Alarma social y dejadez

“Se decía que íbamos a salir fortalecidos, mejores personas. No lo creo. Sálvese quién pueda”.

Susana Domingo
Hospital Santa Bárbara de Soria. Rehabilitación

Todos pensábamos que era como una nueva gripe, sin más complicaciones ni problemas. Y así se lo hacíamos saber a los pacientes la semana antes de la instauración del estado de alarma. ¿Mentíamos? No. Eso era lo que a nosotros se nos transmitía en el hospital. Por eso lo banalizamos tanto. Usábamos la misma mascarilla durante una semana (no había, o eso decían), con todos los pacientes y en todas las plantas. ¡Ah, sí! Mascarilla quirúrgica, claro. Moviéndonos por todo el hospital, incluida la UCI y la planta de Medicina Interna, donde estaban ingresados todos los pacientes COVID…pero que, repito, sólo era una gripe. La semana del 16 de marzo ya no podíamos trabajar con los pacientes de la calle. Sólo ingresados. Sin material, sin protección…20 minutos mínimo en contacto directo con el paciente y, en muchos casos, ¡realizando fisioterapia respiratoria!

Luego llegó la distancia. Hubo que quitar la mitad de las camillas del gimnasio. Un paciente, limpiar y otro paciente. Cuando antes coincidían varios a la misma hora. Se limitó el número de tratamientos, muchos los continuarían en casa. Aquí dejé de ser profesional para convertirme en paciente. Sí, pero no de COVID. Y vivir la historia desde el otro lado. Una intervención programada a finales de mes, que se retrasó tres meses. Si, miedo, incertidumbre, aislamiento, soledad, preocupación…y encima espera día tras día a que te llamen, porque claro, con el COVID no se podía operar. El COVID nos iba a matar a todos…por él mismo o por dejadez del resto de patologías. Sólo escuchábamos noticias de gente mayor de las residencias que moría sola, que se masificaban los hospitales con casos el virus, que era mejor no pisar un hospital, que no se podía trabajar en ningún sitio…excepto en el hospital. Justo donde el virus se encontraba si o si en alguna habitación. Aquí me di cuenta de la diferencia de trabajar en Atención Primaria o en Especializada. No hay consultas presenciales en los Centros de Salud, pero sí hay urgencias en hospitales, consultas, intervenciones preferentes…¿no somos todos sanitarios? ¿No podemos ayudar donde se necesita? Yo me encontraba ya de baja, pero me hubiera gustado ayudar, aunque fuera de celador, para coger el teléfono, informar a las familias, para ayudar a los compañeros a vestirse y desvestirse con esos trajes de astronauta que se vieron forzados a llevar y a sufrir. Pero como en todo, hubo compañeros que se subieron al carro de no hacer nada. ¡Qué bien! Y los aplausos son para todos.

Seguía inmersa en mi patología. Me sentía abandonada como paciente. Dichoso bicho. Seguían existiendo infartos, accidentes, cáncer…pacientes que necesitaban una atención médica que en muchos casos no llegaba. Para ellos, como para mí, el virus pasó a un segundo plano. Qué cojo el virus, ¿y qué? Lo prefiero. Se que hay mucha gente que ha muerto, y gente que lo ha pasado mal. Pero, para mí, mi patología era peor. No la quería, no podía creerlo. Y en este momento. Entonces la cabeza da muchas vueltas Empiezas a pensar en cosas que nunca antes se te hubieran ocurrido: manipulación mundial, eliminación del exceso de población, negocio farmacéuticas, degradación de la sanidad pública, intereses políticos…porque de todo lo malo hay alguien que saca algo bueno. Véase, dinero o poder. Al principio de la pandemia se decía que íbamos a salir fortalecidos, mejores personas. No lo creo. Sálvese quién pueda. Hemos visto situaciones donde se invitaba a sanitarios a dejar su vivienda por el hecho de trabajar en el hospital, coches de médicos o enfermeras agredidos, insultos…La división de la población entre los que defienden la mascarilla a toda costa (hasta se cambian de acera si se cruzan con alguien), y los que la llevan por evitar la multa. ¿Para qué una mascarilla cuando se va solo por la calle, estás en el monte o paseas con la persona con la que duermes cada noche? Medidas que se toman por desconocimiento, para implantar miedo a la población…y una población con miedo es muy manipulable. Si nos centramos en lo que me cuentan las noticias, no nos damos cuenta de que existen otros problemas que también nos van a afectar.

¿Cuánta gente en ERTE, cuánto cierre de negocio? ¿Qué va a pasar con la economía del país? Bueno, como la educación va a ser una pena, no importa. Los jóvenes no serán más que seres manipulables por un gobierno que arruina el país. Si fueran políticos de verdad lucharían por el bien común de su país, no se tirarían piedras unos a otros, aprovechando el COVID como excusa. Y llegó mi operación. Sola en la habitación. Las enfermeras y auxiliares te preguntan cómo estás desde la puerta. Vomitas, te mareas…y estás sola. No pasa nada. Te duele la vía…es normal. Más medicación que te duerme y no te das cuenta de que llevas 12 horas con la vía extravasada, con unos pinchazos inaguantables, advirtiéndoles que no es normal, y con una inflamación de toda mano, y hasta el codo. No puede ser. El virus no puede paralizar todo. Por eso, para mí y para otros pacientes pasó a un segundo plano.

Como profesional tampoco lo he vivido tan mal. Nos hemos ido adaptando a las diferentes medidas, a las diferentes situaciones…se conoce el compañerismo o no de tus propios colegas. Unos estuvieron al pie del cañón dando el 200%, pero otros se marcharon a casa…error de la Junta: reubicación de Recursos Humanos en situaciones de pandemia. Pero claro, este es un problema de tener mismas categorías profesionales y distintas figuras jurídicas; unos son estatutarios, otros funcionarios y otros laborales. ¿No se puede llevar a un laboral a una plaza de estatutario…siendo de la misma categoría profesional? Qué locura ¡ Lo que está claro es que esta vivencia no nos ha hecho mejores personas, ni mejores profesionales. Ha creado mucha independencia social, mucho egoísmo, y mucha crisis económica. A lo mejor es lo que se pretendía. ¿Y ahora quieren comercializar una vacuna casi sin probar, sin conocer los efectos secundarios…de verdad hay quien se la quiere poner? Solo espero que todo esto acabe pronto, que no lo parece, y que podamos disfrutar otra vez de la vida como antes…que no lo sabíamos.

Cómo citar este documento

Domingo, Susana. Alarma social y dejadez. Narrativas-COVID. Coviviendo [web en Ciberindex] 05/01/2021. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1859
 

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