La resistencia no es solo aguantar sino construir algo nuevo.

“Creo que es necesario pensar cómo vamos a reconstruir, como vamos a recuperar el tiempo perdido”

Maria Elena García Manzanares
Cirugia General y del Aparato Digestivo. Consulta de Ostomias. Hospital Universitario 12 de octubre (Madrid), España.

Marzo y los siguientes meses se presentaban “intensos” para mí: cursos de formación (como alumna y como docente), una nueva edición de nuestra Escuela de Salud, la consulta de Ostomías a pleno rendimiento, congresos, tutorización de alumnos de grado y TFG… y lo que surgiera. Siempre ando metida en un montón de cosas. Me cuesta decir “no”. De repente un parón raro, extraño, amenazante. Y muchas sensaciones: peligro, miedo, incertidumbre… No sabíamos bien que pasaba ni sabíamos que hacer. Había que protegerse, pero no había mascarillas ni equipos de protección. Algunos compañeros fabricaban mascarillas caseras, otros hacían pantallas con portafolios… Yo los miraba con asombro e incredulidad. No podía ser… era como estar viviendo una pesadilla. En algunos momentos, sentí que mi vida no valía nada. Bueno, ninguna vida. Era un “sálvese quien pueda” en el hospital y también en la vida: en los supermercados, con la compra de mascarillas, cuando querías hacer un pedido de alimentos y no encontrabas ninguna franja horaria libre en semanas… Había que seguir trabajando porque los sanitarios somos “trabajadores esenciales”. Y así lo sentía yo también cuando estaba en el hospital, pero, cuando estaba en casa, me hubiera gustado poder teletrabajar igual que lo podían hacer otros familiares o amigos. Tenía miedo de ir a trabajar porque sabía que no teníamos la protección adecuada ni sabíamos la magnitud real de lo que estaba pasando.

Nunca he pensado dejar de ser enfermera, pero, en ese tiempo reconozco que, en algún momento, se me pasó por la cabeza. Sabemos que, por nuestro trabajo, tenemos riesgo de contraer enfermedades o de sufrir accidentes, pero, en este caso, la sensación de desprotección era total. Tras unos días de parón en la actividad presencial en la Consulta de Ostomía, de repente, cambio de ubicación. Había que reforzar otro servicio. Estaba contenta, quería ayudar, pero, a la vez, estaba nerviosa porque no quería que me destinaran a una unidad en la que no pudiera resolver porque sabía que no había tiempo de enseñar a nadie y era necesario ponerse manos a la obra rápidamente. Estuve colaborando en la organización de los traslados de los pacientes desde nuestro hospital al hospital de IFEMA y a los hoteles medicalizados. Estuvo bien porque era algo nuevo que se organizó desde cero y, además, estaba con mi amiga y compañera “C”. Trabajamos a gusto. Conocimos a personas geniales, con ganas de trabajar, de hacer las cosas bien, a los que no les importaba quedarse un rato más, hacer un poco más… Eso te anima y te contagia. Fue una experiencia enriquecedora y gratificante y, sin duda, te ayuda a seguir adelante. Por suerte estar en esta nueva ubicación me permitía ocuparme también, con la ayuda de “C”, mi compañera de la consulta, de la atención a los pacientes ostomizados y sus familias.

Esta atención tuvo que pasar a ser telefónica y por correo electrónico, pero creo, que, a pesar de las limitaciones, resolvimos muchas situaciones relacionadas con el material de ostomía, solventamos dudas y orientamos la resolución de complicaciones. Estoy muy satisfecha porque una de nuestras prioridades de nuestro cuidado es que los pacientes sean independientes y solucionen sus propios problemas y los pacientes lo estaban haciendo muy bien. Fuimos llamando a los pacientes que estaban inicialmente citados en esas consultas presenciales que hubo que suspender y, en general, se las estaban arreglando bastante bien. Tenían muchas ganas de hablar, así que aprovechamos para dar apoyo e insistir en que comieran sano y se mantuvieran activos, dentro de lo posible. Las familias, en general, parecían unidas y pendientes de los suyos. Y nosotras también notamos la cercanía en esas llamadas y mensajes de ánimo y su preocupación por nuestro estado de salud. Fueron muy emotivos e intensos los momentos en los que los familiares nos llamaban para comunicarnos que su familiar había fallecido y querían darnos las gracias por todo… En este tiempo también pude reforzar la atención intrahospitalaria a aquellos pacientes que fueron ostomizados durante esos meses, puesto que estaban ingresados en unidades “reconvertidas” en las que, en muchos casos, los profesionales no estaban familiarizados con las ostomías en personas adultas y/o no tenían el material necesario en la unidad. Esto también fue una experiencia muy gratificante porque las compañeras agradecían mucho este apoyo y asesoramiento. También en esto fue esencial la ayuda de “Ch” que, con su motivación y gusto por el cuidado a la persona ostomizada, también atendió a algunos pacientes ingresados y recientemente intervenidos.

Esta atención intrahospitalaria fue vital para que el seguimiento a distancia tras el alta fuera más sencillo contando, además, con la coordinación con las enfermeras de Atención Primaria de la zona, que también estuvieron ahí y constituyeron un apoyo fundamental para que las personas ostomizadas y sus familias. Ahora todavía no estamos funcionando al 100%. Aún hay cierta limitación en la atención presencial y continuamos dando mucho soporte a distancia. La atención en consulta ha cambiado de forma importante: las mascarillas, las pantallas, las batas y, sobre todo, la falta de contacto, dificultan la comunicación y el acercamiento. Pienso en si esta atención tan “plastificada”, con tantas barreras, satisface las necesidades de estas personas que viven una situación vital tan importante y complicada. Las visitas están limitadas, los acompañantes no pueden entrar en las habitaciones, en las consultas… Siempre decimos que el paciente y la familia son el núcleo de la atención, pero ahora los familiares no tienen cabida en los centros sanitarios ni sociosanitarios. Eso me preocupa. Muchos pacientes están viendo retrasadas sus pruebas, sus consultas de seguimiento y sus cirugías para la reconstrucción del tránsito intestinal y el cierre de los estomas… me preocupan los daños colaterales y las secuelas que esos retrasos puedan tener. También estamos observando pacientes que han ganado bastante peso en este tiempo, quizá porque han ido descuidado su autocuidado.

A veces vemos tristeza a través de sus mascarillas, están más callados, preocupados por el futuro… Otros nos cuentan historias de enfermedad, secuelas, soledad, problemas económicos, pérdida de familiares… Ya van pesando los meses. Creo que es necesario pensar cómo vamos a reconstruir, como vamos a recuperar el tiempo perdido. Al igual que están haciendo profesionales de otros sectores, los profesionales sanitarios también debamos agudizar el ingenio y “reinventarnos” a pesar de las circunstancias, sin acomodarnos en ellas. Reinventarnos porque eso también nos ayudará a seguir adelante, volver a ilusionarnos, porque la resistencia no es solo aguantar sino construir algo nuevo. Quizá explorar nuevos caminos nos permita conocer nuevas realidades y formas de cuidado.

Cómo citar este documento

 García Manzanares, María Elena.  La resistencia no es solo aguantar sino construir algo nuevo. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 11/12/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1907
 

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