Siempre hay una enfermera

“Podía ver en sus caras la angustia, miedo y sentimiento de abandono. Imagino que lo mismo verían en mí, porque así me sentía”

Aurora Ruiz Palomino
Jefa de bloque. Hospital Reina Sofía (Pediatría) Córdoba

Sábado 14 de marzo de 2020, a las 7:45 h cojo el relevo de la guardia del hospital, junto con mis dos compañeros, con los que compartiré las próximas 14 horas. Estamos tres supervisores para dar respuesta a todo lo relacionado con la gestión de pacientes, profesionales y recursos materiales, que acontezca en los cuatro hospitales que forman el complejo. Nuestra misión ese día en concreto, trasmitir tranquilidad y calma. Lo que pasaba en Madrid, no tenía por qué pasar aquí, había que hablar del Covid, como un cuadro parecido a una gripe, y no debía cundir el pánico. Ese día en concreto, llevé la gestión de incidencias generales y no hubo ni un solo despacho de supervisión de todo el hospital, almacén de material, cuarto de limpieza o rincón similar que no abriera, con la esperanza de encontrar alguna caja de mascarillas, para los compañeros de Urgencias. Era su principal necesidad, empezaban a llegar muchos pacientes con “síntomas gripales”, y no tenían. Podía ver en sus caras la angustia, miedo y sentimiento de abandono. Imagino que lo mismo verían en mí, porque así me sentía. Esto no había hecho nada más que empezar, impensable lo que viviríamos e impensable la respuesta de los profesionales sanitarios, algunos para bien y otros para mal.

El lunes al incorporarme en mi centro de trabajo, me encontré la misma expresión en las caras de los profesionales del hospital infantil y en las de los mandos intermedios. Hacía dos meses que tomaron posesión (en funciones), en sus cargos al igual que yo.

Nos reunimos, intercambiamos nuestra angustia, incertidumbre y miedo. Había que tomar y ejecutar decisiones muy difíciles. Debíamos reubicar en otras unidades a tus compañeros, con los que has compartido gran parte de tu vida. También desalojar a otros de “sus espacios” a fin de liberarlos y reconvertirlos en estancias con otro uso o en un circuito aún por definir. Así como reorganizar turnos para conseguir que acudieran el mayor número de horas posibles, los menos días posibles y hacerles ver que era con el fin de protegerlos y cuidarlos (no como obligación a consumir sus permisos reglamentarios). Todo ello barajando el aluvión de información contradictoria, unido a la escasez de EPIs y a su vez intentando asumir las desigualdades vividas entre las distintas profesiones que conviven en nuestro entorno. A día de hoy sigo sin entender en qué consiste el teletrabajo de un especialista en algunas áreas como oftalmología, o traumatología, por poner algún ejemplo. Decidimos estar unidos, ser sinceros entre nosotros, con nuestros compañeros y estar PRESENTES SIEMPRE.

¡El Covid, no afecta gravemente a los niños y niñas! Era la gran noticia, la mayoría son portadores asintomáticos. Durante esos días empezamos a comprobar cómo las urgencias pediátricas se quedaron vacías, de tener una frecuentación de 200 niños diarios, pasamos a tener como mucho 10. Los quirófanos, las áreas de hospitalización, los pasillos y salas de espera se quedaron vacíos y en silencio. Sin embargo, otras áreas como las Oncohematología y Neonatología se vieron afectadas al limitar el  acompañamiento a un solo progenitor. Trabajamos para asegurar que en los planes de contingencia (cambiantes a diario) del hospital, la voz de la enfermera fuera escuchada y se contemplaran medidas excepcionales, en las que se aseguraba la permanencia de los dos progenitores en determinadas situaciones, menores de 2 años oncológicos, nuevos diagnósticos oncológicos (también los ha habido), situaciones extremas al final de la vida, grandes dependientes, trastornos del espectro autista. En definitiva, evitar en la medida de lo posible la deshumanización, que de repente se había instalado entre nosotros.

Cómo no hablar de los recién nacidos. En un principio y sin previo aviso vimos cómo se rompía  el binomio madre-hijo, si la madre era positiva o sospechosa, quedaba aislada y sola durante el puerperio inmediato, en una unidad de hospitalización del área de  la mujer, a la espera de resultados. Mientras que el recién nacido y su padre/madre eran ingresados en una unidad de hospitalización pediátrica, también en aislamiento.  Una vez más las enfermeras y Tcaes, ambas en “presencia permanente”, suplieron las necesidades básicos del recién nacido y acompañaron al otro padre/madre, prestando asesoramiento y calmando la ansiedad de la separación en un momento, cuanto menos, dulce, deseado y querido en la vida de una persona y transformado en un suceso triste y doloroso.

La voz enfermera volvió a ser escuchada, en esta ocasión de forma reactiva, una vez solucionado problema y no de forma proactiva, desde donde con nuestra formación y perspectiva holística del cuidado, hubiésemos ayudado a diseñar la solución. Pasada una semana esta situación quedó resuelta, el binomio madre-hijo, no se volvió a romper. Una vez más una enfermera estuvo SIEMPRE PRESENTE.

Mientras tanto la pandemia seguía su evolución arrasante ola tras ola y aunque con nuestra población seguía siendo benévola, veíamos como el desbordamiento de pacientes adultos llegó a nuestro hospital. Nuestro hospital de día quirúrgico, se transformó en una UCI no Covid (a día de hoy permanece igual), este hecho junto con reactivación de la actividad asistencial programada, nos obliga a ingresar pacientes en áreas no específicas para ello, con una rotación de pacientes altísima y como SIEMPRE, las ENFERMERAS están PRESENTES acompañando a las familias en su estancia hospitalaria por muy corta que sea.

Echando la vista atrás, ahora en junio de 2021, me doy cuenta de los logros conseguidos en tan solo un año.

2020 fue el año Internacional de la Enfermera y de la Matrona. Se presentó como una oportunidad de sacar provecho de los datos que brindaba el informe de la OMS sobre la situación de la enfermería en el mundo en 2020 y se concretó un programa que impulsaba y mantuviese los progresos de la profesión hacia 2030.

Por ello, se instó a los gobiernos y a todas las partes interesadas a adoptar una serie de medidas entre las que destacaba: “fortalecer el liderazgo de los profesionales de la enfermería —tanto los líderes actuales como los futuros— a fin de garantizar que los enfermeros y enfermeras tengan una función influyente en la formulación de normas del ámbito de la salud y en la adopción de decisiones, y contribuyan a la eficacia de los sistemas de atención sociosanitaria.”

En base a ello, las enfermeras estábamos preparadas para un gran acontecimiento a nivel mundial. El año del Nursing-Now. Lo teníamos todo a punto para recordar a los ciudadanos, políticos y otros profesionales de la salud el valor de la profesión enfermera ante cualquier circunstancia. Y así ha sido, de forma natural, por nuestra vocación, formación y compromiso y sin dar tiempo (la Covid no dejó) al apoyo de campañas mundiales, hemos:

  • Liderado la gestión del cuidado de las personas.
  • Acompañado a las personas, aportando calidad y calidez en la complejidad de cuidados.
  • Desarrollados circuitos, delimitado áreas, organizado equipos, gestionado recursos y liderado estrategias en esta particular batalla.

 

Contribuyendo una vez más al desarrollo óptimo del sistema sanitario en todos los niveles asistenciales. Lo cierto es que, estés donde estés, mires donde mires, SIEMPRE HAY UNA ENFERMERA.

Cómo citar este documento

 Ruiz Palomino, Aurora. Siempre hay una enfermera. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 05/07/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2145

 

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