La Enfermería basada en el sentido común, la lógica y evidencia en una pandemia

“¿Qué hubiera pasado si el médico que falleció en Wuhan no hubiera denunciado la situación?”

Olga María Luque Alcaraz
Neurocirugía, Hospital Universitario Reina Sofía, Córdoba, España

Quisiera narrar mi experiencia, por si a alguien le pudiera servir, durante mi instancia en la unidad COVID en un hospital público de tercer nivel en España.
Estando realizando mi tesis y a causa de mi profesión, debo y tengo que estar informada, y me percaté que algo no era normal cuando el jefe de la OMS declaró la pandemia de un día para otro.
Ya días antes un médico chino de Wuhan, ingresado en la UCI, denunciaba desde su móvil, que había un nuevo virus de la familia del Coronavirus desconocido hasta entonces. Fue cuando China cerró comercios y mercados, y se confinaron, en la navidad. Pero todo parecía muy lejano, yo pensaba: “no pasaría nada porque el virus tardaría en llegar, y además en la gripe A no pasó nada, incluso me vacuné sin problemas”.
Ya me preocupé cuando amigos/as italianos/as, me mandaban imágenes por Wasap del confinamiento domiciliarios, comprando por turnos en los comercios y los hospitales colapsados, y compañeras enfermeras de mi planta estaban cayendo enfermas, con resfriados y disneas. Incluso las hijas de estas enfermeras tenían síntomas. Era muy extraño, pues la niña se desaturaba sin motivo, y sin patologías previas.
Pero ¿qué hubiera pasado si el médico que falleció en Wuhan no hubiera denunciado la situación? Creo que nunca se ha monitorizado una gripe común, tan activamente, como el COVID-19.
En las semanas anteriores, antes del estado de alarma en España que fue el 14 de marzo, estaba con una alumna de enfermería.
Ella estaba realizando su practicum de segundo curso académico, cuando en mi planta de neurocirugía ingresó un hombre de unos 80 años. Vivía sólo en su casa, y se había caído causándose un TCE con una Hemorragia Subaracnoidea. Estaba Caquéxico, con fiebre, tos, disnea, diarrea y con una neumonía bilateral con Rayos confirmada. En la habitación de la planta, estaba cuidándole y acompañándolos su hija, y al lado estaba otro paciente, con un familiar que había venido a verlo.
En una ocasión, llamó su hija al timbre, porque tenía muchas flemas y le atendí prestándole cuidados. Me presenté y me dispuse a aspirar sus secreciones, y por las posibles salpicaduras me coloqué una mascarilla tipo quirúrgica dándole otra a la estudiante, y le expliqué el procedimiento. Fue entonces cuando la estudiante me preguntó si la mascarilla era obligatoria. Le dije que sí, porque la técnica produce salpicaduras y aerosoles. Entonces ella me miró, con una cara de asombro, y me comentó que otras compañeras no estaban habituadas a utilizarlas en estos procedimientos, ya que aspiraba solo la boca. Enfermería hemos realizado técnicas y procedimiento sin mascarillas, a pesar de los posibles riesgos.
Es entonces cuando me preguntaba si lo que le pasaba a esa persona mayor enferma sería COVID. Pero no hacían todavía pruebas de COVID, es más se lo pregunté al servicio que le atendía de enfermedades infecciosas y no le dio más importancia, pues era una Neumonía Bilateral, posiblemente por un broncoaspirado, y en estos casos no son aislados ni se usa mascarilla. A los pocos días el paciente falleció.
Por entonces, no se creía el alcance de lo que pasaría después, pero ponerte la mascarilla estaba muy mal visto, porque parecía que ponías barreras para la atención del/la paciente, y podrías crear una falsa alarma.
Las mascarillas estaban solo para los aislamientos justificados, y nos la poníamos dentro en la habitación. A pesar de las críticas y lo que pensaran mis compañeras/os, y por lógica, sentido común y con la evidencia de la que disponía, yo una semana antes de decidirlo la dirección del centro, pues seguían normas del ministerio. Me puse la mascarilla, al entrar y salir de las habitaciones, y le explicaba a los pacientes y los familiares que no me pasaba nada que era por precaución. Me la ponía todo lo que podía, pero agobiaba mucho, pero incluso en el mostrador donde registramos en los ordenadores, atendíamos a familiares y nos comunicábamos con los/as médicos/as.
Es entonces, cuando la dirección del centro y la unidad de medicina preventiva nos llamó para tener una charla, con todo el personal del hospital, en el salón de actos, para activar los circuitos COVID por si viniera algún ciudadanos/as de China con síntomas. En el segundo plan de contingencia se ampliaron los de Italia, incluso se activaron ascensores específicos, con circuitos COVID en el edificio.
La referencia que tenían de una situación parecida, sobre una enfermedad similar, eran los casos de Ébola que se dieron con anterioridad en España, la cual tuvo afortunadamente, una corta trascendencia, en los hospitales madrileños.
Trabajé un par de días más en la planta de cirugía antes de cerrarla para ir a las plantas COVID, y cuando hablaba con las personas nadie llevaba mascarilla, porque no era recomendado ni necesario. Yo me decía:” parece que estoy haciendo algo mal, pues me pongo la mascarilla. ….porque los/as pacientes y demás compañera/as no llevaban mascarillas”, pero los/as que no lo estaban haciendo correctamente eran ellos/as, sin saberlo.
El hospital sólo recomendó, un metro y medio de distancia, pues era aislamiento era por gotas y contacto. Todavía no se sabe si su trasmisión es aérea, pero yo ya había visto investigaciones de médicos japoneses de experimentos, los cuales creaban microgoticulas en suspensión y se mantenían durante bastante tiempo en un ambiente sin corriente de aire.
Además, solo estaba justificado el uso de las mascarillas en el caso de tener síntomas parecidos a un resfriado. Es más, los médicos/as nos hablaban en el office de enfermería, y no guardaban distancia porque no tenían síntomas, estaban convencidos de que no tenían COVID, y los celadores no la utilizaban por la misma razón.
Entonces pensé: “¿y qué pasa con los asintomáticos? pues sé que como en el virus del SIDA, existen periodos de ventana, hasta que nuestro sistema inmunológico reacciona”.
La siguiente semana se complicó la situación, se activó el estado de la alarma por el gobierno de España, y cerraron las intervenciones quirúrgicas creando a mi parecer las unidades COVID, con mucho acierto, para contener y aislar a los/as pacientes contagiados.
Para empezar, el miedo te puede paralizar, cuando anuncia el Gobierno de España, el periodo de alarma y cierran todo, iniciando un periodo de confinamiento domiciliario.
Yo pensaba:” te dicen que no salgas a la calle, y tú haces lo contrario, salir porque vas a trabajar, y al epicentro donde está el problema, y encima cierran tu módulo de cirugía y te envían a la unidad de COVID”.
Además, este miedo se hizo exponencial cuando pensé que podría contagiar a mi núcleo familiar, y yo en ese periodo me recluí en mi habitación, y la mente la tenía paralizada.
Pero pensé, me ha gustado siempre la enfermería y los microorganismos. A los microorganismos les tengo mucho respeto, sé que están allí, podemos mirarlos con un microscopio, aunque no se vean, porque antes de enfermera estuve en el laboratorio de microbiología, y llevé mascarilla.
Las informaciones eran contradictorias y surgían bulos de un día para otro, porque todavía no se conocía mucho del COVID-19.
Cuando llegue al hospital el mismo día del estado de alarma, todavía en mi planta de cirugía, yo llevaba ya mi mascarilla quirúrgica de casa, y algunos familiares, llevaban guantes puestos. Me preguntaba ¿para que se ponen guantes, si lo correcto era el gel hidroalcohólico?
Me di cuenta de que no podía entrar porque estaban todas las puertas cerradas del hospital, cosa que no había visto nunca en mis 20 años de experiencia en el hospital, además a la entrada me pidieron la tarjeta identificativa.
Me cambié en unos vestuarios abarrotados de compañeras. Ninguna tenía mascarilla y sin ventilación, todo el mundo preocupado hablando, sin distancia de seguridad, y pensé, esto es mucho riesgo, deberían llevar mascarillas y ventilar la zona, me acordaba de Florence Nightingale, eso parecía un campo de batalla.
Cada vez que volvía de trabajar, había que tomar unas precauciones de higiene al llegar a casa, hábito que nunca había tenido tan estrictamente (los zapatos desinfectarlos al entrar, lavado de manos, limpieza del móvil y objetos con alcohol, ducharse, lavarse la ropa a más de 60 grados, etc…)
Otro día me desanimé e indigné cuando aparecieron las mascarillas falsas “Fakes”, porque habíamos estado trabajando con ellas en turno de 8 horas o 12 horas en las unidades COVID, y por eso nos tuvieron que hacer nuevas pruebas de exudados con hisopos y analíticas. Reflexionaba: “Deberíamos tener una comisión de expertos e investigadores en mascarillas, y se lo decía”. Por ese motivo para trabajar de nuevo en cirugía nos daban sólo las quirúrgicas.
Todo iba muy deprisa, pero había que actuar. Intenté buscar alguna evidencia, a través de mis cursos que había realizado sobre enfermedades trasmisibles, pero sólo encontré algún video de cómo poner y quitar los EPIS, que me sirvieron de mucho, además de la información del grupo de wasap de mis compañeras del hospital. A pesar de todo, pensaba cuando vendría la formación formal, no sólo la experiencia práctica.

Cómo citar este documento
Luque Alcaraz, Olga María. La Enfermería basada en el sentido común, la lógica y evidencia en una pandemia.Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 24 /09/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1754

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