Sin tregua, sin respiro

“Era una pesadilla permanente, pensaba que no era posible, que era un mal sueño, que pronto despertaría y nada de esto habría sucedido, era algo apocalíptico que superaba con creces a la ficción, pero era real”

Francisco José Reche González
Gestor de cuidados APES, Hospital de Poniente El Ejido (Almería).

Trabajo en la planta de digestivo de un hospital comarcal en Almería, nuestros pacientes generalmente eran de patología digestiva muy bien conocida por mis compañeros y por mi, raramente teníamos ingresos de otra especialidad, pero cuando esto sucedía estábamos preparados y capacitados para prestarle cuidados con el mismo nivel que al resto de pacientes. Era principios del año 2020 cuando en televisión se oía hablar de un extraño virus que había surgido en China y que producía neumonía, este virus se extendía a velocidad de vértigo por Wuhan, pensé “bueno otro virus más de estos que producen neumonía y que como aparecen desaparecen”, pero no fue así, este virus en pocos meses se fue extendiendo como una maldición, como una sombra negra que iba apagando la vida y la actividad de la población de aquellas zonas a las que llegaba, “seguro que a España no llegará, estamos muy lejos y no vivimos tan hacinados como los chinos, además aquí no hace tanto frío como para que ese bichejo prospere”. De pronto, así como por arte de magia, Italia empezó a tener casos que de forma exponencial se multiplicaban por todo el país y pocos días después, sin saber ni cómo ni por dónde, sin tener apenas información de cómo prevenirlo, España se sumó al carro de países invadidos por este extraño y novedoso coronavirus.

Aunque con nerviosismo, siempre mantuve la esperanza que aquí no sería igual, que tendríamos pocos casos, que a mi hospital no llegaría, supongo que fui tan iluso y optimista como el resto de personas con las que trabajaba, cuando un buen día empezaron a ingresar pacientes en mi hospital, algunos en la UCI directamente, no podía creerlo, esto no puede suceder, pero sí sucedió, esa esperanza a la que yo me aferraba no tenía ninguna base de ser y la realidad me daba de bruces en toda la cara.

Rápidamente la planta de Medicina Interna pasó a ser una planta covid, de forma apresurada hubo que desalojarla y repartir esos pacientes por el resto de plantas de hospitalización, y así, la planta de digestivo pasó a tener más pacientes de Medicina Interna que de Digestivo.

Se suponía que todas las plantas de hospitalización eran plantas libres de covid a excepción de la antigua planta de Medicina Interna, que ahora era una planta improvisada para ingresar a todos aquellos pacientes que eran diagnosticados o sospechosos de infección por covid-19.

Dentro del caos que toda esta improvisación produjo seguíamos trabajando con cierta normalidad, eso sí, con miedo, pero con ganas de colaborar y poner de nuestra parte todo lo posible para que tanto pacientes como familiares se sintieran seguros.

Fue en este momento cuando el servicio de prevención alertó que todos los trabajadores del hospital debían llevar mascarillas quirúrgicas para evitar los contagios, pero llegamos tarde, el horror y el miedo se apoderó de todos nosotros cuando varios compañeros empezaron a manifestar signos y síntomas de infección por covid, aunque la mayoría con sintomatología leve e incluso sin ella, no tardaron en aparecer los primeros casos en pacientes ingresados que de buenas a primeras empezaban a presentar sintomatología respiratoria, fiebre, tos y disnea.

Por estos entonces ya existía la prueba PCR para determinar o descartar la infección, pero no era de un uso general, solo se limitaba a aquellos pacientes y profesionales que presentaban sintomatología compatible.

Todos los pacientes que empezaron con clínica fueron diagnosticados de covid-19 tras la realización de PCR y se trasladaron a la planta covid, ya nadie se sentía seguro. ¿cómo era posible que el virus se colara en una planta de hospitalización donde supuestamente no había covid?, ¿quién trajo la covid a la planta, los profesionales que se habían infectado fuera del hospital o los pacientes que se ingresaron?, era un caos, nadie sabia nada, era una pesadilla permanente, pensaba que no era posible, que era un mal sueño, que pronto despertaría y nada de esto habría sucedido, era algo apocalíptico que superaba con creces a la ficción, pero era real.

En este momento nos esmeramos mucho más por proteger a nuestros pacientes, sabíamos que el uso de mascarillas y el lavado de manos era crucial, ya no podíamos bajar la guardia, en cualquier momento, cualquiera de los pacientes o de nosotros podríamos empezar con sintomatología compatible con el diagnóstico.

Se empezó a realizar check-list a los acompañantes y familiares de los pacientes para evitar que se pudiesen dar nuevos casos de infección intrahospitalaria, todo el mundo llevaba la mascarilla, pacientes, familiares y profesionales, a veces ocurría que al entrar en la habitación, sobre todo en las noches, encontrábamos pacientes sin mascarilla o a familiares, todos los esfuerzos eran pocos explicándoles la necesidad de portar la mascarilla y mantener la distancia de seguridad, en este caso no se trataba de dar consejo, sino de hacer entender el riesgo extremo que se corría si no se hacían las cosas bien.

Por aquellos entonces recuerdo que teníamos ingresada a María, una señora de 88 años que compartía habitación con Juana, algo mas joven que ella.

Juana no tenía nunca acompañantes, pero a María venía a verla su hija Mercedes casi a diario y permanecía con ella un par de horas por las tardes, tanto a Mercedes como al resto de acompañantes les indicábamos lo importante que era el monitorizarse la temperatura, el vigilarse los síntomas y concienciarlos que en caso de presentar alguno de estos síntomas ellos o familiares de su casa, hicieran cuarentena y que no acudieran al hospital.

Una mañana llegué a trabajar a la planta y Juana no estaba, los compañeros en el relevo me contaron que la tarde anterior empezó a empeorar con fiebre y somnolencia que nada tenía que ver con su diagnóstico de ingreso que era de hemorragia digestiva alta y que la habían trasladado durante la noche a la planta covid, ya que la radiografía que se le hizo mostraba afectación pulmonar bilateral.

Juana quedó en su habitación en aislamiento preventivo mientras venían los resultados de la PCR realizada tanto a María como a ella, cuando se confirmó lo peor, ella también estaba contagiada, por lo tanto, también se trasladó a la planta covid.

Mercedes la hija de María ya no podía venir al hospital, ya que al estar su madre ingresada en una planta covid no estaban permitidas las visitas, al realizar el estudio de contactos en atención primaria supimos que un hijo de Mercedes y nieto de María está diagnosticado de covid, entonces contacté con Mercedes, ya estaba informada por el médico del traslado de su madre a una  planta covid y ella me comentó que no sabía cómo se podría haber contagiado su madre, ya que ella fue muy cuidadosa desde el momento que su hijo fue diagnosticado, y además que su hijo apenas tenía síntomas.

La salud de María se fue deteriorando muy rápidamente y en cuestión de pocos días falleció.

Así fue como ocurrió en mi planta el primer caso que una paciente de digestivo terminó contagiada de covid y que murió, este hecho nos conmovió a todos, dos días después Juana también falleció y Mercedes presentó PCR positiva aunque asintomática.

Nunca podré olvidar a este par de ancianas que compartían la habitación 508, y aun siento la impotencia de no haber podido ayudarlas ni protegerlas.

Actualmente a todos los pacientes se les realiza PCR antes del ingreso y a aquellos que precisan cuidador, también a este se le realiza PCR antes de iniciar el acompañamiento y se indica que no podrán abandonar la habitación por un periodo de 5 días.

Ojalá estas medidas se hubiesen tomado desde el principio.

Cómo citar este documento

Reche González, Francisco José. Sin tregua, sin respiro. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 30/06/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2105
 

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