Enfermera de trinchera

“Solo pido que en estas épocas difíciles todos seamos un poco enfermeros, que cuidemos tanto de nosotros como de la población”

Andrea Blanco Pérez
Unidad Covid/ Plantilla volante. Hospital Universitario de El Bierzo, España.

Comienzo presentándome como enfermera, profesión que tuve clara desde niña y aún más durante la adolescencia. Comencé mis estudios de enfermería y aún me enamoré más de esta profesión. Me quedé coladita de Florence Nightingale, de cada una de las técnicas y cada uno de los ámbitos que abarcan la enfermería desde la urgencia vital hasta el acompañamiento paliativo y es que, poca gente puede decir que se dedica a CUIDAR. Terminé la carrera y todo estaba ordenado en mi cabeza para lanzarme a ese ansiado mercado laboral. Alguna persona, como si de brujo se tratase, me mencionó la célebre frase de Art Williams “No te diré que será fácil, pero te diré que valdrá la pena” Un año después de comenzar mi práctica asistencial en un hospital llegó la pandemia. Casi no me había dado tiempo a interiorizar cada uno de los servicios a los que me llevaba mi contrato en la plantilla volante cuando de repente todo se transformó en plástico y olor a lejía. Es una transformación total del ámbito laboral y de la organización de trabajo hasta el momento, faltan protocolos e información y no sabes muy bien contra qué luchas o cómo enfrentarte a ello. No encuentro situación parecida para poder describirlo, la atención se centra en ti, en el personal sanitario y en cada uno de nuestros pasos para luchar contra los síntomas y las complicaciones de este virus. Supongo que siempre que eres “novata” te sientes perdida ante las contingencias que surgen a tu alrededor, pero esta vez era diferente, todo el personal mostraba esa desconfianza que se contagiaba entre todos los profesionales.

Enfermería juega un papel indiscutible en el acompañamiento al paciente. Transmitimos cercanía y empatía. Pero resulta imposible. Recuerdo el trabajo sin Covid-19: entrar en una habitación y hablar horas con los pacientes, ya sabéis, echarles una sonrisilla a esas abuelas de medicina interna y decirles lo guapas que están hoy. Aprender de ellos y de sus “cuando yo era joven…” Preguntarles por su familia, sus hijos y sus nietos, porque todos sabemos como les gusta a los abuelos presumir de nietos, pero ahora ni me atrevo; alguno ni siquiera ha tenido contacto con su familia desde el ingreso. Doble mascarilla y pantalla que lo único que dejan ver de ti es una mirada. Dar la mano o tocar a los pacientes ahora solo está permitido con doble guante. El distanciamiento enfermería-paciente es evidente. Ni siquiera podrán reconocer tu cara cuando se vayan de alta.

Después de varios meses trabajando en la planta Covid el balance es positivo, hemos sabido sobreponernos a la situación, aunque espero no acostumbrarme nunca a este distanciamiento terapéutico que roza la deshumanización, aunque las situaciones lo precisen. La vida de todos ha cambiado, la mía se ha puesto patas arriba. He sentido mucha responsabilidad y eso supuso independizarme de manera repentina, no tenía bastante con aprenderme los protocolos de los diferentes tipos de muestra PCR que me abalancé a la vida “adulta”, lo último en lo que quería convertirme era en un vector para mi familia. Mis amigos respetan mi profesión y nos admiran por el trabajo que realizamos, pero mientras estemos en la “cresta de la segunda ola”, mejor lejos y no puedo juzgarles por ello. Mientras me adaptaba a la nueva forma de trabajar y pasaban los turnos, nada mejor que tus compañeras de batallas y de planta para repasar las jugadas, personas que conociste con mascarilla quirúrgica y a las que aún no te haces a su cara sin ella, hasta cuando pienso en ellas las veo con mascarilla, es algo increíble.

Puedo decir que con 24 años he vivido al máximo la pandemia y estar en el ojo del huracán te hace replantearte cosas, empezando por el sistema organizativo, ¿dónde están los profesionales? La escasez de profesionales tanto de enfermería como de otras especialidades es un hecho que nadie ha conseguido abordar y en el que aún no hay ninguna solución. Trabajo en un hospital pequeño y he podido vivir muchas bajas de compañeras por contagio, sin ningún tipo de sustitución. Sé que la enfermería es fuerte y que nos crecemos como equipo ante las adversidades, pero también soy consciente de que este nivel de estrés no se puede alargar mucho en el tiempo sin que tenga consecuencias negativas tanto para los profesionales como para la propia organización y de forma directa en el propio cuidado del paciente. En muchos momentos nos hemos sentidos solos, sin nadie que promocionara nuestro engagement o que nos diera ese empujón para terminar la jornada después de horas y horas con el maravilloso EPI.

Necesitamos el apoyo de la sociedad para continuar con esto y sentir que todo nuestro esfuerzo no es en balde. Vienen épocas difíciles, pero seguimos dispuestos a estar al pie del cañón por los pacientes y las familias que no pueden acompañarles. Sé que esta nochevieja cambiaré las lentejuelas por un mono impermeable y las doce uvas por ampollas de dexametasona; y me hará estar feliz, por entender que estoy donde tengo que estar. Entendía perfectamente la importancia de la enfermería, pero el destino ha querido grabármelo a fuego en la memoria con esta situación excepcional. Me queda claro que elegí la profesión adecuada y que me gusta, pero también que ese brujo que mencioné al principio, un veterano en esto de la sanidad y el cuidado, tenía razón.

Las dificultades existen todos los días y sacaré una actitud excelente de esto para poder extrapolarlo al resto de momentos complicados que surjan en mi vida. No pensé que mi “debut” como enfermera fuera a exigirme tanta dedicación, tantas PCR y tantas situaciones tristes que sobrellevar, pero también me deja una lección aprendida. Por último, me gustaría mandar un mensaje a todo el que lea este pequeño texto, independientemente de su profesión. Ya os he comentado cuales son las características de la profesión más bonita del mundo para mí, solo pido que en estas épocas difíciles todos seamos un poco enfermeros, que CUIDEMOS tanto de nosotros como de la población en general, que empaticemos con los demás y que acompañemos siempre a los nuestros, aunque sea desde la distancia.

Cómo citar este documento

Blanco Pérez, Andrea. Enfermera de trinchera. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 11/12/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1910
 

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