Si no puedes consolar, ¿acompaña?

“Los pacientes habían cruzado solos las puertas del hospital, cargando una mochila de incertidumbre y miedo”

Ángel Sagasta Coronel
Enfermero. Unidad de hospitalización Covid-19, Hospital Puerta de Hierro, Madrid.

Toda mi vida soñé en trabajar de enfermero. Después de años dedicándome a algo que no me gustaba (consultoría informática), decidí emprenderme de nuevo en la universidad para estudiar enfermería. Me gradué en 2019. Apenas un par de meses de experiencia en un servicio de psiquiatría en mi currículo y a principios de Marzo de 2020 recibo la llamada de recursos humanos del hospital Puerta de Hierro de Madrid, sin saber que esa sería la primera llamada de probablemente cientos que vinieron después de otros hospitales.

Durante la carrera oí una frase que se me quedó grabada y pensé tener siempre presente: “Si puedes curar, cura. Si no puedes curar, alivia. Si no puedes aliviar, consuela y si no puedes consolar, acompaña.” Jamás pensé que no podría acompañar a un paciente, pero esta terrible enfermedad casi que nos lo prohibió. Tenía mucha ilusión por comenzar a trabajar en lo que siempre he considerado mi vocación, si bien es cierto que siempre ante cambios nuevos me entran dudas e inseguridad acerca de cómo se desarrollaría todo y aún más, dada la emergencia sanitaria en la que nos encontrábamos.

Estuve durante más de tres meses en una planta dedicada exclusivamente a pacientes con covid-19. Lo mejor sin duda, creo que casi todos los que dedicamos a esta profesión estamos de acuerdo, es el equipo humano que estuvimos trabajando codo con codo. Nos apoyábamos mutuamente, cuando decaíamos siempre había algún compañero cerca que te animaba. Vi como se fue doblando y llenando la planta desde el principio, la sensación que tenía es que estaba en un hospital de guerra de esos que salen en las películas. Todos éramos novatos en esta enfermedad, recién titulados o no. Vestirnos con un equipo individual de protección al principio era una odisea. Estar horas con el Epi puesto, sudando y sintiendo que me faltaba la respiración y tan siquiera pasaba 5 minutos en cada turno con cada paciente.

Fue un difícil proceso de aprendizaje. Alrededor de la primera semana, cuando estábamos tratando de sobrellevar todo esto, no teníamos un buen plan sólido para poder tratar a los pacientes sintomáticos. No sabíamos exactamente cómo se propagaba el virus Para mí lo peor fue el no acompañamiento, ya que normalmente un paciente está acompañado por un familiar y aquí ni siquiera era posible que los profesionales le acompañáramos algo. Los pacientes habían cruzado solos las puertas del hospital, cargando una mochila de incertidumbre y miedo. Se despedían con tristeza y miedo de sus familiares sin saber cuándo iban a poder volver a verse o si quizás, en el caso de las personas más mayores, se volverían a ver.

Estoy seguro de que esta mochila también la cargaban familiares y acompañantes de regreso a casa. No sentía miedo por realizar mi trabajo, es más dentro de este caos, tenía ilusión, pues se trataba de la profesión que había ansiado tantos años y que me costó tanto trabajo llegar aquí. Pero he de reconocer que nunca hubiera esperado estrenarme así. Había que mantener una observación continua sobre los pacientes, vigilar sus constantes vitales.

Con el temor de que muchos de ellos, no tenían más opciones que estar en la planta ya que no iban a ser candidatos a UCI por edad u otras patologías. Esto fue algo que me impactó mucho pues veía morir “abuelitos” solos casi sin poder hacer nada por ellos. Durante estos tres meses, me alojé en un hotel para sanitarios pues procedía de otra comunidad distinta a Madrid y al principio no era fácil encontrar alojamiento. Todos los que nos encontrábamos allí hicimos una gran familia que aún hoy mantenemos. Nuestras vidas giraban 24h entorno al mismo tema. Nos veíamos en el hospital tratando a paciente covid, y luego en el hotel coincidíamos para comer o cenar y siempre hablábamos de nuestras vivencias.

A todos nos unía dos factores en común, el primero nuestra vocación y dedicación por el cuidado de otros pues la mayoría habíamos dejado todo por estar ahí. El segundo estar separados de nuestras familias, no poder verlos de cerca, no poder abrazarlos ni compartir momentos al volver del hospital. Algunos incluso habíamos dejado en casa a nuestras parejas e incluso hijos para estar “confinados” en un hotel por tiempo indefinido. Al final estuvimos unidos hasta finales de junio, momento en el que ya pudimos viajar a nuestra comunidad de origen para poder visitar a familiares. El Hotel estaba retirado y nunca vi escenas de aplausos más que las que salían por televisión. Aun así notaba el apoyo de la gente y más aún de los pacientes. Ellos mismos nos daban ánimos y las gracias por el trabajo que estábamos realizando y la verdad es que me hacía sentir orgulloso. Recuerdo que los días parecían eternos hasta que algún paciente se iba de alta.

En muchos momentos éramos los sanitarios los que aplaudíamos a los pacientes a su salida. En la otra cara de la moneda estaban los que nunca salían de allí vivos. La cara de todos los que trabajábamos en planta era de desolación y más aún cuando ni siquiera podía ser despedidos por familiares dada la incertidumbre que existía por el posible contagio. Actualmente he vuelto al servicio de psiquiatría donde me estrené como enfermero el año pasado. Y comparándolo con el año pasado, los problemas relacionados con la salud mental se han visto agudizados. Se percibe un considerable aumento de ingresos y muchos relacionados con la covid.

También se hace más larga la estancia de estos pacientes pues al estar restringidas las visitas de familiares, los ingresos se hacen mas largos al no tener la cercanía ni apoyo de sus familiares. Realmente diría que ha sido una experiencia enriquecedora a nivel personal, a la vez que muy dura, como siempre suele pasar con este tipo de experiencias, pero sin duda si se volviese a repetir la situación, y aún no hemos terminado, diría que sí sin dudarlo dos veces. Volvería a pasar por lo mismo y volvería a dar todo lo mejor de mí para el cuidado de los demás.

Cómo citar este documento

Sagasta Coronel, Ángel . Si no puedes consolar, ¿acompaña? Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 23/01/2021. Disponible en:
 

Volver a Sumario de narrativas
Elabora tu propia narrativa

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *