La segunda piel

“Con el Covid los sanitarios hemos vivido la etapa más dura de nuestra vida laboral pero también hemos podido ser testigos de la época de mayor compañerismo y empatía que podíamos desarrollar”

María Martínez Ferrera
Enfermera. Paritorio. Complejo Asistencial Universitario de León, España.

Cuando alguien te pregunta sobre tu experiencia con el Covid, aún resulta difícil asumir que seguimos inmersos en esta pandemia. La misma que comenzaba en marzo, ese marzo tan raro que marcaría nuestras vidas para siempre. Nos suelen preguntar que si fue duro, que cómo llevábamos eso de ver morir tanta gente, y es verdad que fueron tiempos difíciles y que costaba asimilar. Pero os diré una cosa que digo siempre, no hicimos nada distinto de lo que es nuestro día a día como enfermeras, ya sea trabajar bajo una presión enorme o agarrar la mano de alguien que se está yendo y no tiene a nadie con quien compartir sus últimos momentos. Al enfrentarme a alguna situación desconocida siempre tiro de compañeras veteranas, esas que tienen toda la sabiduría del mundo y hacen fácil lo difícil. Pues resulta que nadie, ni esas que te cuentan en voz alta los días que les quedan para jubilarse habían vivido una pandemia.

Se respiraba miedo, mucho miedo. Por los que cuidabas, y por los que tenías en casa. Pero se respiraba algo más, algo que a día de hoy tampoco sé definir muy bien, era algo que te inspiraba valor y que tus compañeros también respiraban. Nunca he trabajado con tanta dedicación ni con el mismo ímpetu que durante esos meses, ni he sentido de nuevo esa coordinación y esas ganas de tirar los unos de los otros, al fin y al cabo, en esos días muchos de nosotros lo más parecido que teníamos a una familia eran nuestros compañeros de turno. Se vivieron muchas escenas tristes, ver morir a personas que aun tenían mucho que vivir, que su momento no había llegado pero que el Covid decidió que debían partir antes de tiempo. Los profesionales de la salud hemos conocido la muerte de cerca con muchos de nuestros pacientes, pero en la mayoría de los casos la familia y amigos tienen un momento para despedirse, incluso con la persona ya fallecida procuras dejarles ese espacio de intimidad que ayuda un poco a sobrellevar la angustiada situación. Pero con el Covid eso no era posible, sin duda para mi era lo más triste de ver, igual que la culpa que sientes al no poder quedarte aferrada a una mano hasta que la vida se apaga, pero la carga de trabajo y la situación no te lo permitían. Ahora con el tiempo, mirando atrás y haciendo balance de todo lo vivido me vienen recuerdos de lo malo, de todo lo que se perdió y lo duro que era estar siempre a pie del cañón sin permitirnos flaquear, pero, ¿por qué no contar también lo bueno?

Como os digo, mis compañeros fueron familia, fueron la mano que te ayudaba a levantar y te empujaba a seguir. Centrándome en ellos, quiero hablaros de la segunda piel. Creo que todos recordaremos siempre, la sensación de enfundarte un EPI por primera vez. En mi caso, nunca me había puesto un traje de plástico que tapaba cada centímetro de mi cuerpo. Recuerdo que el primer sentimiento fue de angustia, de sentirte atrapado entre tanta capa, pero entre todos los sanitarios surgió una costumbre, en mi opinión maravillosa. Siempre nos vestíamos en parejas, para asegurarnos que tantos tus compañeros como tu misma tuviéramos todo perfectamente cubierto y entráramos protegidos. Acto seguido, agarrábamos un permanente que había de uso comunitario que sólo se utilizaba para un fin: tatuarnos mensajes de apoyo, caritas sonrientes y un sinfín de creaciones que tus compañeras hacían con el objetivo de sacarte una sonrisa y hacerte más llevadero ese turno. Esta segunda piel también era la que tocaban los pacientes, tus manos, tus brazos o incluso la cara, como muestra de cariño al dedicarle unas bonitas palabras a alguien que tenía dolor.

Es probable, que con el Covid los sanitarios hayamos vivido la etapa más dura de nuestra vida laboral pero también creo que hemos podido ser testigos de la época de mayor compañerismo y empatía que podíamos desarrollar. Sólo puedo dedicar a mi gremio, el sanitario, las mejores y más bellas palabras del mundo, porque fueron ellos los que, con un simple rotulador permanente, me hicieron salir adelante una y otra vez.

Cómo citar este documento

Martínez Ferreras, María. La segunda piel. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex]  31/12/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2395

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