La esencia del cuidado invisible

“Cuando los pequeños detalles ocupan el lugar que se merecen, entonces, nos damos cuenta de que ellos son los que constituyen las más grandes hazañas”

Gloria Santos González
Enfermera. Centro de Salud de Trapagaran, OSAKIDETZA-Servicio Vasco de salud, Trapagaran, Bizkaia, España.

“Lo esencial es invisible para los ojos”: esta frase de El principito nos muestra algunas de las enseñanzas más bellas que Saint Exupèry nos dejó para la vida que nos hablan de lo esencial. Nos recuerda la importancia de las pequeñas cosas, esas que pasan desapercibidas y que reflejan lo esencial de nuestra vida. Las pequeñas cosas solemos pasarlas por alto, no dándoles el valor que merecen, tal es el caso de “la esencia del cuidado invisible”. Ese cuidado incondicional liderado por las enfermeras a lo largo de la historia, que ha sido eclipsado por otros profesionales sanitarios y relegado a un segundo plano. Ese invisible y silencioso cuidado que ahora, en esta crisis COVID-19, se ha visibilizado y escuchado, ya que ha sido una excelente oportunidad de mostrar el gran valor del trabajo de Enfermería y la necesidad de nuestros cuidados, revelándose como fortaleza del sistema sanitario.
Muchos recordaremos el 14 de marzo como el día en que nuestro mundo se paralizo. Ese día nuestras rutinas diarias en hospitales, centros de salud, residencias y otros centros sanitarios se aceleraban y nos desbordaban, a un ritmo frenético e intenso. Mientras, las calles se vaciaban de gente, y se cerraban parques, cines, bares y locales de ocio, dando paso a una vida social entre ventanas y balcones. Y, en los meses siguientes, vimos como urgencias, UCIs, hospitales enteros se desbordaban. Vimos mucha gente muriendo sola, sin poder despedirse de sus seres queridos, vimos como compañeras se infectaban, y otras fallecían, por falta de EPIs, y porque habían puesto su vida en riesgo para cuidar de la de sus pacientes. Después, vimos como nuestros esfuerzos habían valido para curar y ayudar a recuperarse, nuestros cuidados daban sus frutos. Y tras largos meses, vimos que algunos pacientes salían de las UCIs, de los hospitales, y que volvían a sus casas, porque nuestros cuidados les habían devuelto la salud. Sin embargo, poco vimos sobre el papel de la atención primaria en la contención de la pandemia para evitar el colapso de los hospitales. La atención primaria, la piedra angular en la que descansa todo el sistema sanitario, pero una gran desconocida y olvidada, con enfermeras de referencia para los cuidados de sus pacientes, familias y comunidad. Mientras el foco de atención se centró en los hospitales, en el 20% de las personas afectadas que eran casos graves o muy graves, que requirieron ingreso hospitalario, no se mostraba el trabajo en los centros de salud. En éstos, se atendió el resto de los afectados, y además de tratar los casos leves en sus domicilios, se evitó el empeoramiento de la COVID-19 y de otras patologías, protegiendo la salud de las personas y previniendo muchos ingresos hospitalarios. Yo trabajo en un centro de salud, en el Valle de Trápaga- Trapagaran (Bizkaia) situado en la zona minera del Gran Bilbao, y con la llegada del COVID, nuestro día a día cambió. Nos tocó adaptarnos y reorganizar nuestro sistema sanitario a trabajar prioritariamente con COVID, con cambios constantes de protocolos, teniendo que establecer dos circuitos de atención, dos equipos (uno limpio y otro con síntomas respiratorios). El acceso libre al centro de salud se prohibió para evitar aglomeraciones de gente en espacios cerrados, establecimos una barrera física en la entrada y un filtro de consultas presenciales mediante consultas telefónicas previas, con un triaje improvisado para dirigir los flujos de pacientes. Además, la actualización continua de conocimientos fue vital para asegurar la calidad de los cuidados. Pero ante toda esta situación adversa que nos rodeaba de incertidumbre, miedo y caos, creció un equipo multidisciplinar más unido, con más fuerza para trabajar codo con codo, para apoyarnos, arroparnos, para llorar y reír juntos. En tiempos de COVID tuvimos que reconvertir mucha de la atención presencial a telefónica. Nos tocó atender interminables consultas telefónicas a pacientes que expresaban sus miedos y dudas, escuchar lo duro de las situaciones familiares por las que estaban pasando, que describían lo difícil que era vivir ese confinamiento en soledad, y llorar con ellos por teléfono porque no podíamos abrazarles ni darles la mano, para después, secarte las lágrimas y poner de nuevo tu mejor sonrisa para seguir con la larga lista de llamadas de gente que nos necesitaba. Y así, día tras días hasta pasar tres largos meses, hasta que gracias al confinamiento los contagios bajaron. Entonces, los hospitales iban cerrando plantas a la COVID19, iban limpiando su rastro y nos tocó a atención primaria dar atención continuada a los pacientes que habían superado la enfermedad y volvían a sus casas. Nos tocó hacerles seguimiento tras el alta, así como, a los nuevos casos detectados desde primaria. Un seguimiento por teléfono para ver su evolución, dar educación sanitaria, resolver sus dudas, adelantarnos a posibles complicaciones, anticiparnos a problemas de salud sobreañadidos, acompañarlos un rato en su soledad y en sus miedos. Pero la enfermería de atención primaria nunca ha dejado de hacer asistencia presencial, ya fuese en su domicilio o en el centro de salud, para continuar aportando cuidados de enfermería, curas y tareas derivadas (controles de sintrom, analíticas…), urgencias. Intentando así, estar lo más cerca posible porque somos sus enfermeras de referencia, sus enfermeras de familia y de su comunidad, porque nos necesitaban. Ahora, en la nueva normalidad, tenemos que reunir fuerzas para afrontar el impacto que esta pandemia deja en la salud y en el sistema sanitario. Esto es, el impacto de la interrupción de la atención en las enfermedades crónicas, tratamientos médicos y quirúrgicos postpuestos, sumado a los problemas psicológicos y situación económica que nos deja toda esta situación. Y en la que los centros de salud tenemos que hacer frente ya que somos la puerta de entrada de los pacientes al sistema sanitario. Ahora, tenemos que volver a afrontar una segunda ola que se ha adelantado, y que ha encontrado equipos de atención primaria mermados por las vacaciones y las bajas, agotados aún por la primera ola y desbordados por el aumento de casos. En esta segunda ola, la atención primaria está demostrando que es crucial, la enfermería, el papel clave que desempeña, y las especialistas en familiar y comunitaria, como enfermeras de casos y contagios COVID (las rastreadoras), liderando la red de vigilancia epidemiológica, junto a los equipos de atención primaria, están intentando frenar la expansión de la ola y el daño a las personas vulnerables.

Ahora, en la nueva normalidad, algo se rompe por dentro porque no entiendes como la gente no se da cuenta que el coronavirus sigue con nosotros y ha venido para quedarse una temporada. Cada persona tiene que asumir su parte de responsabilidad, tiene que entender que su comportamiento individual tiene consecuencias en la salud de los demás, en la gente que le rodea, en la salud pública. Duele ver el olvido del trabajo del personal sanitario casi sin descanso durante estos largos meses, con una enorme fuerza vital y moral que ha sostenido el sistema sanitario. En ocasiones, con escasos y defectuosos medios de protección. A veces, cayendo infectados por el riesgo que nos rodeaba, pero corriendo de nuevo a nuestros puestos de trabajo en cuanto nuestro estado de salud y recuperación nos lo permitía. Porque por encima del dinero, está el sentido de responsabilidad, compromiso y dedicación hacia nuestros pacientes, demostrando nuestra gran profesionalidad, y esto es algo, que no se puede medir en un sueldo. Cuidando, acompañando, curando, humanizando como lo hacemos.
Cuando lo invisible se vuelve visible, cuando los pequeños detalles ocupan el lugar que se merecen, entonces, nos damos cuenta de que ellos son los que constituyen las más grandes hazañas. Esta pandemia ha dejado claro que hay que aprovechar el potencial de las enfermeras, tradicionalmente relegadas a un papel secundario. Esta pandemia también nos ha enseñado que hay que reforzar la atención primaria, el pilar fundamental y puerta de entrada al sistema sanitario. Asimismo, pone de manifiesto la importancia de la Salud Pública y la vigilancia epidemiológica, una debilidad de nuestro sistema sanitario que debemos reforzar para las pandemias venideras, así que, deberíamos aprender de la situación actual. Otra lección de vida que deberíamos aprender de esta pandemia es que hay que invertir más en investigación y ciencia, ahora nos damos cuenta de ello esperando la ansiada vacuna para que la COVID-19 pase a los libros de historia.

En un mundo donde cada vez más se necesitan más cuidados, en un mundo con necesidades de una población cada vez más envejecida, con enfermedades crónicas, más medicalizada, que continúa con un modelo médico paternalista, que no ve la importancia de la prevención o el mantenimiento de una vida saludable. En este mundo, se hace más que necesario “la esencia del cuidado invisible”. De todo lo que ha pasado, hay muchos momentos intensos para recordar, pero yo me quedo con el valor de trabajo en equipo, la unión que nos ha dado. Además, los profesionales sanitarios hemos demostrado nuestra valía y estar al lado de nuestros pacientes por encima de todo.

 

Cómo citar este documento
Santos González, Gloria. La esencia del cuidado invisible. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 24 /09/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1750

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