Somos increíbles

“No entendía por qué nos habían echado de las prácticas si nos necesitaban”

Ana Setas Baile
Enfermera. Servicio de Ginecología y Obstetricia. Complejo Asistencial Universitario de León, España.

Hoy, 27 de diciembre de 2021, por fin me atrevo a compartir con todas vosotras lo que la Pandemia Covid – 19 ha supuesto para mí. Y es que he pasado por muchas fases: miedo, tristeza, cansancio, agobio, soledad, impotencia…, pero con las palabras con las que más me identifico a estas alturas son SUPERACIÓN y ORGULLO.

Para mí todo empezó en febrero de 2020, yo estaba en Cuarto Año del Grado de Enfermería haciendo mis prácticas en el Servicio de Urgencias del Hospital Ramón y Cajal (Madrid). Me acuerdo que empezaron a llegar los primeros casos de neumonía de origen desconocido, poco después el primer caso de Covid – 19. Yo hablaba con las enfermeras de allí y recuerdo que estaban asustadas por lo que se nos venía encima. Yo en ese momento no entendía muy bien por qué estaban tan asustadas, no sé si por la edad o la poca experiencia que tenía, pero cuando recibí la llamada… ahí empecé a darme cuenta de que era algo serio.

Al poco de empezar el mes de marzo mis compañeras y yo recibimos una llamada de la Universidad de Alcalá, ¡SE SUSPENDÍAN LAS PRÁCTICAS! Creo que fue entonces cuando vimos la realidad de la situación y decidimos reunirnos en la cafetería, y menos mal que lo hicimos, porque esa fue la última vez que estuvimos todas juntas.

Estuve en casa 2 – 3 semanas aproximadamente, viendo las noticias, los contagios, las muertes… y la saturación de los Hospitales. No entendía por qué nos habían echado de las prácticas si nos necesitaban, entonces volví a hablar con las enfermeras, estaban muy cansadas, sin material, con miedo por su familia… y todas me dijeron que ni se me ocurriera ir allí, que era como una guerra.

El 25 de marzo recibí una llamada del Hospital Príncipe de Asturias (Alcalá, Madrid), estaban saturados, necesitaban estudiantes para ayudarles, no podían más. Ante esa situación, y a pesar de lo que me habían dicho, decidí ir para allí. Al día siguiente ya estaba trabajando, mi primer trabajo, mi función fue de Apoyo Enfermero.

Aún recuerdo mi primer día, fue HORRIBLE. El caos, gente por todas partes, el agobio de la mascarilla, las gafas que no paraban de empañarse y no veía nada, la impotencia… Vamos, al final del día tuve claro que no iba a volver, que renunciaba, que no era para mí. Pero entonces las vi, a las enfermeras, mis compañeras, preparándose para irse a casa, se detuvieron, me miraron y me dieron las gracias, por estar ahí, por ayudarles.

No sé muy bien cómo, pero al día siguiente volví, y al siguiente, y al siguiente… Aprendí tanto, pero TANTO. No sólo a nivel de técnicas (que es lo de menos), si no a nivel humano, el compañerismo, el apoyo… Les debo mucho a esas enfermeras, y desde aquí quiero darles las GRACIAS.

Tras la despedida mis andanzas continuaron, esta vez me dieron un contrato, ya como enfermera (sí, me gradué durante la Pandemia), en Atención Primaria.
Los primeros tres meses estuve sustituyendo a enfermeras, tenía mi propio cupo y fue una experiencia como la que puede tener cualquier enfermera recién graduada.
Un día, hablando con un enfermero de allí surgió el tema del EIR y le comenté que en noviembre de 2019 yo me había apuntado a una academia para preparármelo pero que con la Pandemia empecé a trabajar mientras acababa la carrera y que lo dejé. Pero él no contento con ello me motivó de tal manera que decidí volver a empezar a prepararme el EIR, lo que fue una auténtica LOCURA. ENFERMERA RECIÉN GRADUADA + PANDEMIA + EIR = AUTÉNTICA LOCURA.

Cuando terminó mi contrato en ese Centro de Salud me dieron ese otro tan famoso que se ha puesto mucho de moda: Contrato Covid. Pero no todo son malas noticias, el Centro de Salud al que me destinaron estaba a 30 minutos de mi casa, lo que me hizo muy muy feliz.

A partir del 1 de octubre empezaron los 9 meses más largos de mi vida. Estuve única y exclusivamente realizando pruebas PCR y Test de Antígenos desde las 9 de la mañana hasta las 14 de la tarde. Fue duro, muy duro. No me gusta nada la monotonía, por eso me hice enfermera, porque cada día es distinto y no sabes qué te puedes encontrar. Pero allí no, todos los días lo mismo, a lo mejor cambiaba el hecho de que había días con muchos niños por un contacto en la guardería, o empezaban a contarte historias sobre cómo se contagiaron un tanto extrañas, te intentaban engañar para no aislarles… pero bueno, eso es otra historia. La técnica era todo el rato la misma, incluso llegué a tener tendinitis en el hombro, eso sí, nunca dejé de trabajar ni un solo día.

A estas alturas de la historia debo recordar el EIR, por las mañanas trabajaba y por las tardes iba a clases, estudiaba, hacía simulacros… Y os preguntareis, ¿cuándo desconectaba? Bien pues eso se lo tengo que agradecer a la celadora y a la señora de la limpieza del Centro de Salud, Camelia y Pepi. Todas las mañanas, entre las analíticas y las pruebas PCR desayunábamos juntas, nos echábamos unas risas, nos contábamos nuestras cosas, era mi momento favorito del día, GRACIAS chicas.

Poco a poco fue llegando la temida fecha del EIR, 27 de marzo. Recuerdo estar muy agobiada (supongo que muchas me entenderéis), no sólo por lo importante que es ese examen si no por las vacaciones, necesitaba tiempo para descansar, repasar y llegar bien al examen. A muchas de mis compañeras les habían denegado las vacaciones por necesidades del servicio y yo pensaba que iba por el mismo camino, pero me equivoqué.

Me equivoqué, y estoy tan, pero tan contenta de haberlo hecho… Cuando llegó febrero la Directora de Enfermería del Centro de Salud y todas las enfermeras se organizaron de tal manera que pude cogerme las dos semanas previas de vacaciones, DOS SEMANAS, no me lo pude creer. Y de nuevo, GRACIAS a todas.

Tras el descanso y el examen (que menudo examen hay que añadir) volví a la monotonía, pero por lo menos ya no tenía que estudiar asique aproveché y decidí ocupar mis tardes con otra tarea, adivináis cuál… VACUNAR. Otra experiencia que no olvidaré, ya que los compañeros del 112 me enseñaron muchísimas cosas muy interesantes.

En junio llegó la temida noticia, mi plaza EIR. Ese día es inolvidable, después de tanto esfuerzo conseguí lo que siempre había querido: Enfermería Obstétrico – Ginecológica, en León, ¡voy a ser matrona! Qué contenta llegué al Centro de Salud, el esfuerzo de todos había merecido la pena, qué felicidad y qué triste fue la despedida.

Actualmente soy R1 en el CAULE, estoy cumpliendo un sueño. Puede que no sea en las mejores condiciones, debido al Covid, pero lo estoy disfrutando mucho.
Durante lo que llevamos de la Pandemia esto es lo que he aprendido, que no importa lo que pase, cómo te encuentres, cómo sean las condiciones de trabajo… lo importante son los COMPAÑEROS, las personas con las que trabajamos todos los días y las que en este último año han sido nuestra única fuente de relaciones sociales (o al menos la mía).
Desde luego yo tengo claro que sin mis compañeras, sus enseñanzas, su motivación, su apoyo, su tiempo, su fuerza, su energía… yo no habría llegado a donde estoy ahora, porque sí, soy una enfermera que trabajó antes de terminar la carrera, se graduó en 2020 y en 2021 ha comenzado su Residencia.
SÓLO PUEDO DECIR GRACIAS A TODAS Y CADA UNA DE VOSOTRAS, SOMOS INCREÍBLES.

Cómo citar este documento

 Setas Baile, Ana. Somos increíbles.  Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 27/12/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2379

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