Entre aplausos y aplausos

“Lo que se ha vivido en los hospitales ha sido una pesadilla difícil de borrar de la mente”

Esther López Vílchez
Enfermera. Hospital San Juan de la Cruz, España.

Cuando las personas de tu entorno te dicen que la vida les ha cambiado por no poder salir como lo hacían antes, tú piensas, si vosotros supierais como nos ha cambiado la vida a los que trabajamos en un hospital con pacientes de Covid 19…Lo que hemos vivido dentro de los hospitales ha sido y sigue siendo una pesadilla difícil de borrar de nuestras mentes.

Todo comenzó en marzo de 2020, cuando un virus desconocido arrasó por todo el mundo. Una pandemia mundial que nos iba a afectar física y psicológicamente y que iba a cambiar nuestra forma de vivir, de actuar, e incluso de trabajar, sobre todo en el ámbito sanitario.

En el hospital donde trabajaba en la primera ola de esta pandemia, todo se vino patas arriba. Yo me encontraba trabajando en la UCI de este hospital, y cuando ingresó nuestro primer paciente Covid +, el miedo y la incertidumbre se apoderó de nosotros. Tuvimos que cambiar nuestra forma de trabajar, e incluso nuestros uniformes, ahora llevaríamos puestos unos monos, o en su defecto bolsas de basura, ya que no siempre disponíamos del material necesario, unas mascarillas con las que era difícil respirar, doble guante para evitar el contacto con el paciente y unas gafas de protección que se empañaban al instante de ponerlas en nuestros ojos. Ya no llevábamos nuestra cabeza al descubierto, sino que usaríamos unos gorros para cubrir y proteger nuestro pelo y por supuesto, nada de maquillaje ni joyas, ni uñas pintadas…

Los problemas con la falta de material y EPIS en los hospitales, hicieron que la gente se volcara con nosotros y se pusieran en sus casas manos a la obra, elaborando desde pantallas de protección, a batas y gorros… Además, cada tarde a las 20h, todo el mundo salía a sus ventanas y balcones a aplaudir, dando las gracias a los sanitarios por nuestra labor en aquella pandemia. Aún recuerdo ese primer aplauso un sábado por la noche, en el que las caras de los vecinos lo decían todo, había miedo, incertidumbre, dudas… Tras ese primer aplauso, un silencio profundo invadía todo el vecindario, unos balcones más llenos de gente que nunca y un silencio desgarrador, que hace que se me erice la piel solo de recordarlo.

Desde las ventanas de UCI, cada tarde a las 20h, salíamos a agradecer a la gente que con aplausos nos recibían, y entre aplausos y aplausos, alguna lágrima se escapaba…Todo esto hizo que entre los compañeros tuviéramos una conexión especial, ya no éramos solo compañeros, nos considerábamos una segunda familia, no solo por el tiempo que pasábamos juntos, sino por todo lo que estábamos viviendo y los sentimientos que aquello nos provocaba. Algunos de nosotros decidimos abandonar nuestros hogares, separarnos de nuestra familia, teníamos miedo de poder contagiarlos de este maldito virus. Nadie que no lo haya vivido se puede imaginar los momentos tan duros que pudimos pasar… Teníamos turnos agotadores tanto física como psicológicamente, y al llegar a casa, nadie te esperaba solo el silencio y el vacío de un piso alejado de los tuyos, desconocido para ti, en el que las noches se hacían interminables sin poder dormir.

Fueron meses muy duros, tanto fuera como dentro de los hospitales. Pero como todo en la vida, pasa y se olvida para algunas personas… A finales de mayo comenzó una desescalada de esta cuarentena que vivimos, la gente empezó a salir a la calle y a relacionarse, algunos con miedo, otros con no tanto. Acabaron los aplausos y los agradecimientos para los sanitarios, ya no éramos los héroes que tenía todo el mundo en mente. Para algunos la pesadilla que vivimos, ya no era para tanto. Los que habíamos abandonado nuestros hogares decidimos volver con nuestras familias, aunque con miedo y siempre mucha precaución, con rituales de limpieza y desinfección cada vez que volvíamos del turno. Aquel día de regreso a casa, fue un día inolvidable, feliz, con un pellizco en el estómago y esperanzas para que todo terminase pronto.
Tras estos 4 meses largos e intensos trabajando en una UCI con turnos interminables, terminó mi contrato. Me ofrecieron otro contrato en un hospital más cerca de casa, el cual acepté. El servicio donde trabajaría seria Medicina Interna, aunque en pandemia poco de medicina interna había, sería “Planta Covid”. El verano fue tranquilo, no tuvimos positivos en planta, veíamos como la gente se desplazaba y se iba a las playas sin precaución alguna, y nosotros mientras, en el hospital, expectantes porque nos podíamos imaginar lo que se venía encima… Llegó como era de esperar, la segunda ola, y tras esa, unas cuantas más.

La organización de la planta era y es extraordinaria, se trabaja en equipo y la relación entre compañeros es exquisita, somos una piña, eso hace que los largos turnos, se lleven de una forma más amena y que los duros momentos que vivimos en múltiples ocasiones, sean menos duros gracias a ellos. El trabajo en planta es muy diferente al de una UCI, ya que los pacientes no están sedados y puedes interactuar con ellos, te cuentan sus vivencias, sus miedos y te trasmiten tantos sentimientos que es difícil que no te afloren a ti también. Muchos de estos pacientes, mayores en su mayoría, se encuentran solos, somos su único consuelo, su única esperanza, eso nos hace coger fuerzas de donde ya no quedan, sacar una sonrisa por debajo de la mascarilla y cuidarlos como mejor sabemos. Es difícil de trasmitir por escrito tantos sentimientos encontrados, qué alegría cuando alguien se va de alta a casa, entre aplausos y nuestros buenos deseos, y qué rabia, tristeza y dolor cuando alguien fallece o lo trasladamos a UCI.

En diciembre, llegó por Navidad, un rayito de luz y esperanza, la ansiada VACUNA, el día 20 de enero, la mayoría de los profesionales que trabajaban en mi servicio, estábamos vacunados con la pauta completa, y tras eso comenzaron una vacunación masiva sin descanso, siempre y cuando hubiera vacunas suficientes. Comenzaron por la población más anciana, llegando a verano con los más jóvenes. Un porcentaje muy elevado de la población se encuentra vacunada con ambas dosis, lo que nos crea tranquilidad y una pequeña tregua en los hospitales, digo pequeña porque la incidencia de ingresos sigue siendo elevada, la mayoría de gente que ha decidido no vacunarse, bien por miedo a los efectos que la vacuna les pueda acarrear, o bien porque niegan la existencia de un virus altamente contagioso y mortal. Mientras unos rechazan la vacuna, otros esperamos una tercera dosis que aún no sabemos si llegará para todo el mundo o sólo para una parte de la población con factores de riesgo, lo importante es crear la inmunidad completa y hacer las cosas lo mejor posible y siguiendo las recomendaciones, ya que en los hospitales estamos cada día más cansados y la forma de trabajar con los EPIS es agotador.

Por todo ello, por volver a nuestras vidas, a nuestra forma de trabajar, por volver a viajar y a cumplir nuestros sueños…VACUNEMOSNOS.

Cómo citar este documento

López Vílchez, Esther. Entre aplausos y aplausos.  Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 12/09/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2319
 

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