Y volver a empezar

“Antes de esta situación no nos mirábamos a los ojos y ahora nos entendemos por la mirada”

Elena Sutil Rodríguez
Unidad de Cuidados Intensivos. Hospital Virgen de la Concha, Zamora (España).

Estábamos preparados, o creíamos estarlo por lo menos; todo organizado por si llegaba algún paciente Covid, los protocolos leídos, y de repente un día llegas a trabajar y todo tu entorno se ha desmantelado. No se en que momento ocurrió, pero, como si te hubieras despertado de un mal sueño pasamos de ingresar a nuestro primer paciente Covid y tenerlo controlado, a tener la unidad llena y todo patas arriba, literalmente: mesas improvisadas llenas de material, bolsas de todos los colores, gafas, pantallas, cinta para delimitar el suelo, etc… Podría seguir describiendo cosas , pero nada es comparable a la imagen que queda grabada en tu retina. Por si eso fuera poco, los nervios a flor de piel, todo el mundo alterado, opinando, muchas veces levantando la voz más de lo habitual, discusiones tontas, añadiendo más estrés a la situación. Y siguen llegando protocolos nuevos, y ahora las bolsas para desechos cambian de color, y al día siguiente, ya no se usan bolsas , son contenedores, que un día no se cierran, pero al día siguiente ya hay que cerrarlos, y llega un desinfectante nuevo para las gafas, que ya no es el que usamos ayer, y hay que aprender a prepararlo, y otro protocolo con cambios…y los compañeros elevan la voz y los sentimientos están desbordados, haciendo que las lagrimas se escapen de manera incontrolada, al contrario que hacía diez minutos, cuando nos estábamos riendo del aspecto que teníamos con los monos y las gafas puestos.

Poco a poco te vas acostumbrando y asumes que tiene que ser así, y lo asumes, porque cuando entras a un box el mundo cambia de nuevo; es como si lo que he descrito antes fuera un mundo intermedio de paso, que te lleva a tu paciente, y allí con él, vuelvo a encontrar la tranquilidad y el sosiego, que es lo que ellos necesitan; y se te olvida que llevas un equipo horrible que casi no te deja ni ver, te aprieta y te hace sudar como nunca, porque te dedicas a cuidarlo como mejor sabes hacerlo y a luchar para que todo salga bien y mejore, da igual el tiempo que estés dentro, porque mientras estás allí trabajando todo lo demás se olvida. Ya cuando sales, tienes tiempo de lamentarte con los compañeros, del daño que te han hecho las gafas, o de la presión que notabas en la cabeza, que en algún momento te había producido hasta ganas de vomitar. Y así transcurren los turnos, entre risas, llantos, estrés, sosiego, trabajo, dolor y una tristeza enorme que casi podría asegurar que nos ha invadido a todos los que trabajamos en esta situación. Al trabajar con pacientes críticos, se supone que tienes experiencia para enfrentarte a situaciones duras, los pacientes se debaten muchas veces entre la vida y la muerte y eso, tú lo vives en primera persona; pero nada comparable a lo que estamos viviendo ahora; esa tristeza de la que hablo , que se ha apoderado de mi y que hace que no quieras hablar de la situación con nadie de fuera de tu entorno de trabajo. Es muy difícil describirlo, no puedes expresar lo que sientes sin que se te escapen las lágrimas y realmente, no quiero hablar de ello, porque creo que solo puede entenderlo quien lo está viviendo.

Llegas a casa, y como si tuvieras un interruptor que pudieras poner en standby, cambian tus prioridades, te entra miedo, empiezas a pensar si en algún momento has podido descuidar las medidas, porque todos somos humanos, y esos pensamientos te hacen separarte de los tuyos; no quieres que tu familia pueda llegar a estar en la situación en la que acabas de dejar a tus pacientes, y te alejas de ella, en la medida de lo posible, que por suerte en mi caso, ha podido ser en el mismo entorno. Se hace duro estar a cierta distancia de ellos, y no poder calmar tu día a día con abrazos o besos, pero por lo menos los veo; tengo compañeros que se han separado de su familia para protegerla durante meses, manteniendo solamente contacto vía telefónica o a través de video llamadas; ellos si que son héroes de verdad, soportar la presión, solos y no desfallecer, de verdad que no es fácil. Por las noches no es fácil conciliar el sueño, es inevitable dar un repaso al día tan intenso y pensar… Y en mis pensamientos no falla el recuerdo todos los días de los familiares de esos pacientes, que llevan sin verlos días, semanas, meses… y que viven pendientes de una llamada telefónica que les pueda permitir seguir otro día más manteniendo la esperanza, y eso me hace llorar, no puedo pensarlo sin hacerlo, quizá sea ,de todo lo que estamos viviendo, lo que más me ha impactado y lo sigue haciendo, pero a la vez me da fuerzas para seguir adelante y luchar, para conseguir que puedan volver a tener a su familiar entre ellos y que todo esto quede en una horrible pesadilla.

No veo, ni escucho las noticias, no me interesan las cifras, no leo los whatsapps ni los memes de la pandemia; algunas personas pensarán que vivo en otro mundo, y es que es así, quiero vivir en otro mundo, necesito otro mundo paralelo para sobrellevar la situación, ver películas, hacer tartas, leer, cualquier cosa que me haga olvidar. Otro día más, vuelvo a trabajar, de camino al trabajo voy cantando en el coche – siempre me ha encantado ir cantando con la música de fondo – aparco y mientras camino hacia el hospital, miro hacia las ventanas de la cuarta planta, veo sus luces encendidas y hago un análisis rápido, recuerdo a los pacientes que dejé el último día que trabajé, y pienso en como habrá cambiado la situación.

Llego a la entrada de los vestuarios y cojo aire, como si necesitara oxigenar un poco más mis pulmones; te vas cruzando con compañeros por los pasillos y te miras a los ojos, que es lo único que se ve, quizá, si lo piensas, antes de esta situación , no nos mirábamos a los ojos, y ahora, nos entendemos por la mirada. Cuando llegamos a la planta estamos risueños, hablamos de la tarta que hemos hecho el día anterior, bromeamos sobre como nos quedan las mascarillas, los gorros…Es como una forma de coger fuerzas antes de mirar de nuevo el entorno que nos rodea y volver a empezar.

Cómo citar este documento

Sutil Rodríguez, Elena. Y volver a empezar. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 03/12/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1877
 

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