Mientras el mundo se paraba, yo reencontré la esencia de volver a ser enfermera

“Para poder brillar, hace falta oscuridad”

Isabel Álvarez Pacheco
Enfermera. Unidad de Epidemiología. Distrito Sanitario Huelva-Costa/Condado-Campiña, Huelva, España

Remontándonos a ocho años atrás y hasta hace unos meses desempeñaba mi trabajo como enfermera de Medicina Preventiva y Salud Pública. Me encantaba mi trabajo pero en los últimos tiempos no estaba exento de dificultades,  aunque a veces te resistes hasta tal punto que la vida te echa a empujones de donde no tienes que estar. Tuve que tomar una decisión de esas que intentas evitar a toda costa, pero que al final se vuelve inevitable. Y llegó ese día. Recuerdo mi nota de despedida a los compañeros.

Amo ser enfermera, probablemente podría haber sido lo que hubiera deseado (todo se puede conseguir con constancia), pero estoy segura de que esta profesión me eligió. Durante todos estos años he sido muy feliz en esta unidad, he trabajado y aprendido mucho, pero la vida es movimiento y hay que cerrar ciclos. Comenzarán nuevos caminos, nuevos retos e ilusiones, gracias a cada uno de vosotros porque habéis sido mis maestros.

Y desde entonces hasta este mes de marzo he ido vagando de un lugar a otro sin ilusión, haciéndote multitud de preguntas, cuestionando muchas otras para llegar a la conclusión de que la identidad de una persona va mucho más allá de la profesión. Pero como en todo duelo se necesita tiempo.

De repente surge esta crisis, que parecía que estaba lejos, que no nos iba a tocar y comienza a desaparecer el ruido, las carreras, las amenazas, las competitividades, todas esas cuestiones que nos entorpecen el día a día. Y surge el silencio, ese bendito silencio que te hace sentir desde el interior. Ya casi nada de lo que me preocupaba tiene importancia, el mundo paraliza al ser humano, aunque la primavera sigue, y todo se enrarece, parece de ciencia a ficción, es un mal sueño. Desde mi experiencia de años trabajando  en el control de infección reconozco que al principio me lo tomé con tranquilidad, pero a medida que pasaban los días comencé a ponerme nerviosa. Qué incongruencia, con todo en lo que yo podría ayudar en preventiva y estaba vagando de un sitio a otro, pero ya ese lugar no era mi sitio, necesitaba ser útil, no podía quedarme de brazos cruzados sin aportar mi granito de arena.

Entonces surge la esencia de nuestra profesión: el Ayudar, el Cuidar, y florecen en mí sensaciones que hacía mucho tiempo no sentía. Pedí voluntariamente volver a UCI. Llevaba más de ocho años sin trabajar allí, pero fue como volver a casa, sentir que pertenecías a un equipo, que todos iban a una para poder cuidar a los que más lo necesitaban. Reconozco que apareció el miedo. Después de lo que allí vives te planteas realmente la muerte, palpas la fragilidad del ser humano, la vulnerabilidad. Piensas en tus familiares, surge la contradicción entre lo que sabes que debes hacer y protegerte, salir huyendo y cuidarte para no enfermar. Lo peor que he llevado en esos días han sido los triajes, las personas alejadas de sus familias, la muerte en soledad, la incertidumbre, el miedo. Pero a la vez ha sido la inyección de energía que necesitaba para volver a amar mi profesión y volver a la esencia de cuidar.

Lo que no sabía era que a la vuelta de la esquina me esperaba otra aventura. Me llamaban para que ayudara en epidemiología, volvía a desempeñar un trabajo que me apasiona, ya no iba a estar a pie de cama, vuelvo a estar rodeada de números, números con identidad porque tras cada uno de ellos hay una persona. Y cada vez que contestan al teléfono y le dices “eres negativo” sientes el alivio, sientes la sensación de que cuidas desde otro lado, cuidas de los tuyos, de tus compañeros, de los que van a seguir arriesgándose para poder ofrecer lo mejor de ellos en este caos.

El valor de la vida no podemos cuantificarlo, solo podemos sentirlo, sentir cada detalle, cada mirada, cada olor. El amor por la familia, los amigos, el amor por la especie humana y la naturaleza. Reflexión es lo que nos queda, algunos que ya estábamos despertando a otras conciencias lo vemos más claro, otros volverán a la mirada que tenían antes.

Solo me queda decir que como les pasa a las estrellas, que para poder brillar necesitan un montón de oscuridad, cuando pase esta oscuridad solo espero que la raza humana pueda brillar de otro modo y que seamos capaces de valorar el maravilloso regalo que es la vida.

Agradecida por todos los acontecimientos que me llevaron hasta donde estoy.

Cómo citar este documento
Álvarez Pacheco, Isabel. Mientras el mundo se paraba, yo reencontré la esencia de volver a ser enfermera. Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 02/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=873

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4 comentarios en “Mientras el mundo se paraba, yo reencontré la esencia de volver a ser enfermera

  1. Conozco la historia de cerca. Gracias , y enhorabuena, por haberlo plasmado con esa facilidad y con todo el cariño que sé que tienes a tu profesión.

  2. Querida Isa, como bien dices ese dar tumbos en realidad es crecimiento y madurez.
    La dicotomía entre lo clínico- asistencial y la salud pública sólo la podemos integrar bichos raros que tenemos ambas “pedrás” y no olvidamos que tras los números hay personas, familias y distintas realidades.
    Todo mi cariño y apoyo en todas las etapas que nos queden por vivir.

  3. Yo solo puedo decir que eres un ángel en la tierra y estoy orgulloso de poder ser tu amigo gracias por ser tan humana

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