Desencuentros en espacios presenciales al tiempo de encuentros virtuales

“Me siento orgullosa con humildad, de los logros resultantes, de un esfuerzo genuino y de un trabajo duro”

Teodora Encinas Martin
Enfermera. Atención primaria. Centro de Salud Circular, Valladolid, España.

Entre los recuerdos de mi consciencia, amiga, aparecen emociones, sentimientos, experiencias y creencias sentidas durante los largos días sobrevividos en el trabajo del centro de salud. Mientras, estuvo vigente el estado de alarma, he vivido distintas situaciones dentro de espacios dispares, con gentes de diferentes formas de ser y ver lo que pasaba en este tiempo de epidemia. Por un lado, la ira estaba presente al final de la jornada laboral, en el espacio compartido con los compañeros enfermeros, médicos, administrativos, técnicos auxiliares de enfermería, celadores y fisioterapeutas. En algunas ocasiones, la furia me producía opresión, falta de aire, sentimientos de soledad, anticipándome una tristeza que, en algunos momentos del día, sobre todo, al volver a mi casa, por la orilla de uno de los ríos de mi ciudad, me hacía derramar lágrimas de impotencia, aunque este lugar con sonidos de pájaros y olor a verde primaveral era un espacio de desahogo y relajación, aliviándose la tensión acumulada. Por otro lado, la serenidad y cercanía, aparecía en ese espacio virtual, al otro lado del teléfono, cuando me comunicaba con los pacientes, casi siempre apreciaba amabilidad, agradecimientos, sensatez, dignidad, escucha y consejo de tener cuidado para no enfermar, esto me proporcionaba todo el valor para seguir adelante, ayudándome a sentir confianza en aquello que creía y sentía, a seguir trabajando para dar a cada una de las personas que llamaba una atención de aliento, cordialidad y ánimo.

A través del marco de incertidumbre de esta pandemia, he recreado espacios de tinieblas y luces, sentidos entre múltiples colores. Por el cielo de mi ciudad, había días grises de lluvia, al igual que en mi cuerpo se podían adivinar tormentas oscuras, estados de irritación y molestias, estos acompasados con movimientos feroces por cambiar zonas de trabajo y ámbitos de acción, siempre con sensaciones incómodas; palpitaciones, rabias, impotencias, desigualdades, torpezas, errores que podían conllevar destrucción y enfermedad. Por el contrario, también había tonos verdes y azules en mi consulta, al telefonear alguno de los viajeros de un barco que podían desfallecer, personas que he cuidado como enfermera durante largos años. Llamaba para interesarme por su estado de salud y sus dolencias, si se encontraban solos, si tenían acceso a los alimentos y medicamentos, porque muchos de ellos viven solos, todos se comunicaban y les asistían familiares, excepto una persona anciana, conseguir ayuda para ella, fue un acto de motivación, sentía necesidad de estar cerca y proteger. Entonces me di cuenta, que este trabajo de escucha y comunicación virtual, me reconfortaba, daba claridad a mis pensamientos, me proporcionaba fuerza y empuje. Me interesaba por sus emociones y discursos, sentía alegría, al oír sus palabras, a veces de encontrarse bien y otras veces estaban preocupados por su vida, me comentaban sus miedos y temores, esas escuchas a través del auricular, me tranquilizaban. Era capaz de trasmitir apoyo emocional y ayudar a mejorar el afrontamiento de esos días de inmovilidad, de desasosiego y soledad, explicándoles algunas estrategias para sentirse mejor; pasear por el pasillo de sus casas, comer sano, cuidar la higiene tanto personal como de los utensilios y productos, intentar dormir bien, oír música, ver la televisión, documentales, películas y solo una vez al día, las noticias. Pero, lo más importante, seguían presentes y más o menos fuertes para aguantar esos días, pese a que tenían miedo de salir a esas noches negras de tormentas que resonaban en sus calles y alrededores; los muertos, los ingresos en los hospitales de personas conocidas y desconocidas, gente de nuestro mundo que la pandemia de la Covid-19 ha dejado hundida y consternada.

Con mis compañeros compartía no solo espacio, sino también tiempo de agobio, cuando compartíamos información y debatíamos como organizar las actividades, entonces aparecía la divergencia y un importante choque de gestos, que siempre han hecho más difícil la comunicación y han conseguido producir un importante malestar en este tiempo vivido. Sin embargo, la misma mirada, la misma acción, la misma generosidad, la misma serenidad, la misma amistad, tenía un distinto deseo, un distinto parecer, un distinto sentir, un distinto estilo, un distinto concebir la relación en pandemia, mostraba familiaridad y recibía incomprensión en esta coyuntura de ansiedad.

En cada momento sentido, aparecen emociones contrapuestas, atronando dentro de mi mente, periodos de indignación junto a situaciones de honradez, hasta tal punto que experimentaba una buena relación entre ambas partes, pues todo lo vivido no es color de rosas, estoy en la ambivalencia de las emociones que se funde dentro de mí, en un valor de franqueza, un mundo de naturalidad y en un tiempo de inseguridad, definitivamente una experiencia de tirantez.

Con el paso del tiempo, salimos casi todos a la calle y después del periodo vacacional, los espacios habitados han ido mejorando, han aparecido nuevos actores, alumnas de grado de enfermería y enfermeras residentes familiar y comunitaria, importantes en mi vida profesional, con nuevas formas de trato y conexión, que me han llevado a experimentar representaciones de interés y esperanza, esto me mantiene despierta, vigorizada y me hace sentir realmente viva, desplegándose un abanico de nuevos retos que permiten mantenerme en crecimiento, y refuerza mi creencia de que todo puede cambiar y mejorar.

Desde mi “auto-conciencia”, hace unos días, volviendo a casa por la misma orilla del río de meses atrás, con colores amarillos y marrones, aunque con mucho ruido y bullicio de gente y coches, me siento orgullosa con humildad, de los logros resultantes, de un esfuerzo genuino y de un trabajo duro. Ahora, aparece inspiración, paciencia y calma como una bocanada de oxígeno que me exalta imaginación, creatividad y motivación, al presentarse nuevos retos dentro de mi trabajo, la enseñanza. Sin embargo, esta pandemia sigue adelante y aparecerán nuevas reminiscencias.

Cómo citar este documento
Encinas Martín, Teodora. Desencuentros en espacios presenciales al tiempo de encuentros virtuales. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 15 /10/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1818

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