Cuidando al que cuida

“Nos aplaudíamos y nos abrazábamos con las manos por detrás y así explicaba a todos los compañeros la manera de actuar, tenía que hacerles sentir seguros y exteriorizar que nada iba a pasar”

Marta Pérez Redondo
Supervisora de Enfermería. Hospital Regional de Málaga. Málaga.

Había recibido un correo el día anterior “Reunión urgente para cargos intermedios-protocolos del covid-19”. Allí estábamos, a las 8:30 h de la mañana, los supervisores de enfermería y los jefes de servicio, en el salón de actos, escuchando al jefe de servicio de infecciosos, a un adjunto de urgencias y a la enfermera de medicina preventiva explicándonos todos los protocolos de actuación ante los “muy poco probables casos”, decían, de pacientes con Sars-Cov-2 pudiesen llegar a nuestro hospital. Diapositiva tras diapositiva explicaban los circuitos de entrada y salida, la secuencia de llamadas a realizar, hasta qué se haría si ingresaba una mujer embarazada con COVID, “algo impensable”.

Así fue, todo lo que no iba a ocurrir, ocurrió, y con mis escasos 17 años de experiencia trabajando como enfermera, la mayoría de contratos en medicina interna, y ninguna experiencia en la gestión (llevaba un año ejerciendo las funciones de supervisora de la unidad de enfermedades respiratorias) me iba a enfrentar a la peor crisis sanitaria que nunca habíamos vivido en una de las unidades más implicadas.

Me invadía el miedo, todos mis pensamientos rondaban en que era un virus respiratorio nuevo y no sabíamos que alcance iba a tener. Comencé a leer y estudiar protocolo a protocolo, y expuse a todo el personal de la unidad que entrara en todas las habitaciones con mascarilla. Muchos de nuestros pacientes ingresaban con neumonía y quien sabe si cualquiera podría ser Sars-Cov-2, mi obsesión: que ningún compañero se contagiase.

Un viernes 13 de marzo me comunican que nuestra unidad se traslada al Pabellón A, a la 4ª planta, íbamos a ser el tercer escalón para ingresos de pacientes con covid-19, infecciosos y medicina interna ya no disponían de más camas. El domingo 15 de marzo, un día después de anunciar el estado de alarma, dejamos preparada la 4ª derecha del PA para trabajar con estos pacientes: mesitas en la puerta de las habitaciones, esclusa con carteles de puesta y retirada de equipo de protección individual, contenedores de alto riesgo biológico, etc.

Recuerdo el silencio, regresando a casa las calles vacías y cómo me abordaba el miedo y la soledad. Esta vez me tocaba cuidar del que iba a cuidar a los demás.

Cada mañana, tras el cambio de turno, nos reuníamos delante del mostrador del control de enfermería formando un círculo, la rueda del desahogo, donde nombre a nombre preguntaba ¿cómo estás? El pánico de las primeras semanas no lo olvidaré, esas miradas de espanto, como cuando los caballos salen despavoridos ante una adversidad, algunos al realizarles la pregunta se echaban a llorar. Nos aplaudíamos y nos abrazábamos con las manos por detrás y así explicaba a todos los compañeros la manera de actuar, tenía que hacerles sentir seguros y exteriorizar que nada iba a pasar, que, si trabajábamos en equipo, apoyándonos, seríamos capaces de atender y cuidar a los pacientes que iban a ingresar.

Fueron días difíciles, recibíamos más de 5 ingresos diarios, y hasta 7 fallecidos el mismo día, pero trabajamos como nunca, todos a una, los médicos, enfermeros, técnicos de cuidados, celadores y limpiadoras, con un objetivo común, asistir a todos los enfermos de Sar-Cov-2 de la mejor manera posible, intentando hacerles sentir que no estaban solos. Ya no había categorías, los médicos daban de comer, las enfermeras realizaban la higiene de los pacientes, los técnicos de cuidados tomaban constantes, si entras eres útil para todo, sanitarios cuidando de pacientes. Seguíamos teniendo miedo, pero entre todos nos sentíamos protegidos, y de repente llegaron los aplausos, después de semanas de silencio angustioso, a las 20 h la sociedad nos aplaudía a nosotros. Este se convirtió en el momento del día en que encontrabas consuelo a tanto esfuerzo y que te podías desahogar, a veces, sin poder parar de llorar.

Así vivimos la primera oleada de esta pandemia, con unos 600 ingresos y unos 120 exitus en el Hospital Regional de Málaga, de marzo a mayo, de los cuales una tercera parte recayó en la unidad de Enfermedades Respiratorias.

Cómo citar este documento

Pérez Redondo, Marta. Cuidando al que cuida. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 05/07/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2136

 

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