2021, año de cambios entre olas

“El COVID me ha enseñado a mirar a los pacientes de otra forma”

Ana Ruiz Ocaña
Enfermera. Hospital San Juan de la Cruz, España.

Y en las puertas de septiembre frente a la vuelta al cole, se presenta la vuelta al recuerdo de la vacunación. Esta tercera dosis aún está pendiente de concretar en día y hora, ya que en cada jornada se abren nuevos frentes con los que lidiar, como son los rebrotes en las residencias geriátricas, las embarazadas, la necesidad de vacunar a los más jóvenes, en los países más desfavorecidos, o a los inmunodeprimidos. Dichos frentes se plantean sin ninguna justificación, motivo ni explicación, que por supuesto que la tendrán, pero convierte en aún más lejana e incierta nuestra cita, además de transmitir una evidente desconfianza e inseguridad en los profesionales y en la población. Pese a ello, debemos de seguir confiando en la inmunización de grupo sin sentirnos “conejillos de indias´´, cerrar los ojos y cruzar los dedos, hasta que sea una cita más incluida en el calendario de vacunación de cada comunidad autónoma, que haya sido sometida a un mayor número de pruebas rigurosas a lo largo de las distintas fases de los ensayos clínicos, de tal forma que nos aportará una evidencia científica, y tendremos algún motivo más por el que confiar en esta inmunidad.

Inmersos en noticias que se hacen portada como el viaje de fin de estudios a Mallorca o a aprender idiomas a Malta, esos alumnos confinados en un hotel, o la vuelta de los jóvenes de sus vacaciones y viajes para ponerse la segunda dosis de su vacuna a la que se prevee que algunos no acudirán… la mayoría de nosotros vemos las noticias en el estar de enfermería de la planta o desde casa, viendo la playa en la distancia que no es donde mejor se ve, pero sí donde más seguro se está, aunque en el punto en el que estamos, seguridad no hay en ningún sitio. Pero de verdad, ¿no hemos aprendido nada en todo este tiempo? Claramente existe una relajación en las medidas, una pérdida en el miedo al contagio del virus y un agotamiento excesivo frente a los límites que el Sars-Cov 2 está poniendo en nuestras vidas; pero estos límites son para toda la población, sin exclusión alguna de sexo, raza o edad, ya que todos somos susceptibles de contagio de este virus, con más o menos sintomatología o probabilidades de ingreso hospitalario, lo importante es detener e impedir la transmisión de este virus entre toda la población, ya cansada de vivir con limitaciones. No obstante, este cansancio, hartura o fastidio no concede el derecho a omitir las nuevas normas y a olvidar las restricciones que esta pandemia nos ha traído.

Sin ninguna duda, todos estamos cansados de vivir con estas circunstancias, tanto los trabajadores como los pacientes. Los trabajadores se encuentran agotados de trabajar con el famoso EPI, de desinfectar sobre desinfectado, de las lesiones cutáneas provocadas por las mascarillas o las pantallas; pero no por ello dejamos de ponérnoslas, ni damos lugar a que nadie nos recuerde que nos la coloquemos, ya que cada uno es responsable del estado de su salud y del cumplimiento de las normas. Y los segundos, los pacientes, además de agotados, también los más afectados por las consecuencias de la pandemia, experimentando una sensación de abandono por parte de la sanidad pública; en su mayoría se trata de una población cansada, ya no tan benévola como en los primeras olas y tiempos de pandemia. Manifiestan estar descontentos frente a la nueva modalidad de consultas telefónicas, de escuchar siempre el mismo motivo de anulación de su cita mientras que en los medios expresan que la situación está mejor, que las tasas de incidencia acumulada suben en algunos lugares concretos tras las fiestas patronales pero los hospitales no están colapsados, y que por lo tanto, se les explique cuál es el motivo real por el que otra vez más se vuelve a posponer su citación o porqué hay tanto retraso en su revisión.

De esta forma nos damos cuenta de que hemos retrocedido en el tiempo hacia la despersonalización de los cuidados, aquello que llevamos años para alcanzarlo en una pandemia se ha derruido; y es que, hay situaciones que se pueden atender por teléfono o situaciones que pueden dejarse para atender después, pero esta prolongación en el tiempo tan extensa no puede hacerse eterna. Existen patologías crónicas que precisan ser revisadas, tanto su tratamiento como su evolución, y que se necesita la realización de pruebas diagnósticas, de tal forma que se hace imprescindible la asistencia del paciente al centro sanitario. Asimismo, además de realizar las pruebas diagnósticas, es necesario realizar una educación sanitaria a estos pacientes, y realizarla de manera presencial resulta muy productivo y beneficioso para su salud, ya que se manejan técnicas y procedimientos específicos sustentados en las evidencias científicas. Concretamente, en neumología, el ejemplo más claro es comprobar la administración de un tratamiento inhalador, el manejo correcto de sus medicaciones de rescate en agudizaciones, controlar los dispositivos de oxigenoterapia y terapias respiratorias o el edema de sus piernas, datos que por teléfono no se ven. Estos, y todos los pacientes, se merecen una atención impecable, fomentando su bienestar y controlando sus agudizaciones, sin inquietudes ni sentimientos de abandono por parte de la sanidad pública, ya que los sanitarios estamos aquí, y aquí seguimos para tratar de que los cambios, a veces necesarios, se realicen de la forma más fácil y con las menores dificultades para los pacientes, pero cuando los cambios son necesarios y obligatorios, las dificultades se hacen más agresivas. Yo, como enfermera de consultas de mi hospital, doy las gracias a los paciente por su paciencia, estar y comprensión. Y a los que no la han tenido, ya que motivos les han sobrado para perderla. Soy consciente del deterioro paulatino de la salud de los pacientes y de la sensación tan desesperante a la que se enfrentan en el momento que pierden el control sobre su enfermedad. Por ello nos comprometemos tanto profesional como personalmente a mejorar la situación que actualmente soportan, trabajando con las mismas ganas que al inicio de esta pandemia allá por el 2020.

El Sars-cov 2 me ha enseñado a mirar a los pacientes de otra forma, con humanidad y con más empatía, a dar de mí lo mejor día a día, a comprometerme incluso más en mi quehacer diario, en brindar cuidados con la misma pasión y entrega con la que me gustaría que se me tratara a mí o a mi entorno familiar y a facilitarle el camino hacia la mejora de la salud de todos los pacientes que coincidan en mi camino a lo largo de mi carrera profesional como enfermera.

Cómo citar este documento

Ruiz Ocaña, Ana. 2021, años de cambios entre olas.  Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 04/09/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2314

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