¿Dónde estaba escrito? Nadie me lo enseñó.

“No es que no tengamos las mismas emociones es que quizás hemos aprendido de ellas y somos capaces de ver más allá”

Juana Rus Molina
Enfermera APES, Hospital de Poniente (Hospital de Alta Resolución de Guadix). Guadix (Granada).

Nadie nos enseña a afrontar situaciones difíciles, nadie nos enseña cómo proteger a los demás, nadie nos enseña a manejar el caos y ordenar el desorden y fue a esto a lo que nos enfrentamos todo el equipo del que formo parte.

Soy enfermera de urgencias y emergencias desde que terminé mis estudios y en el momento que se desató la pandemia me encontraba al frente de un equipo de personas que tenían tantas dudas, incertidumbre y miedo como yo.

En el primer momento pensé que no iba a poder, que no iba a ser capaz encontrar la fórmula para hacer que todo funcionara. Las noches interminables en vela pensando cómo organizar el servicio y a los profesionales, que estaban tan bloqueados como yo.

Nos enfrentamos a algo que no se había enfrentado nadie a mi alrededor, la sensación de soledad se extendía y no solo a la soledad después de salir del trabajo, sino que esa soledad también se apoderaba en la toma de decisiones.

La aportaciones de todo el equipo fueron creciendo, todo el mundo pensaba en como podíamos resolver las dificultades, cosa que nos llevó a más caos y confusión en un primer momento, demasiada gente pensaba y había que ordenar todo ese pensamiento para darle sentido a lo que estábamos haciendo.

Así que comencé a leer todo lo que caía en mis manos, informarme, leer de otras experiencias, ver qué estaban haciendo en otros hospitales. Intentar ordenar las ideas de lo que necesitábamos hacer, lo que podíamos hacer, lo que no debíamos hacer. Y llegó el plan que pusimos en marcha a contrarreloj, ya que empezábamos a ver los primeros casos.

Tocó reordenar las urgencias de un hospital para atender a los pacientes, tocó reorganizar a los profesionales, tocó formar a los profesionales, establecer protocolos y procedimientos de actuación, pero quizás lo más duro a lo que nos enfrentamos fue a nuestras propias respuestas emocionales. Emociones que todos sentíamos y que muchos de nosotros no sabíamos ni describir.

Jornadas de trabajo agotadoras con ese miedo a volver a casa porque no queríamos poner en riesgo a los nuestros y que se repetía cada día. Jornadas de trabajo en las que las lágrimas estaban a flor de piel y que saltaban cuando escuchábamos los aplausos y las muestras de apoyo que recibíamos.

Nos enfrentamos a muchos problemas y poco a poco con todas esas dificultades y problemas empezaron a aparecer las soluciones. Todo empezaba a organizarse y a ordenarse y gracias al esfuerzo de un equipo que trabajaba duro y con el corazón a mil.

Es increíble ver como un grupo de personas se une para formar un gran equipo y no solo de trabajo. Yo me atrevería a decir que un gran grupo de personas capaz de dar, capaz de cuidar a la persona con la que trabajas porque ella también te está cuidando.

Si estamos organizados es porque hemos trabajado en ello y si nuestras emociones no han podido con nosotros es porque nos hemos cuidado unos a otros.

Una canción se tarareaba debajo de las mascarillas:

Puede que el mundo se rompa a tus pies

  Si tú no puedes yo te ayudaré

  Juntos podemos vencer a los miedos

  Somos la herida y la cura en el tiempo “

La aventura de vivir, autor Manuel Carrasco.

 Superamos esa primera etapa y cuando creíamos que nada podía ser peor, llegó la segunda parte de esta historia, volvíamos al principio. Los casos comenzaban a aumentar y sin el respiro suficiente volvíamos a la carga ¡Venga un poco más! Y pasito a pasito llegó la Navidad.

El día antes de mis vacaciones de Navidad llegó la mejor noticia que me podían dar y el mejor regalo en mucho tiempo. Llegaba la vacuna y yo era la encargada de organizar esa vacunación en mi hospital, iba a repartir el mejor regalo de reyes que podía dar a mis compañeros. La emoción cambiaba y la alegría en ese momento fue inmensa.

Hoy seguimos al pie de cañón”. No es que no tengamos las mismas emociones es que quizás hemos aprendido de ellas y somos capaces de ver más allá.

Desde aquellos primeros momentos hasta hoy, afortunadamente, todo ha cambiado. La primera vez que vi a un compañero ponerse una bata azul, guantes, casco y mascarilla para atender a un paciente, mi estómago se encogió. Hoy, después de miles de esas batas puestas y desechadas, actuamos con confianza en lo que hacemos.

Hemos ido aprendiendo y quizás no es la mejor manera de aprender, pero lo cierto es que nos ha hecho sacar lo mejor de nosotros mismos.

Si hablo de mí misma diré que estoy cansada, agotada y sigo derrumbándome, en mi cabeza retumba el sonido de esos aplausos y sigo emocionándome recordándolo, pero hoy es presente y seguimos adelante.

Mis palabras se refieren al pasado, a un pasado que sigue siendo cercano y que siempre estará muy presente para mí. No quiero que nada de lo vivido se me olvide.

He aprendido mucho de mí misma y de mis compañeros y sigo haciéndolo cada día.

Cómo citar este documento

Rus Molina, Juana. ¿Dónde estaba escrito? Nadie me lo enseñó. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 05/07/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2152

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1 comentario en “¿Dónde estaba escrito? Nadie me lo enseñó.

  1. Magnífica reflexión Juani y enhorabuena por todo lo conseguido junto con tu equipo.
    Dices que no quieres que nada de esto se te olvide. Y no lo hará. Han sido unos meses duros en los que la Enfermería ha destacado por su buen hacer y su capacidad de resiliencia.

    Enhorabuena, de nuevo, por tu capacidad de conducir al equipo a buen puerto.

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