De ser alumno de enfermería a estar en primera línea de batalla en tan solo unos meses

“Es como si te enviasen a primera línea de una guerra, expuesto ante el peligro con una escasez tanto de recursos humanos como materiales”

Steven Saavedra Sánchez
Unidad de Cuidados Intensivos, Hospital Son Llatzer, España.

Terminaba el mes de febrero y todo iba rodado durante el último año de grado, me encontraba muy motivado realizando el penúltimo rotario de prácticas en urgencias intrahospitalarias a la vez que realizaba el trabajo fin de grado (TFG). Al comenzar marzo solo faltaría finalizar el último rotatorio en la unidad de cuidados intensivos (UCI), y tras cuatro años intensos y más cortos de lo que esperaba, terminaría defendiendo el TFG y cerraría otra etapa más, que sería a su vez el comienzo de otra. Pero a penas pasados unos días de marzo a los alumnos de enfermería y otras profesiones sanitarias nos cancelaron las prácticas en los distintos centros sanitarios; al principio solo pensamos que sería cosa de días o alguna que otra semana, pero de pronto decretaron el estado de alarma en toda España, y ahí empieza la incertidumbre de que iba a pasar con nosotros.

Las dudas van creciendo y en abril seguíamos sin respuesta por parte de la universidad, no sabía si iba a graduarme en junio o septiembre, o la peor opción que sería alargarlo todo un curso más debido a la situación. Tras un largo confinamiento llegaba final de mayo y por fin iba a tener noticias por parte de la facultad, finalmente el último rotario de prácticas asistenciales se sustituirá por un curso sobre la Covid-19, y el TFG solo tendríamos que defenderlo en caso de fuera necesario de forma online. Un final amargo, perdía mis prácticas en UCI, no tendríamos ni viaje ni graduación y no había podido despedirme de mis compañeros de los últimos cuatro años, que en algunos casos se han convertido en amigos. A pesar de todo había llegado al final del camino después de cuatros años, ahora comenzaría otra etapa, pero con la gran incertidumbre de donde cuál sería mi primer trabajo como enfermera. Un dieciséis de junio por fin recibía mi título, decidí echar currículos por varias comunidades autónomas de España, y a cuando apenas había pasado un día recibo varias llamadas ofreciéndome varios contratos, parece ser que la pandemia había generado muchos puestos de trabajo para las enfermeras.

Finalmente acabé con un contrato de verano en la unidad de hospitalización de oncología, una semana después de haber acabado ya comenzaba mi aventura como enfermera. La primera ola de la pandemia había acabado, pero ya se comenzaba a hablar de una segunda después del verano, a pesar de ello la unidad de oncología estábamos blindados como destino de pacientes Covid-19 debido a la situación de los pacientes. El verano transcurrió muy rápido, la experiencia en oncología había sido maravillosa, más que técnicas había aprendido a cuidar en situaciones del final de la vida, a humanizar cuidados ante la muerte. El contrato de verano había finalizado y estábamos en plena segunda ola de la pandemia, de nuevo la incertidumbre de donde acabaría tras acabar el verano. Y de pronto recibiría una llamada que lo cambiaría todo, una oportunidad única pero que conllevaba un reto difícil de afrontar; era un contrato en la unidad de cuidados intensivos, en plena segunda ola y sin ninguna experiencia previa.

Llegaba el primer día, un lugar donde la presión se notaba en el ambiente, allí estaba sin ni siquiera saber dónde dirigirme. Me acerque a un compañero que tenía aspecto de ser un veterano en la unidad y me presente, él me pregunto que si había estado antes en una unidad de intensivos, y yo literalmente le respondí que era la segunda vez que entraba en una UCI, la primera como enfermera. Como yo había otros muchos compañeros, casi la mitad de la plantilla íbamos debido a la segunda ola en la cual nos encontrábamos inmersos; éramos recién graduados sin previa experiencia en primera línea de batalla, en un terreno hostil para nosotros rodeados de pacientes covid en una situación crítica. Comenzaba el primer turno y los nervios estaban a flor de piel, a las enfermeras nuevas nos asignaron a los pacientes que estaban más estables, a pesar de esto, la palabra estable se reflejaba poco en los pacientes; todos se encontraban intubados y conectados a un respirador, sedoanalgesiados farmacológicamente, rodeados de monitores y bombas de perfusión, con todo tipo de vías invasivas, etc.

Me sentía desubicado, solo escuchaba alarmas de los distintos monitores sin saber cómo actuar, todo lo estudiado en el grado y en los días previos se habían ido, allí me encontraba solo en medio del campo de batalla. Todo el turno los nuevos nos apoyábamos constantemente en los veteranos, estos encantadamente nos ayudaban pero había momentos en los que era imposible, la carga de trabajo era muy elevada para el número de profesionales que allí estábamos. Los días iban pasando, y literalmente era como una batalla, ibas a sobrevivir durante tu turno; incluso con la incorporación de todos los nuevos que habíamos llegado no era suficiente. Durante muchos turnos se pasaba mal, te veías desamparado y no te quedaba otra que tirar para adelante como podías, pero lo primero eran los pacientes y el cuidado de estos estaba por encima de todo. Y está es la realidad de la pandemia desde el punto de vista de una enfermera recién graduada, te destinan a una UCI sin experiencia previa, con una excesiva carga de trabajo y unos recursos insuficientes. Es como si te enviasen a primera línea de una guerra, expuesto ante el peligro con una escasez tanto de recursos humanos como materiales, donde te sientes desprotegido en muchas ocasiones, solo tienes el apoyo de los mismos compañeros, que en algunos casos se encuentran en peor situación que uno mismo. Pero a la vez observas como la población en general siente otra realidad paralela, esa realidad guiada por estadísticas sesgadas que muestran las noticias, que hacen creer a la población que el Covid-19 no está teniendo el mismo impacto que al comienzo de la pandemia; y mientras la población sale a la calle sin preocupación ninguna, las unidades de cuidados intensivos (UCIS) siguen colapsadas, acogiendo pacientes por encima de sus ratios normales.

Tras varios meses de pandemia los aplausos se han convertido en insultos para muchos colectivos, las UCIS siguen saturadas, los profesionales y recursos materiales son insuficientes, los políticos no son capaces de llegar a ningún acuerdo por el bien común de la población, y cuando aún no se ha acabado una segunda ola la tercera ya se empieza a divisar por parte de los sanitarios. Mientras tanto, como tantas otras enfermeras, iré cada día a cuidar a mis pacientes y sus familiares y a prestarles los mejores cuidados posibles que se les pueda ofrecer.

Cómo citar este documento

Saavedra Sánchez, Steven. De ser alumno de enfermería a estar en primera línea de batalla en tan solo unos meses. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 11/12/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1920
 

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