Del miedo que te paraliza al afrontamiento que te fortalece

Al volver a casa añoramos el contacto de la piel de nuestros seres queridos”

Mercedes Muñoz Conde
Enfermera. Área de Gestión Sanitaria Este Málaga-Axarquía. Hospital La Axarquía, UGC Medicina Interna. Vélez-Málaga, Málaga, España

Después de 32 años trabajando en Medicina Interna te crees que puedes afrontar cualquier situación que les ocurra a tus pacientes. Pero nada más lejos de la realidad. Ha llegado esta pandemia para cambiar nuestros esquemas no solo en el trabajo sino también en nuestra vida personal.

He vivido el miedo al contagio cuando llegó el SIDA, de estudiante y al principio de la vida laboral. Teníamos aquellos primeros casos cuando aún no estaban diagnosticados y nos los comunicaban tras varios días de ingreso, quizás sea por el tiempo transcurrido o por el apoyo que nos prestábamos los compañeros en el día a día, nos sentábamos a descansar en el turno, tomábamos un café y hacíamos bromas. Ese miedo lo recuerdo distinto, al llegar a casa ocupabas tu mente con tus asuntos personales, tenías cerca a tu familia y amigos, seguías con tu vida.

En la actualidad esta pandemia ha paralizado nuestros proyectos y eso nos ha impactado tanto que nos sentimos bloqueados. En el plano laboral no se planifica nada que no esté relacionado con el coronavirus y en nuestra vida personal los planes de futuro no van más allá del día siguiente. No hay descanso en el trabajo ni cuando vuelves a casa.

En el hospital sobrevivimos cada día, se reorganizan servicios, cambian casi a diario los protocolos y todas las conversaciones giran en torno al coronavirus. La relación con los compañeros ha cambiado, ya no nos reunimos en el descanso con el pretexto de un café, no se escuchan bromas, nadie cuenta anécdotas graciosas que nos distraigan momentáneamente del miedo y dolor de los pacientes porque debemos guardar las distancias, no nos vemos cara a cara, las mascarillas, guantes, batas, todo eso que nos protege también nos aísla de nuestros compañeros y de los pacientes.

Se ven los pasillos, antes llenos de personas, ahora vacíos y cuando te cruzas con alguien ya no se oyen saludos, todos vamos en silencio, con prisas y a ser posible manteniendo las distancias. Ya no hay prisas por volver a casa, si tienes a tu familia en ella tienes miedo a contagiarlas y si las tienes lejos te oprime la soledad.

“Aislamiento”. Qué palabra más dura e impactante. Los pacientes se sienten solos y nosotras como enfermeras que con nuestras manos hemos llevado consuelo, apoyo y cariño, que hemos utilizado nuestra presencia para reconfortar o acompañar en los momentos difíciles, ahora debemos guardar distancias. También es muy difícil y frustrante para nosotras no poder practicar ese rol de ayuda como nos gustaría, no hay despedidas ni abrazos ante la muerte de un familiar y compartes en silencio el dolor ajeno.

“Quédate en casa”. Un perfecto eslogan para evitar contagios y que los sanitarios alentamos. Pero al volver a casa tras un día duro en el hospital añoramos el contacto de la piel de nuestros seres queridos, con quién compartir ese fluir de emociones, cómo gestionar en soledad esos sentimientos.

Eso pensaba y sentía hace unas semanas. A medida que transcurren los días, las vivencias te hacen cambiar. Eso que incitamos en nuestros pacientes, el “afrontamiento”, afortunadamente nos lo aplicamos a nosotros y despiertas de ese bucle de miedo a no saber qué ocurrirá mañana que te paraliza, te das cuenta que dispones de estrategias para superarlo y si no, las buscas en los demás de tu entorno. Sientes a toda la gente que te apoya desde la distancia y las percibes cada vez como más cercanas. Aprendes incluso a normalizar esta situación.

Nos inventamos cómo hacer que nuestros pacientes nos sientan más cerca, nuestra voz se hace más tranquila al hablarles, les enseñamos nuestras fotos para que nos pongan cara y les leemos cartas de sus familias, apoyamos a sus seres queridos reconfortándolos con nuestro respeto. Vuelven las bromas en el trabajo y si no podemos sentarnos a tomar un café quedamos para hacerlo de forma virtual al terminar nuestra jornada.

Sientes a diario el aplauso de apoyo. Ves por la ventana salir cada tarde a las 20 horas a tus vecinos y si alguien se demora en salir llamas para preguntar si se encuentra bien y te das cuenta que hasta antes de esta pandemia pasabas meses sin saber de ellos. Hoy no, cada día nos saludamos, nos interesamos por saber cómo están sus familias, nos animamos entre todos a superar esta crisis, nunca nos hemos sentido más unidos.

Cada día utilizas las vídeo-llamadas para comunicarte con tus seres queridos. Nunca hemos hablado tanto, hasta jugamos los fines de la semana a la lotería, en un afanarnos por estar cerca y tener un momento especial para compartir.

¿Qué pasará a partir de ahora? Nadie lo sabe, solo podemos seguir combatiendo como enfermeras en esta guerra pero con la fortaleza de sentirnos un equipo en la lucha. Nada une más que las desgracias. Mi madre, mujer sabia por sus años, siempre lo decía y hoy lo entiendo porque a pesar del miedo, del agotamiento, de los problemas personales, cada día volvemos a nuestro puesto a hacer lo mejor posible nuestro trabajo: cuidar a aquellos que nos necesitan.

En estas semanas he aprendido a tener plena conciencia de cada día. “El mañana” es lejano e incierto, pero “el ahora” decido cómo quiero vivirlo y qué sentimientos dejo que me inspiren.

Cómo citar este documento
Muñoz Conde, Mercedes. Del miedo que te paraliza al afrontamiento que te fortalece. Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 18/04/2020. Disponible en http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=200.

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