Cualquier tiempo pasado fue mejor

“Los sueños de mucha gente se han derrumbado, un parón en los estudios, un parón en el trabajo, y mucha inquietud, desesperanza”

Gloria Vázquez González
Enfermera, Hospital Virgen Macarena. Sevilla

Nos situamos en Europa, en el año 2021 y en el siglo XXI. Concretando aún más, estamos en España y dentro de esta, nos situamos en Sevilla, perteneciente a la región de Andalucía.

Y, ¿por qué es tan importante la localización? Porque habitamos en Occidente, tierra de grandes avances y progresos en diversidad de ámbitos, y nadie, nadie podría haber pensado a principios del año pasado la tragedia que llegaría a nosotros sobre el mes de marzo. Sí, tragedia, desgracia, desastre, adversidad o drama, da igual, cualquiera de estas nociones no habría descrito con la precisión necesaria la situación que nos había tocado vivir.

Previo a nuestro encuentro directo con la cruel realidad, ya teníamos noticias de la misma en los informativos de todo el mundo, ya que, en China, estaba teniendo lugar una epidemia con elevada mortandad y un confinamiento de parte de su población. Pero esta verdad se percibía lejana, a Europa no llegaba esta infección, nuestros adelantos y modernidad podrían con todo. ¡Bendita incredulidad! Pero llegó, y de qué manera.

Nos situamos en el mes de marzo del año 2020, ahí comenzó todo. En España, el gobierno decretó el Estado de Alarma el día 14 de dicho mes, permaneciendo entre nosotros hasta el día 21 de junio, con una duración de más de 90 días. A lo largo de todo ese tiempo hemos estado inmersos, y continuamos en ello, en una pandemia originada por un coronavirus, la denominada COVID-19.

Hasta el momento presente ha habido muchos fallecimientos y un elevado número de contagios. Al igual que todas las patologías existentes, este “bichito” ha tenido elegida a su población de riesgo, y como tal, ha dado lugar a una gran letalidad en determinados grupos de población, como, por ejemplo, la gente de edad avanzada o aquella con patologías previas. Al escribir esto, se me viene a la mente esa pregunta continuada que nos hacíamos todos los sujetos, de cualquier condición social o económica, al tener conocimiento de cada uno de los fallecimientos, la cuestión era: ¿y tenía patologías previas? Realmente, el saber o conocer que la persona que había muerto ya previamente tenía enfermedades varias, aunque sea duro decirlo, pero si se contestaba positivamente a tal interrogante, ello te provocaba cierto “alivio”, porque era impensable que en el siglo que estamos alguien pudiera morir por una pandemia en Occidente. Por tanto, si la persona tenía patologías previas, la causa de su muerte siempre se relacionaría directamente con estas, la infección del coronavirus solo era una circunstancia que habría acelerado ese triste final.

Actualmente vivimos intentando protegernos de la COVID-19. Las acciones más importantes en este momento para hacerle frente son la prevención, mediante la puesta en práctica de medidas higiénico-sanitarias, y la vacunación. Ahora, en estos momentos, que estamos incorporándonos de nuevo a nuestra vida cotidiana, aunque de una manera irregular y con limitaciones todavía, debe primar la responsabilidad de cada sujeto, para evitar que el mundo se frene nuevamente.

A lo largo de este último año han ocurrido muchas cosas, buenas, malas, sorprendentes o novedosas, independientemente del drama vivido. Yo soy profesional de la salud, concretamente enfermera asistencial, y he vivido algunas experiencias muy directamente relacionadas con esta pandemia. Mediante un recordatorio de las situaciones vividas, pretendo advertir las posibles transformaciones que hayan podido ocurrir en la actividad asistencial hospitalaria en este tiempo de pandemia. Esas modificaciones integrarán desde los cambios acaecidos en los procedimientos, la adquisición de nuevas formas de trabajo, las estrategias de acción ante momentos de incertidumbre, ante el estrés o ante el riesgo desconocido.

Mi actividad se desarrolla en la planta quinta, el Ala B, que forma parte de la Unidad de Gestión Clínica de Medicina Interna, en el Hospital Universitario Virgen Macarena. Dicha planta es la referente para la atención de pacientes con la COVID-19 en este hospital, aunque en la época de mayor incidencia de ingresos, hizo falta habilitar otras zonas del hospital.

Esta área del hospital, mi lugar de trabajo, contaba con trece habitaciones para la hospitalización de enfermos (hablo en pasado porque en el verano del año 2020 se realizaron obras con una nueva distribución de espacios) con un total de veintisiete pacientes ingresados. Durante la pandemia, en los días donde ha habido más ingresos hospitalarios, en la planta han permanecido hasta un máximo de veintidós enfermos, ya que en las habitaciones donde se encontraban ubicadas tres camas, solamente se han ocupado dos de ellas, para una mejor atención de estos pacientes.

Al hablar de la distribución de los hospitalizados, tanto en situación normal como durante la crisis sanitaria del coronavirus, se hace necesario expresar un pensamiento, un recuerdo que ronda mi cabeza constantemente, es el siguiente: “siento añoranza por mis pacientes de siempre, por la vida anterior a esta situación, nuestra planta ha cambiado. Allá por el día 28 de febrero del año pasado recuerdo la imagen de la planta prácticamente vacía, solamente la mitad de la misma estaba ocupada por pacientes de nuestra especialidad, la medicina interna. Yo estaba trabajando de noche ese viernes. Vemos pasar por delante al Cristo de la Sentencia, de la Hermandad de la Macarena. Pienso que fue como una advertencia, tal vez, de lo que estaba por venir. Bueno, ya habíamos tenido algún caso, uno o dos, no recuerdo bien, pero estoy segura de que uno de estos primeros pacientes fue una mujer que se contagió en Hipercor, allí trabajaba ella, voy a llamarla Julia. Volviendo nuevamente al Vía Crucis del Cristo de la Sentencia, tengo que decir que aún veo la cera en el suelo, al cruzar la calle por donde pasó el Cristo, rodeando el hospital, que nada hasta el momento ha conseguido eliminar, será posiblemente porque era lo único que íbamos a respirar de la Semana Santa en ese año y en el presente también. Siguiendo con el tema cofrade, no deja de ser significativo que la imagen que presidió el Vía Crucis de las Cofradías en el año 2020, justamente tres días después del acto descrito anteriormente, fuera la populosa imagen titular de la Hermandad de los Gitanos, cuya advocación es Salud, un estado tan deseado y necesario a lo largo de la época tan anómala que está transcurriendo”.

Antes de decretarse el Estado de Alarma ya teníamos algunos pacientes. “Eran casos posibles porque habían estado en zonas de riesgo. Recuerdo aquel joven que pasó el fin de semana en Madrid, aquella mujer colombiana que llegó de Torremolinos o el señor de ochenta años, cuya nieta había llegado recientemente de Italia, lugar donde tenía una Beca Erasmus”. Era una “locura” el trabajo que realizábamos, porque ante cualquier sospecha, había que actuar de la misma manera que ante un paciente positivo en COVID-19, nos teníamos que “disfrazar” de todas las maneras. Era un poco de “descontrol” con mucho miedo añadido, ya que todo estaba comenzando; se pasó de las sospechas procedentes de zonas de riesgo a los casos autóctonos, empujando con ello a la apertura y a la habilitación de otras dependencias de la quinta planta, así como áreas en otras plantas del hospital, como la segunda. Nadie sabía lo que se aproximaba, es una pesadilla.

Y van pasando los días desde aquel 14 de marzo y el hospital se ha paralizado como tal; las urgencias están vacías y casi todo paciente que llega al hospital está relacionado con el maldito virus, solamente se permite un solo familiar por cada paciente que está ingresado (no en esta planta o donde están ingresados los pacientes con COVID-19) y se observa mucho control en las entradas al recinto hospitalario por parte de los guardas de seguridad. “Es la primera vez que me piden el carnet que poseo como trabajadora del centro, ah, y jamás me hubiera imaginado echar de menos tanto a los familiares de mis pacientes”. 

En los últimos diez días del mes de mayo del año pasado solamente tuvimos ingresados a tres personas, pacientes con otras patologías y de los cuales el virus no quiere desaparecer, para darles el alta. Las dependencias en otras partes del hospital para atender a estos pacientes ya se habían cerrado, “afortunadamente ya solo quedamos nosotros”.                                                                                                                                

  “Y la añoranza continua, por todo lo anterior”.                                                                           

Desde que comenzaron a llegar los pacientes con coronavirus, el primer freno para su asistencia nos venía impuesto por la necesidad de la utilización de los Equipos de Protección Individual, el famoso EPI. A medida que estos pacientes fueron llegando a la planta hasta la ocupación total de camas, se comentó anteriormente que eran veintidós pacientes totales, la manera como se ha desarrollado nuestra labor ha sufrido variaciones. Realmente, las tareas iban a ser las mismas pero la distribución de estas y los riesgos existentes en estos momentos creaba un ambiente cargado de tensión, que no se desvanecía en ningún momento del día.

Otra especialidad que ha sido fundamental a lo largo de estos meses ha sido la rama de Radiología. Diariamente, los profesionales de esta unidad venían a realizar las radiografías de tórax demandadas por los galenos correspondientes, radiografías que comunicaban con exhaustividad el avance o retroceso de las dichosas neumonías, tan características en estos pacientes.

Y hablando de todo lo anterior, se me viene a la cabeza lo siguiente: “he observado que la gente de mediana edad (entre unos 50 y 60 años) lo ha pasado muy mal, ¡esa despiadada neumonía! Y RX diarios de control. ¿Y los tratamientos? Se han conocido hasta el momento varias propuestas que se han puesto en marcha, algunos son mejores que otros, pero muchos efectos secundarios y muchas analíticas de control”.

Ante todo esto pienso mucho en que: “los sueños de mucha gente se han derrumbado, un parón en los estudios, un parón en el trabajo, y mucha inquietud, desesperanza”.

 “Y la añoranza continua”.   

Y hablando del equipo multidisciplinar, tengo que hablar de la relación entre compañeros y compañeras. Realmente la interacción continuada ha sido “muy buena”, pero ahora al trabajar más conjuntamente, ha sobresalido la figura de aquella persona “con mando” que, “no sé por qué te trata como si fueras nueva en esto, no, no soy nueva, llevo casi treinta años trabajando en el Servicio Andaluz de Salud y relacionándome con gente como tú”. Suele ser una persona solamente, aquella que siempre te corrige a ti y a otra gente. “¿Hay una jefa o dos? No lo sé, lo dudo por momentos”.

Tengo que poner en valor también a la relación establecida con los médicos y con mi jefa. Los primeros han interrelacionado muy positivamente. Se ha redescubierto a grandes profesionales de la medicina, “yo me pondría en las manos de alguno de ellos, sin dudarlo”.

El acceso de otros profesionales como el personal de cocina, de la farmacia o de la limpieza a la planta, también ha estado cargado de una gran expectación por parte de ellos y con miedo.

Y nuestra relación con los pacientes a lo largo de todos estos meses ha sido y sigue siendo muy especial por diversidad de circunstancias, además de la enfermedad. Se ha pasado de tener la presencia de muchos familiares en la planta, en una situación normal, a sentirse los pacientes con la COVID-19 aislados y en soledad. Lógicamente las visitas no han estado permitidas, aunque ha existido el acompañamiento de determinados pacientes con características especiales.

En relación a ese aislamiento al que están sometidos los pacientes, hay que comentar positivamente la instalación de una serie de interfonos para poder comunicarnos con los pacientes, y ellos con nosotros. Otra cosa positiva ha sido la gratuidad de todos los televisores en el hospital, a través de los cuales los pacientes han podido hablar con sus familiares, además de tener ratos de ocio con la visualización de algún programa televisivo o también escuchar la radio (situación que tuvo lugar durante la primera ola únicamente). Seguimos hablando de digitalización para hacerle frente a ese aislamiento. Por ejemplo, a través de un iPad que proporcionó la planta, se han podido realizar videoconferencias entre algunos pacientes y sus familiares más directos. Es un momento muy esperado en el día, donde el personal médico o de enfermería va a facilitar esta comunicación del enfermo con el exterior.

Y hemos tenido ingresados a miembros de la misma familia, por ejemplo, a varios matrimonios; siempre que la organización y los estados de ambos así lo han permitido, se ha optado en todo momento por el ingreso en la misma habitación, hay que recordar eso de la “conciliación familiar”. Es necesario también en relación a esto, mencionar el caso de tres personas de una misma familia, con edades comprendidas entre los ochenta y dos y los cien años de edad, “madre mía, están mejor que yo”, es increíble y me alegro muchísimo.

Y Antonio, voy a llamarlo así, que fue a un cumpleaños a Madrid. Esa reunión familiar fue muy fructífera, dando como resultado la necesidad del ingreso de dos familiares en Madrid, otra persona con ingreso hospitalario en Filipinas (país donde residía) y nuestro paciente, ingresado en este hospital sevillano. También se fue a la UCI, y regresó a la quinta planta. “Se emocionaba con cada uno de nosotros y según relató uno de mis compañeros, cuando Antonio estuvo más recuperado, aplaudía cada día a las ocho de la tarde hasta romperse las manos, y se fue de alta”.

Otro paciente joven de la Ronda Histórica, aquí en Sevilla, me contaba: “trabajando en el aeropuerto no me he puesto enfermo, y en mi casa, me ha contagiado mi hermana”.

Y como no, entre los ingresados no podían faltar aquellas personas pertenecientes a mi profesión. Debo contar el caso de un chico joven, enfermero de la unidad de infecciosos de otro hospital de Sevilla, contagiado allí, “con fiebre y qué tos tiene”. También necesito nombrar a una compañera enfermera de este hospital, muy joven, contagiada en el hospital, “qué asustada está porque las imágenes radiológicas no mejoran, que apuro tengo porque no sé qué decirle, intento darle ánimos interesándome por sus sentimientos en esa habitación en soledad”.

 “Y la añoranza continua aunque hay alguna luz al final del camino”.  

A lo largo de todo este tiempo un montón de emociones me afloran constantemente. Ante cualquier noticia que escucho con cierta carga emocional, sea de la naturaleza que sea, provoca que salgan mis lágrimas. Y los aplausos de las ocho de la tarde, vuelvo a emocionarme con su recuerdo. Tras la proclamación del estado de alarma, tengo grabada en mi mente la imagen de un coche militar situado en el lado lateral del hospital, realmente era una situación extraña, una pesadilla de la que deseaba despertar. Impresiona esa visión. Siento que me da mucha pena la gente en general, por todo lo que se está sufriendo. “hay que ver lo que nos ha tocado vivir. No comprendo por qué yo me encuentro tan mal y la gente de mi alrededor no”.

La prueba de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR) llegó a nuestras vidas casi a los dos meses de comenzar a tener contacto con estos pacientes. He sentido inquietud por la gran cantidad de profesionales que se han contagiado. Y además están nuestras familias, “la posibilidad de contagiarlos ha rondado constantemente en mi cabeza y me hace sentir culpable”. Y llegó el día en el que nos hicieron los test rápidos, yo ya me había realizado una prueba PCR, y ahora este test, “negativo nuevamente”. Pero, “son poco fiables”, realmente es un poco desconcertante.

Yo he trabajado con mucha tensión, tensión que los demás no llegan a comprender. Siempre me he sentido comprendida, pero con determinadas personas me he sentido mal, hablo de una o dos compañeras, con las que he tenido que hacer un esfuerzo extra para saber responder sin tener malos rollos. Mi trabajo está por encima de todo y nunca me ha provocado tener ningún conflicto en este contexto. Siempre me ha gustado mantenerme en un segundo plano cuando las circunstancias así lo han permitido, facilitando el trabajo, pero de forma discreta, observando, me gusta observar, pero obviamente colaborando en todo momento.

Y ha ido pasando el tiempo hasta llegar al mes de junio del año 2021, en el que nos encontramos, ya está vacunada una gran parte de la población incluida yo, pero queda mucho aún para que esta situación termine. Y yo continuo dándole vueltas a la cabeza, miro las habitaciones, me vienen al recuerdo mis pacientes pluripatológicos de siempre, antes de esta pesadilla; muchas historias afloran en mi mente, conflictos, muchos familiares, “quién me iba a decir que echaría de menos a los familiares”, situaciones que constituían un terreno muy conocido y adorado por mí, “siempre me ha gustado el contraste entre diferentes ámbitos de mi vida como la facultad, el trabajo asistencial, los momentos de ocio, etc.; es la salsa de la vida”. Pero ahora, todo se ha derrumbado, o por lo menos yo lo siento así, muchas ilusiones se han visto truncadas. Me voy a dejar llevar, no puedo hacer otra cosa, sería luchar contracorriente. La vida sigue, aunque tengamos que aprender a resetearla.

 

Cómo citar este documento

Vázquez González, Gloria .Cualquier tiempo pasado fue mejor. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 05/07/2021. Disponible en:  http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2161

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1 comentario en “Cualquier tiempo pasado fue mejor

  1. Que buen escrito! Describe perfectamente lo que hemos vivido y lamentablemente lo que seguimos viviendo.
    Mi enhorabuena por tu gran trabajo en el. Hospital, sois un ejemplo a seguir.

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