A propósito de mi pandemia

“Es hora de reivindicar la sobrada valía de nuestra profesión que tan bien ha quedado reflejada en este inolvidable año”

Vicenta Navas Anguís
Coordinadora de Enfermería, Área de Gestión Sanitaria Norte de Jaén Linares (Jaén)

“3 de 4: Diario de una enfermera con dos aislados en casa y un ingresado en el hospital.”

El día que comenzó el estado de alarma en España, en mi casa ya llevábamos dos días, mi compañero de vida y proyectos había empezado a sentirse mal y yo dadas las informaciones que recibíamos había decidido aislarlo.

Como buena enfermera con muchos años de experiencia sabía exactamente qué tenía que hacer para no propagar el virus así que comencé con las verbenas de lejías, gel hidroalcohólico casero, duchas y lavadoras a más de 60 grados.

Fueron días de dudas e incertidumbre, donde la información que recibíamos tanto en el trabajo como en la prensa e informativos a veces era contradictoria, conviene recordar, por ejemplo, que la celebérrima prueba PCR en aquellos días no se le realizaba a la población general, solo a personal sanitario y sociosanitario.

A todo esto, mi pareja seguía empeorando, yo trabajando y mis hijos comenzaban con síntomas leves. Al final ocurrió lo inevitable, se produjo el ingreso por COVID-19 de mi pareja y además el aislamiento de mis hijos en sus dormitorios.

Y ahí me tienes a mí, pensando que lo tenía todo controlado ¿todo contralado?

Ahora tenía a mi familia disgregada y yo dando el “do de pecho” en mi puesto de trabajo, ahora podía sentir el miedo, que a veces te describen los pacientes y sus familias, a lo desconocido, ahora me daba cuenta que todo lo que yo sabía no valía para nada, nadie te enseña a seguir con tu vida laboral de manera normal, temiendo lo peor en tu vida personal.

Es difícil convivir con la sospecha de que tú has contagiado la enfermedad a tu familia o de que tú no has cuidado bien y la consecuencia es el empeoramiento, ingreso y aislamiento de toda tu familia.

Todavía puedo sentir el rechazo de algunos compañeros por si les transmitía el virus con gestos de alejamiento hacia mí o incluso saliendo de la habitación en la que yo me encontraba, a veces verbalizando dicha repulsa.

Como cuidadora de un familiar con una enfermedad grave de COVID-19 me ha faltado alguien que me acompañe, alguien que me lleve de la mano, y solo he encontrado a compañeros y sanitarios que me daban datos, es una pena, pero algunas veces no sabemos hacerlo de otra forma.

Afortunadamente todo salió bien, ningún familiar ha quedado con secuelas, en definitiva, resistimos como dice la famosa canción.

Esta experiencia traumática ha obrado en mí un cambio, me ha ayudado que me replantee mi forma de ver nuestra profesión, y la forma que utilizamos para relacionarnos con el paciente desde distintos ámbitos: el personal, el gestor y por qué no, el punto de vista social.

A nivel personal he vuelto a recuperar actividades que, por unas cosas u otras, había descuidado y que se me antojan muy importantes, creo que está en mi mano a través de pequeños gestos poder aminorar o suprimir el miedo que a veces incapacita y que atenaza al paciente y a sus cuidadores, el mismo miedo que sentí yo.

Tenemos una posición privilegiada dentro del sistema sanitario para preguntar, escuchar, ayudar, ejercer el respeto, apoyar una mano en el hombro, tocar, ponerse en el lugar del otro y ejercer verdaderamente la empatía.

Es necesario dar información precisa, concisa y veraz sobre lo que nos pregunten, no deberíamos dejar a la imaginación o a la interpretación personal de los pacientes lo que queremos decir o que sepan y nos perdernos en explicaciones que poco o nada benefician al paciente y su familia.

Desde luego todo lo anterior no está reñido con desplegar toda nuestra capacitación técnica que tanto prestigio como profesión nos reporta, y en este punto creo que la universidad a través de su currículo debe incluir entre otras cosas una verdadera formación en entrevista clínica.

A nivel gestor y apoyándome en mi labor como coordinadora de cuidados, creo necesario realizar profundos cambios a nivel de los equipos, desde hace años venimos escuchando por distintos profesionales sanitarios la frase “dejar de hacer para poder hacer.” Utilizamos una gran parte de nuestra jornada laboral para realizar actividades intrascendentes que no reportan beneficios y es ahora el momento de dejarlas de lado para poder realizar otras actividades nuevas que se demuestren verdaderamente útiles o rentables.

Abandonar ya la dispensarización de tareas, de la cual hemos obtenido un rédito destacable durante este año para poder proveer cuidados, y volver al modelo de verdadera personalización de cuidados, que nos reconozcan como “su“ enfermera no como “cualquier” enfermera.

Abordar verdaderamente la cronicidad poniendo el foco de atención sobre nuestra labor como actores principales de los cuidados.

Volver poco a poco a las consultas presenciales, eso no significa que debamos abandonar nuevas herramientas que se han revelado muy útiles como las consultas telefónicas, o la telemedicina.

También es el momento de volver a los domicilios y los entornos de los pacientes ya que creo que es en los domicilios donde reside nuestro verdadero papel como enfermeros.

Intentar mejorar la accesibilidad a los pacientes, procesos administrativos menos encorsetados, flexibilizar algunas normas.

Que el trabajo en equipo sea verdaderamente de equipo y no solo un grupo de gente trabajando junta, aprovechar las sinergias que se producen entre los miembros para mejorar la atención y sentirnos mejor con nosotros mismos.

Por último, en el ámbito social, si algo ha aumentado es nuestra visibilidad como profesión, en los hospitales, los centros de atención primaria, incluyendo los consultorios rurales, las residencias de mayores, pero también en centros laborales o educativos. En estos últimos, por primera vez hemos demostrando que somos capaces de diseñar, dirigir e implementar actividades que nadie había llevado a cabo antes con resultados positivos. No podemos dejar esta oportunidad para introducir a la enfermera en el ámbito escolar.

También hemos sido capaces de amortiguar los contagios en residencias, hemos improvisado consultas de aislamiento en una mañana, circuitos de respiratorio en un rato, hasta hacer gel hidroalcohólico casero con las directrices de la OMS, a su vez, inmunizamos de manera autónoma y veloz a toda la población con resultados loables, lanzando un arsenal comunicativo a nuestra población que incluye pautas de seguimiento y prevención del COVID-19.

Es hora de acceder a las direcciones, a los medios y también a los “sitios de poder”, que han estado históricamente vetados para nosotros. Eso nadie puede realizarlo por nosotros como profesión, hemos de ser nosotros lo que alcemos nuestra voz y reclamar el lugar que nos pertenece el clave social y sanitaria.

En definitiva, es hora de reivindicar la sobrada valía de nuestra profesión que tan bien ha quedado reflejada en este inolvidable año

Cómo citar este documento

Navas Anguís, Vicenta. A propósito de mi pandemia. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 05/07/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2130

 

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