Tiempos de cambio

“Si tenemos que ir a la guerra con bolsas de basura y gafas de buceo como equipos de protección individual, iremos”

David Hernández Galván
Enfermero. Residencia. España

Al comenzar la pandemia, se pudo observar la sorpresa general en la población de mi ciudad, pero, tal fue el impacto en mi lugar de trabajo, que incluso tardamos un poco más que el resto de gente en reaccionar. Las residencias concertadas, en mi comunidad autónoma, no están integradas en circuitos sanitarios públicos y, de alguna manera, fuimos los primeros en quedar excluidos de la reacción y medios generales. También fuimos los primeros en caer en la pandemia. En mi caso en concreto, como coordinador de enfermería de una residencia privada, he podido vivir de cerca lo extremo y horrible que ha llegado a ser y está siendo este problema. No obstante, con suerte y buen hacer, no hemos tenido casos de pacientes positivos entre nuestros residentes. No ha sido así en el resto de residencias cercanas, llegando a estar estas residencias intervenidas por servicios de Sanidad. Hemos podido comprobar, de primera mano, la desconexión y la exclusión por parte de los medios nacionales y públicos de salud con las residencias privadas, los cuales han puesto de su parte medios irrisorios en las primeras semanas de la pandemia.

Aún recuerdo como el servicio de salud pública de mi región reaccionó la primera semana de pandemia, mandando a un repartidor con una caja de fruta (literalmente) que contenía un paquete con 50 mascarillas de papel, tras haber anunciado en todos los medios que iban a enviar grandes dotes de material a las residencias. Aun guardamos como objeto de reliquia la caja de fruta que contenía aquella enorme ayuda. También recuerdo como uno de nuestros proveedores farmacéuticos nos contó que los pocos materiales de protección individual que nos traía, los tenía que esconder en el coche, por miedo a que, en algún control policial, los propios cuerpos de seguridad se los requisaran. A este nivel de inseguridad llegamos en las primeras semanas de pandemia. En mi lugar de trabajo se nos impuso confinar por habitaciones a los casi 200 pacientes del complejo residencial y, gracias entre otras cosas a la arquitectura del edificio, pudimos aislar también a los grupos de trabajo de las distintas zonas del edificio. De este modo, creamos casi 10 grupos de auxiliares y profesionales independientes, que no se cruzaban en ningún momento de la jornada de trabajo. Tampoco entraba nadie a la residencia desde el principio que no fuera trabajador, salvo las visitas de familiares. Estas visitas se realizaban bajo estrictas normas de seguridad e higiene, por supuesto. Siendo esto un punto bastante duro de cara a los pacientes, muchos de ellos por circunstancias familiares no pueden ver a sus allegados desde hace mas de medio año debido a las restricciones de movilidad entre comunidades autónomas. De alguna forma, salimos de la primera ola, he de reconocer que aun no hemos tenido tiempo de pensar debidamente cómo salimos de ella, pero lo conseguimos de manera indemne.

Tras ello, nos pudimos preparar debidamente y con tiempo para la segunda ola. Compramos todo el material que pudimos y confinamos, esta vez, por zonas la residencia. Cada planta se confinó en dos zonas y, de manera independiente, se creó una zona de aislamiento. Dicha zona de aislamiento se utiliza para aislar a los pacientes que vuelven de citas o del hospital durante al menos 10 días, aunque la PCR y test de antígenos sean negativos. Esto también es fácil ordenarlo y muy difícil llevarlo a la práctica. Me ha costado mucho, que incluso después de que toda la sociedad esté concienciada debidamente del problema de la pandemia, se sigan respetando las medidas de higiene básicas respecto al Covid. Después de llevar mas de medio año en la batalla, tengo que seguir reclamando que se pongan correctamente la mascarilla algunos trabajadores, parece que la suerte no se nos agota, ni la paciencia. Por otro lado, los pacientes están adaptándose, de manera perfecta a las medidas, mucho mejor que nosotros los trabajadores. Ellos han aceptado sin rechistar la problemática e incluso han integrado hábitos de higiene de manos o distanciamiento social en su día a día. De igual manera, la situación de la gestión administrativa sigue igual que antes de comenzar la emergencia sanitaria. Para pedir una analítica de urgencias, tengo que citar al paciente con su médico del centro de salud, que me den cita para dentro de una semana, me cursen la analítica para pasados unos días, realice la extracción, vuelva a citar unos días después al paciente con su médico, me dé cita de nuevo para dentro de otra semana, y, por último, que el médico del centro de salud me imprima los resultados de la analítica. Como si no tuviéramos nosotros médicos excelentes en nuestras residencias. Pues para sacar una analítica urgente, el único medio disponible es el de esperar mínimo 2 semanas, como si las urgencias en una residencia se pudieran demorar.

A este nivel de fallo administrativo y de gestión del sistema público y, el respectivo enlace con lo privado, estamos llegando. Con estos medios nos estamos enfrentando a una pandemia que está asolando al mundo. Ahora bien, no bajamos los brazos ni nos hundimos en la desesperación, al menos el equipo de sanitarios. Sabemos que la recompensa de ser estrictos está dando sus frutos, al ver que nuestros residentes están en perfectas condiciones. Seguramente, una de las cosas que mejoremos cuando todo esto termine, es que no hay que estancarse y tenemos que buscar continuamente mejorar, tanto en cuestiones asistenciales, como en educación de los profesionales en evidencia científica, como en gestión sanitaria. Porque ya hemos visto las carencias que tenemos, quizás en la próxima pandemia nos pille bastante mas preparados.

No obstante, si tenemos que ir a la guerra con bolsas de basura y gafas de buceo como equipos de protección individual, iremos. Ya que nos hemos defendido de una guerra, la de la primera ola, con cualquier cosa que pillábamos. Por ello, imagino que dicen aquello de “los sanitarios tenemos el cielo ganado”. Tan solo esperemos que la próxima pandemia, podamos organizarnos en mejores condiciones.

Cómo citar este documento

 Hernández Galván, David. Tiempos de cambio. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 11/12/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1913
 

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