Desde la vereda de enfrente

“Volver a la vida con otra mirada y dejándome la sensación de paz”

Teresa Reyes Rubilar
Departamento de Obstetricia y Puericultura, Universidad de Tarapacá, Chile

“Siempre con el otro, para el otro, siempre activo, desde enfrente”

Había una vez…todo parece irreal, un cuento que aún no acaba, marzo, cuando comenzaba a preparar las asignaturas que debía impartir a mis estudiantes de Obstetricia, estaba preocupada al escuchar, ver y leer noticias de lo ocurrido en un país muy lejano, mil preguntas venían a mi mente, iremos a tener ese mal vivir por estos lados?, como lo haré para viajar, mi mamá, a dos mil setecientos kilómetros de distancia con demencia senil, todo mis planes de visitarla con mayor frecuencia estaban desapareciendo como el mar borra las huellas que dejo al caminar; el nerviosismo se apoderaba y estaba sintiendo dolores en mi cuerpo, más aún, mi hija menor había sido seleccionada para trabajar a mil trescientos cincuenta y cinco kilómetros de nuestro hogar, justo ahora…

Ya se acercaba el corona, y por ello llega la orden de la autoridad universitaria, “todos los inmunodeprimidos a sus casas”, mi Departamento de Obstetricia y Puericultura sin jefatura, sin secretaria, todas las colegas nos preguntábamos y las clases?, se suspenderán? que irá a pasar?, si cada día en Europa ya están muy mal, luego pensé, esto se viene feo, tantos contagiados, y tantos otros fallecidos, Italia, España, países desarrollados muy afectados, pero ellos están preparados, nosotros estaremos a esa altura?. Creo que esto es una guerra que no se sabe por donde ataca, de una cosa estaba segura, a nuestro querido Chile iba a llegar, y a todos cual más, cual menos, nos llegaría su hermosa figura y soplo de aire trayendo la enfermedad, la muerte; y la noticia llegó, primer caso en Latino América, Brasil, pensé, ya está aquí el inesperado y vaporoso salvaje que ataca con una suave brisa, con un toque aterciopelado y ya estás marcado.

Mi vida cambia, siento dolores en mi cuerpo ¿porqué?, el médico dijo” el estrés le está perjudicando la salud, niveles bajos de vit D, hipotiroidismo, falta de calcio”, pensé, y eso que no está aún el corona, pero no va a ganar, conmigo no y con los míos que no se acerque. La vida continuaba entre sobresaltos, medicamentos, ejercicio y cuidados, comenzando el trabajo “on line, si bien no es una palabra que asuste, no estaba preparada para sentarme frente a un computador y hablarle a una pantalla donde sólo se ve negra con unos nombres abajo, al hacer preguntas para hacer la clase interactiva como era de costumbre y nada, preguntaba ¿hay alguien ahí? Y escuchaba una voz de 75voces que debían estar ¡si profe, todo bien! sólo sonreía, que más podía hacer?; en fin lo pasado ya pasó, hoy comienza una nueva época, donde la tecnología se está apoderando de cada ser humano, no importando la edad, en todo caso los llamados nativos digitales nos llevan la delantera, pero saben? me di cuenta que el hombre en su esencia fue, es y seguirá siendo un animal de costumbre y que según vaya cambiando el entorno te vas acostumbrando. Así fueron pasando los días, los meses, tuve que realizar cursos, comprar programas, que cosas de la vida no?, la edad no es impedimento para aprender y vaya que he aprendido de la vida y de la tecnología, a veces muy entretenida y otras cansadoras, pero ya el aprendizaje está y me entusiasma y motiva a cambiar la forma que si bien las evaluaciones de mis estudiantes eran buenas, creo que hoy serán mejores, gracias a la oportunidad que nos ha dado el corona…no creo estar diciendo esto! pero es así, nos ha entregado espacios de encuentros, de reconocer nuestro espacio que antes solo era dormitorio, poder dialogar con la familia, reír, soñar.

Y así fue sucediendo la vida, clases on line, no poder salir ni a la puerta de casa, confinados y tratando de no caer en la desesperanza ni en la angustia, entre ocupados y desocupados, entre preguntas y respuestas, conectados con mi mamá a la distancia a través de mi hermano y su esposa, video llamadas con mi hija. Todo transcurría en esta nueva normalidad que a veces trastoca nuestro andar y un acontecimiento grave nos afecta, un llamado telefónico y quedamos mudos, un profesor relativamente joven había perdido a su padre por el COVID 19, había llegado hasta su casa por sentirse mal y no quería que su vieja como le decía, se enfermara, claro, como iba a dejar a su padre a su suerte, a la semana de haberlo dejado en el parque del recuerdo, no se porque lo llaman así, si continúan siendo cementerios, tampoco los sepultamos, lo vamos a dejar al sendero, pero bueno, este profesor es hospitalizado y por su gravedad, debía ser trasladado a la capital con urgencia, la esposa e hijos confinados por estar contagiados, y al final no pudieron trasladarlo por haberse descompensado, luchando cada día y nosotros en esos momentos nos acordamos de la existencia de un ser Supremo, realizando cadenas de oración, misas, más oraciones…a la semana su madre fallece también por el corona, que ira!, que rabia!. Su mujer e hijos sin poder salir, sin decir nada, sufriendo en silencio.

Los estudiantes organizan una celebración eucarística a la cual fui invitada, estaba su esposa, sus hijos, vía zoom…cuanto dolor irradiaba esa mujer, sus suegros de un día a otro ya no estaban y su esposo luchaba intensamente por seguir viviendo. Esa noche una vez terminada la ceremonia religiosa, reflexioné ante lo vivido y dije, debo hacer algo, no puedo dejar a esa mujer sola, siento que debo acompañarla, fue desgarrador escucharla entre llanto pidiendo oración por el padre de sus niños, mi esencia es servir al otro, sentí su soledad, pero no podía estar frente a ella físicamente por lo que me propuse acompañarla en este camino de angustia y desazón, no podía dejarla sola con su dolor. Averigüé su teléfono y aunque sabíamos de la existencia de la una y de la otra, no habíamos tenido la oportunidad de haber trabajado juntas, sabía lo fuerte y trabajólica que es, pero no sabía como iba a tomar esta intromisión en su vida estando en ese estado de tanta vulnerabilidad. Comencé a enviar notas por whatApss, escribiendo lo que pasaba por mi al recordarla, al principio fueron frases cortas, pero cuando ya comenzó a responder y lo bien que le hacía leer mis palabras porque además la hacía reír, cosa que durante semanas no lo había hecho. Entonces, dije continuaré hasta que su marido esté en casa junto a su familia, comencé esta larga conversación por este medio de comunicación, de acompañamiento del alma dañada, los médicos sanan el cuerpo, pero si su espíritu estaba con ese dolor no lograría sanar su organismo y no podría ayudar a su esposo.

Han sido semanas donde día a día cada noche, he estado desde la vereda de enfrente llevando a su vida una nueva esperanza, dando aliento a su ser interior y a través de ello fortaleciendo su organismo. Después de un mes, la gran noticia llega por fin han desconectado a su esposo y comienzan la rehabilitación y tratamiento según normativa, y seguimos en lo mismo, ya puede asistir al Hospital y saber directamente del médico la evolución, cada día mejor, hasta que envía un video donde está esperando la salida de su esposo, sale en silla de rueda desde la sala entre aplausos y bendiciones de aquellos ángeles que están en la misma vereda de los enfermos, con destino a casa. Emocionante señal de un verdadero milagro, tanto tiempo luchando entre la vida y la muerte, y ahí estaba entre llantos y alegría al encuentro familiar, volver a la vida con otra mirada y dejándome la sensación de paz, tranquilidad de haber aportado desde la vereda de enfrente esa palabra silenciosa, que hacía reír, ese aliento que ella decía era muy necesario para vivir.

Cómo citar este documento
Reyes Rubilar, Teresa. Desde la vereda de enfrente.  Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 24 /09/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1783

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