¿Te van los cambios?

“Vivimos en una sociedad de inercia que no se detiene a pensar y cuando alguien que, seguro que lo hay, se plantea algo, ni se escucha”

María Jesús Samaniego Ruiz

Tengo la sensación de que vivimos en una sociedad de inercia que no se detiene a pensar y cuando alguien que, seguro que lo hay, se plantea algo, ni se escucha. Por otra parte, a veces, se prende la mecha y se actúa, aunque esto no siempre perdura en el tiempo.

No hay nada como la experiencia para reflexionar. En mi caso, mi experiencia durante la pandemia ha versado sobre el teletrabajo y la conciliación familiar.

Muchos años escuchando como en otras comunidades o más bien países, había personas que teletrabajaban y pensabas por qué aquí ni se plantea. Entonces comienza el confinamiento (esa mecha) y se establece el teletrabajo. Como en cualquier cambio aparecen dificultades.

En primer lugar, hay trabajos que permiten teletrabajar y otros que no. En mi caso, he compartido el teléfono con algunos pacientes para comunicarnos por aplicaciones de mensajería instantánea y eso ha ayudado a establecer relaciones de mayor confianza con ellos. Sin embargo, no todo el mundo tiene o puede permitirse un teléfono inteligente. Y, por otra parte, el uso de dispositivos personales puede dificultar el separar la vida laboral de la personal. Aunque, en general, creo que en nuestra labor asistencial no se puede desvincular la presencialidad. Para mí la principal fuente de información de una persona es su comunicación no verbal y su entorno. Aspectos que necesitan una observación directa para ser detectados. Ciertamente, existen algunas ventajas, como pueden ser los trámites meramente burocráticos, que incluso hacía tiempo que algunos pacientes solicitaban que se pudieran agilizar sin tener que asistir. Pero, la relación de ayuda necesita la presencia física. De hecho, en cualquier relación se puede apreciar como la falta de habilidades sociales influye. ¿Quién no ha jugado al teléfono escacharrado en el que, al decir un mensaje de uno al otro, al final no tenía nada que ver con lo que se dijo en el principio? Todo esto da lugar a una comunicación inadecuada y a malas relaciones. Por tanto, desde mi punto de vista hay trabajos que se puede realizar de forma telemática, perdiendo así momentos como el del café que facilitaba esa comunicación, y otros que no, como el de las enfermeras.

Con respeto a la conciliación, el teletrabajo en un primer lugar abrió la puerta a poder pasar más tiempo con la familia. Es cierto, que durante el tiempo de teletrabajo he estado en el hogar. Sin embargo, también puedo decir que encerrada en una habitación me dedicaba a trabajar sin entretenimiento con posibles compañeros, y que el trabajo se alargó. Entonces, el tiempo que dedicas a la familia y a uno mismo es mucho menor. Sin olvidar que esto es algo que depende de la implicación de cada uno, ya que hay profesionales que sin conexión de internet en su casa habían estado “teletrabajando”.

Se me viene a la cabeza cuando estudiando la carrera incluyeron un nuevo plan de estudios. En su origen eran clases de no más de 15 alumnos, cuya evaluación no consistía en un examen final sino en las reflexiones y el aprendizaje que se produce de forma continuada. ¡Qué ilusión, así se deberían hacer las cosas! Por fin, un cambio para bien. Entonces, se implanta este nuevo plan y para sorpresa mía, las clases siguen siendo de 100 alumnos, los exámenes siguen siendo meramente de conocimientos, y eso sí, ahora además tenemos que realizar trabajos para realizar la evaluación continua.

Pues un poco, a esto me ha recordado la actual situación. Aunque en este caso el cambio no estaba programado. Parece que empieza a tomar importancia la conciliación familiar, las posibilidades del teletrabajo, etc. Sin embargo, en lugar de cambios se aprecia sobrecarga de actividades. Profesionales que realizan su actividad habitual, más además el rastreo telefónico, más además el sufrimiento moral de priorizar actividades, de vivir esta realidad; ya que si antes ya iba al límite ahora va sobrepasado.

Desde mi punto de vista en lugar de plantearse aquellos aspectos que podrían no ser tan necesarios para modificarlos por estos nuevos, se añaden. Encontrando actividades que se podrían omitir, así como otras que se han omitido o aplazado y no se debería. Y después, muchas medidas de las que se habían instaurado y que podrían ser efectivas se retiran. Y como esto, también retirarán al extra de profesionales contratados que tanta falta hacían antes, ahora y después.

Si la ética y los valores siempre han sido importantes, ahora me los parecen más que nunca. Qué es lo que debemos hacer en cada momento, cuales son las consecuencias, cómo podríamos ser prudentes para tomar las decisiones más óptimas dentro de nuestras posibilidades. En esta línea, creo que el interés por la historia, en general, es fundamental para comprender muchas cosas, así como para no tropezar una y otra vez en la misma piedra. Estos dos aspectos deberían estar en la cultura de la gestión, así como contar con personas preparadas. A veces da la sensación de que existe mucha jerarquía que al final resulta inútil y poco práctica, si se olvida que el foco de la atención son las personas, nuestros conciudadanos que después veremos en el supermercado.

Aunque, personalmente también me culpo, ya que, tras las experiencias, la sobrecarga, el estar inmerso dentro de un sistema, y una sociedad que te arrastra, etc., me acabo planteando si son buenos los cambios, ya que suponen más carga y me remito al refrán “más vale lo malo conocido”, y egoístamente lo que tengo que cuidar es a mí misma y a mi familia.

En definitiva, tengo claro que el cambio es necesario. Sin embargo, cuesta romper con la realidad y muchas veces se vuelve a la situación de inicio como si una fuerza centrífuga nos arrastrara al sistema de referencia. De aquí, aprendo que los principales aspectos para comenzar cualquier cambio son: tener una buena programación o proyecto, tener un objetivo claro (reconociendo el foco que en cualquier sistema deberían ser las personas) e implantarlo paso a paso. Y cuando el cambio aparece como una mecha intentar no borrar nuestro objetivo de la mente.

Cómo citar este documento

Samaniego Ruiz, Mª Jesús. ¿Te van los cambios? Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 05/07/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2155

Volver a Sumario de narrativas
Elabora tu propia narrativa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *