La incertidumbre hecha pandemia

“Tenemos que reconocer que nuestras vidas han cambiado; que nosotros hemos cambiado; que la sociedad, la sanidad y el espacio que nos rodea es diferente”

Daniel Villalba Crespo
Enfermero. Departamento de Rehabilitación, Hospital Recoletas Palencia, España.

Poniéndonos en situación, el servicio del hospital al que pertenezco es el servicio de rehabilitación. Por regla general, se antoja un servicio muy cercano, con trato diario con el paciente y en el que se pueden entablar relaciones paciente-profesional muy cercanas. De hecho, son necesarias para el devenir de nuestros tratamientos.

Semanas antes de que “comenzara” la pandemia, nos creíamos que estábamos preparando el escenario para lo que se nos acercaba, sin saber realmente que nos estábamos imaginando la décima parte de lo que se nos venía encima. Escuchábamos las noticias; escuchábamos a los compañeros como nos iban diciendo en que consistía el nuevo virus y como nos podría afectar; analizábamos como adecuar nuestra labor a esta nueva perspectiva, una vez más, sin saber que nos depararía el futuro.

Todo aquello que ni nos imaginábamos acababa de llegar, nuestro servicio cerraba, no se volvería a abrir durante las primeras semanas del confinamiento de marzo y abril y tendríamos que reorganizarnos realizando nuestra labor en diferentes lugares del hospital. Nunca nos imaginamos como este hecho, como ese día, cambiaria nuestro ámbito laboral para siempre.
Este fue el primer hecho que marco el comienzo de algo nuevo, el comienzo de como pasamos de ir a trabajar en algo en lo que llevas años de formación y experiencia, a ir al trabajo solo, sin saber que iba a ocurrir, a una aventura a la que no hubiéramos querido pertenecer nunca. Te empapabas de información, preguntabas a mas no poder y la falta de esa información hacían los días agotadores en pleno afán de encontrar una solución a la que nadie conseguía llegar. Pretendías organizar tu trabajo, organizar tu vida y nada de todo aquello por lo que luchabas diariamente conseguía encontrar un cauce por el que discurrir.

Para cuando finalizó la primera ola, volvimos a nuestro lugar, a dar el servicio para el que estábamos preparados, pero nada era lo mismo. No nos veíamos las caras, no podíamos respirar por culpa de las mascarillas, las pantallas o gafas… teníamos que pasar largas horas con un EPI que hacía prácticamente inhumana una jornada laboral. Nuestro trato, a menudo muy cercano, se veía distanciado por el miedo (muchas veces de los pacientes y otras veces nuestro propio). Vimos como algo que simplemente salía en las noticias a principio de año se había convertido en nuestra nueva realidad y teníamos que adecuarnos a ella. Nadie dijo que eso fuera fácil. Ya sabíamos un poco en que consistía todo y veíamos como no presagiaba nada bueno. La incertidumbre había marcado nuestros días hasta entonces, pero no sabíamos que se iba a convertir en la nota dominante de nuestras vidas a partir de ese momento. No sabíamos hasta donde iba a llegar la capacidad para afrontar nuestros días y la esperanza se iba mermando con los datos que arrojaba la pandemia en nuestro país. Nuestra práctica clínica, nos hacía diariamente enfrentarnos a preguntas que se nos realizaban como sanitarios acerca del desenlace de la pandemia, el cual veíamos muy lejos, pero no sabíamos el alcance al que llegaría. Estábamos planteándonos diariamente preguntas que no sabíamos responder. La ansiedad y el miedo a lo desconocido calaba profundamente nuestro entorno y no podíamos consentir como un servicio que a priori necesita transmitir confianza y “buenrollismo” se veía nublado por toda esa situación que acontecíamos.

Llegó un momento que como grupo, como servicio nos reunimos. En ese punto, llegamos a la conclusión de la importancia humana que tenemos y que debemos transmitir. Decidimos, una vez que teníamos la parte profesional y clínica encauzada, ponerle una solución a esa practica humana y cercana que nos debe identificar como sanitarios.

A partir de ese momento, comenzó el gran aprendizaje que nos iba a “regalar” esta situación. Aprendimos a vivir día a día, a disfrutar esos momentos que, lo que era nuestra profesión antes de la pandemia, nos regalaba y a quedarnos con ello. Esa incertidumbre poco a poco se fue convirtiendo en esperanza y esa esperanza en la capacidad de mirar hacia adelante, pero no a medio y largo plazo, sino a ser capaces de vivir diariamente con las ganas suficientes como para afrontar una situación de este tipo.

Tras sufrir numerosas olas, vimos como poco a poco, psicológicamente estábamos preparados para todo y como tal vez, en la mayoría de los casos, estaríamos dispuestos a lo que hiciera falta con tal de frenar esa situación que había puesto en jaque nuestras vidas. Tenemos que reconocer que nuestras vidas han cambiado; que nosotros hemos cambiado; que la sociedad, la sanidad y el espacio que nos rodea es diferente, pero que hemos sabido adaptarnos y funcionar como grupo ante las adversidades. Hemos sabido mantener la esencia de lo que considerábamos nuestro servicio, aunque hoy en día sea completamente distinto a lo que fue en su día. Hemos conseguido aprender, adecuarnos y mirar hacia adelanta en ese horizonte incierto en el que nos encontramos y eso es lo que personal y profesionalmente más nos ha hecho crecer.

La mayor reflexión a la que puedo llegar y que me está aportando esta pandemia que vivimos, es que todo puede cambiar de un día para otro y que, pensar en el futuro a largo plazo puede hacernos perder momentos claves del presente. Buscar mantener la esencia de nuestro trabajo y llevarlo a cabo de la manera mas profesional y humana posible es algo que solo las situaciones extremas nos pueden llevar a hacer. Y tras haber vivido una muy grande, vemos como hemos evolucionado como profesionales y como personas.

Cómo citar este documento

 Villalba Crespo, Daniel. La incertidumbre hecha pandemia. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 27/12/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2382

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