de cosas que tenías que dabas por sentadas y que ahora echas de menos por no poder hacerlas. Y te das cuenta de que las cosas materiales no importan. Te das cuenta de que en todo este tiempo no echas de menos el sentarte en la terraza de un bar, sino que lo que echas de menos es a la persona con la que compartías ese momento. Las risas, las miradas, el aire de la calle, que el sol te moleste, el ruido de la gente. Te das cuenta de que cosas como un abrazo, un beso o un te quiero al despedirte es algo que dabas por sentado que tendrías siempre y ahora valen mucho más que el oro. Porque cuando te lo quitan es cuando ves todo lo que tenías y lo afortunada que eres por ello.

Si algo he aprendido en este tiempo es a valorar más a las personas que tengo a mi alrededor y como tenemos que decirles a nuestros familiares, a nuestros amigos, a nuestras parejas, lo que los queremos y lo que los apreciamos cara a cara. Quiero pensar que cuando salgamos de esta, las personas serán más consciente de todo lo bueno que les rodea y que sabremos apreciar mucho más a las personas que queremos y que nos quieren en lugar de estar pensando en las cosas materiales que no tenemos. Porque lo verdaderamente importante es ser humano, vivir y poder volver a abrazarnos sin miedo y valorando cada segundo que tenemos para disfrutar de las personas que tenemos a nuestro alrededor.

Cómo citar este documento
Castillo Rodríguez, Sara.  La pandemia que nos enseñó a valorar. Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 10/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=964

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