Olas

“Tuvimos que aprender todos desde cero”

Raquel Sánchez Fernández
Enfermera EBAP AGS Norte de Jaén. (Linares B de los Marqueses).

“ Ser creativo en las olas es un desafío, pero cada uno de nosotros crea arte a su manera”. Bethany Hamilton.

Olas… parecía una palabra agradable, sonaba a mar, con sabor a vacaciones y tiempos tranquilos, así era hasta marzo del 2020, cuando las olas se tornaron de cifras rojas terroríficas, cuando empezamos a no salir de una cuando de pronto estábamos de lleno en otra. En cuestión de semanas todo cambió y apareció el miedo a ir al trabajo, conducir con autorización por unas calles desiertas, ciudades paralizadas y, como no, mi trabajo en atención primaria también inmovilizado, todo lo que hacíamos hasta ese momento se detuvo, y empezamos a dedicarnos a otras actividades totalmente diferentes. Tuvimos que aprender todos desde cero.

De forma imprevisible nos alcanzó la primera ola, todo se detuvo para parar los contagios, centros de salud deshabitados de usuarios, una persona en la puerta, a modo de guarda de seguridad, pregunta a cada persona que se acerca y mide su temperatura, así empieza un cribaje para acceder al centro de salud, la atención de enfermería hasta entonces tan cercana, se vuelve distante, solo las personas con heridas complicadas son atendidas personalmente, eso sí, separados por capas de plástico construidas con creatividad por nosotros mismos, como si asistiéramos todos los días a clases de manualidades tratando de esquivar el contagio; no disponíamos de equipos de protección, los recursos para protegernos eran mínimos e insuficientes, y fue ahí cuando empezamos a trabajar sosteniendo el miedo al contagio, a ser contagiados y a contagiar a nuestras familias.

Lo primero que todos tuvimos que aprender era la forma correcta de ponerse y quitarse un EPI, conceptos aprendidos años atrás en libros, pero muy poco en la práctica; el uso correcto y tipos de las mascarillas, comenzamos a vestir con los uniformes de guardia, lo que nos daba cierta tranquilidad de no contagiarnos por nuestras ropas. Fueron dos meses de hacer strip-tease en la puerta de casa, en el lavadero, en la cochera, cada uno donde nos fuese más fácil despojarnos de nuestras ropas potencialmente contaminadas, meterlas en la lavadora a 60 grados y correr hacia la ducha para desprendernos de cualquier rastro del virus. Pocos días después nos presentaron a las que serían desde ese día nuestras fieles compañeras, las PCR, hasta ese entonces yo no había oído hablar de ellas, ni sabía como se hacían ni para que servían, pues aprendimos, en esta ola se hacían pocas, recuerdo como nos turnábamos para hacerlas porque nos daba miedo, miedo a entrar en contacto con el virus, miedo a no saber quitarnos bien el EPI , miedo a que el cliente tosiera, en definitiva sostener la incertidumbre de si nuestra protección era suficiente o no para no contagiarnos. Mientras iba creciendo el número de PCR a realizar, disminuían las demás tareas que hasta ahora veníamos realizando, las consultas se tornaron telefónicas en su mayoría, los programas de salud que hasta ahora dedicábamos tantas horas, ahora parecían haberse ahogado en la magnitud de la ola. Era tal el número de PCR a realizar que por primera vez los enfermeros pudimos pedir analíticas, eso sí, solo para dichas pruebas, y aprendimos a pedirlas.

Cuando la incidencia empezó a bajar, parecía que lo peor ya había pasado, entonces apareció la modalidad nueva de aquello que llamamos “el rastreo de contactos”, pues nada, hicimos el curso para aprender a hacerlo, y allí estábamos nosotros, los enfermeros, realizando los rastreos, pidiendo PCR, realizándolas y dando resultados, sosteniendo el miedo al otro lado del teléfono cuando comunicamos un positivo, tranquilizando y resolviendo dudas de unos usuarios que se sentían desamparados, y nosotros sosteniendo la cruda realidad de que así era y no podíamos hacer más por nuestros pacientes, pacientes que en atención primaria conocemos, sabemos de ellos, de sus familias, de sus procesos, pacientes que en otros tiempos hemos dado respuesta a sus necesidades, y ahora no era suficiente.

Llegó agosto y con ello la premonición de la segunda ola, y nos presentaron esta vez a los test de anticuerpos, había que prepararse para la vuelta al cole, y realizar estos test a todos los profesores, de nuevo, los enfermeros aprendimos a realizarlos, interpretar los resultados y que hacer en cada caso, y así pasamos los enfermeros de primaria agosto, unos haciendo PCR, otros rastreando, otros con los test de anticuerpos, y alguno que otro realizando las consultas telefónicas y la poca labor asistencial presencial que continuaba, que yo llamo “la superviviente de AP”, y llegó la segunda ola, y se aumentaron las pruebas, los test, los rastreos, la Atención Primaria había muerto en la primera ola, y en esta segunda supimos que no podríamos recuperarla, al menos tal y como la conocíamos antes de la pandemia.

Era tal la cantidad de PCR que se realizaban al día, que los laboratorios se saturaban y los resultados empezaron a tardar en estar listos, fue entonces cuando para agilizar algunas circunstancias concretas, nos trajeron los test de antígenos, una vez más, y como era ya esperable, los enfermeros volvimos a recomponernos para aprender a realizarlos, como pasa en cualquier situación extrema, en pocos días cogimos todo el rodaje que se suele coger en semanas o meses en épocas tranquilas.

Fue así como pasamos la segunda y la tercera ola, acumulando cansancio, frustración y miedo, pues perdimos la esperanza de que esta fuese la última ola.

Y así, manteniendo el tipo, sosteniendo una labor que no podemos llamar Atención Primaria, perdiendo la cuenta de las olas, llegamos a diciembre, y dimos la bienvenida a las vacunas, vacunas extrañas, con mecanismos y protocolos de administración nunca antes vistos por nosotros, los enfermeros volvimos a aprender, vacunas, tipos, formas de dosificación y d administración, protocolos que se van actualizando cada día, población diana, como gestionar todo lo referente a vacunas, desde logística, a recursos humanos y materiales para vacunar a toda la población.

Si algo me ha enseñado esta pandemia, es la capacidad que tenemos los enfermeros de aprender y adaptarnos a las distintas circunstancias. Asumiendo roles nuevos y desempeñándolos con magníficos resultados. Ahora que sabemos que podemos ¡no nos paremos!

“Los vientos y las olas, están siempre del lado de los navegantes más hábiles”. Edward Gibbon.

Cómo citar este documento

Sánchez Fernández, Raquel. Olas.  Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 30/06/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=2091
 
 

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