¿Dónde quedó la empatía?

“Me confecciono un traje con los sacos, me pongo un gorro de ducha, unos guantes y unas gafas de piscina. Me miro al espejo en ese momento y solo quiero llorar”

Cristina Suárez Fraga
Fisioterapia. ECOM, España.

No hay duda que en marzo de 2019 se dio un vuelco a nivel mundial, y evidentemente a nivel sanitario todo se desplomo bajo nuestros pies, nuestra forma de trabajar, nuestra forma de abordar terapéuticamente, nuestra forma de relacionarnos con nuestros pacientes, con nuestros compañeros…

Llevo cerca de 20 años trabajando como fisioterapeuta y osteópata Y en nuestra profesión tenemos un trato muy cercano con los pacientes. Durante esta pandemia he tenido un par de momentos cruciales que hicieron modificar mi experiencia hasta el momento: uno me descentro y otro volvió a centrar mi atención. Y ambos me removieron mucho a nivel profesional.

La primera bofetada a nivel profesional (y también personal) fue el 13 de marzo. Por un lado, estaba dando clase en la Universidad de Fisioterapia en Ponferrada, en León se negaban a suspender las clases, mientras que, por otro lado, ese día, había decidido cerrar mi clínica privada en Galicia a pesar de las consecuencias económicas devastadoras para mi negocio. Al día siguiente nuestro colegio profesional respaldo la decisión del cierre hasta ver la evolución de la pandemia. Y esto me reconforto en parte. Pese al cierre decidí reponerme y reinventarme poniéndome a disposición de los pacientes de forma telefónicas y en las redes sociales, aconsejarles, mandarles recomendaciones, grabar videos de ejercicios…pero ¿qué descentro mi perspectiva? A los pocos días de cerrar, cuando todo es muy convulso y confuso, recibo la llamada de una paciente que acababa de ser madre para consultarme por su bebe prematuro que esta con una infección respiratoria, le doy unas indicaciones sobre fisioterapia respiratoria infantil y le indico que se ponga en contacto con su pediatra.

Al poco me vuelve a llamar y me comenta que el pediatra le dice que tiene que hacer fisioterapia respiratoria para evitar un ingreso, ante lo cual mi conciencia no me permite negarme a la vez que me invaden sentimientos de miedo, ¿Cómo voy hacer fisioterapia respiratoria sin los medios adecuados, sin poder asegurar su seguridad y la mía? Ya que, es imposible, en esos momentos conseguir un epi completo Le pregunto si, por lo menos tiene una mascarilla para ella, a lo cual me responde que sí y entones le digo que en un par de horas la atiendo, a ella sola y al bebe. Me voy al supermercado y compro sacos grandes de basura. Llego a la consulta con mi mascarilla, me confecciono un traje con los sacos, me pongo un gorro de ducha, unos guantes y unas gafas de piscina…me miro al espejo en ese momento y solo quiero llorar…pero suena el timbre, llega esa pequeña y me olvido de mí y pienso en mi paciente. Le hago la entrevista a la madre, observo al bebe, ausculto y encuentro tiraje y ruidos respiratorios que no me gustan, le pregunto a la madre ¿qué te ha dicho el pediatra de la auscultación? Me mira y me dice: “no, no, no, el pediatra no nos ha recibido, ha sido todo telefónico, que nos dice que no nos puede atender presencialmente”, una vez que me repongo mentalmente y me centro en hacer el tratamiento. Cuando termino, la cito en dos días para revisión, me despido y cierro la puerta empiezan a caer lágrimas de impotencia, de rabia, me siento totalmente absurda y desconcertada porque no entiendo al compañero que me deriva al paciente sin haber realizado una valoración que indique que la prescripción es adecuada. A partir de ahí decidí empezar a ver urgencias, por mi compromiso con la profesión, con mi actividad asistencial y con mi propia moral.

Poco después volvimos a abrir el centro con un protocolo muy estricto, con mucho trabajo para nosotros y con la premisa de que solo podría entrar un acompañante por paciente en el caso de bebes y personas dependientes. Así seguimos bastante tiempo hasta que el comentario de una paciente volvió a centrar mi eje de atención y me hizo recapacitar y remover mi empatía con las familias, que son una parte importante en una clínica que se dedica a la fisioterapia pediatría. Estaba un día tratando a una embarazada que me dice: “de tarde vamos a una consulta privada para que el futuro papi pueda ver al bebe” ese momento volvió a conectarme y centrarme con la visión personal del tratamiento y replantearme la atención y la empatía con la que estaba tratando a las familias. Me di cuenta que no estaba viendo el cuadro completo como hacía antes de este maldito virus. Desde ese día decidí que cuando venía a consulta un bebe podrían acompañarlo ambos progenitores, pues ambos deben de estar implicados en el cuidado del bebe. Recuperé mi empatía, me recuperé como profesional sanitario y volví a recuperar uno de mis principios profesionales de cara a una atención sanitaria holística.

Gracias a todos los compañeros y compañeras, a todos los y las pacientes y a todas las experiencias que me han hecho volver a centrar mi atención.

Cómo citar este documento

Suárez Fraga, Cristina. ¿Dónde quedó la empatía?  Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 16/12/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2366

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