Una nueva enfermedad, un nuevo enfermo

¿Se ha generado nuevo conocimiento enfermero ante las respuestas humanas de nuevos enfermos?

Antonio Gómez Chica
Enfermero. Hospital Universitario Clínico San Cecilio

Hace 13 años tuvo lugar en Granada el congreso nacional de enfermería oncológica. Para el lema del encuentro sugerí al comité organizador “CÁNCER: OTRA FORMA DE VIVIR, OTRA FORMA DE CUIDAR”. La idea central sobre la que giraba esta propuesta era el hecho evidente y constatable de que a una enfermedad como el cáncer, el enfermo oncológico reacciona con respuestas humanas diferentes a las que encontramos en los pacientes de la mayoría de otras enfermedades (se precisa recordar que aunque semántica unívoco, el cáncer es mórbidamente muy variable. Cada nueva investigación, da lugar a nuevos tipos concretos de cánceres aún siendo de la misma familia histológica; que en sí son diferentes procesos mórbidos únicos y particulares para cada enfermo oncológico; lo que hace que también sean diferentes las respuestas humanas en las personas diagnosticadas según el tipo concreto de cáncer. Incluso, en general, en la actualidad estas respuestas no son ya las mismas ante un diagnóstico de ca.mama que hace 25 años. Es más, incluso dependiendo de la tipología concreta del cáncer de mama, encontraremos también diferencias en las respuestas humanas de las mujeres diagnosticada. Y al margen su propio coping; sino por el significado que se atribuye a la enfermedad). Pero hecha esta obligada apreciación, es cierto que ante el diagnóstico CÁNCER en general, siguen siendo respuestas humanas frecuentes y comunes: ansiedad ante la muerte; Aislamiento Social; Angustia vital; sufrimiento espiritual; compromiso de la dignidad personal; desesperanza; afrontamiento familiar comprometido; afrontamiento ineficaces y defensivos; Procesos familiares interrumpidos; tristeza; soledad; etc. Respuestas humanas que determinan las respuestas enfermeras, los cuidados. DIAGNÓSTICO ENFERMERO: juicio clínico (cuidativo diría yo) de las respuestas humanas del individuo, familia o comunidad, ante un problema de salud que requiere cuidados de enfermería en la prevención, el mantenimiento y mejora de la salud, o en el fin de la vida.

Fenómenos diferentes, constitutivos y derivados de cada proceso de enfermedad distinto, se traducen en respuestas humanas diferentes, que generan cuidados también diferentes: el cáncer una enfermedad diferente; el enfermo oncológico un enfermo diferente; sus respuestas humanas unas respuestas diferentes, la enfermería oncológica una enfermería diferente; un campo de conocimiento diferente; unos cuidados diferentes. “CÁNCER, OTRA FORMA DE VIVIR, OTRA FORMA DE CUIDAR”. Esta línea reflexiva me abordo pronto cuando, por mi función en el hospital entraba en todas y cada una de las “salas covid” que se iban habilitando a raíz de la irrupción en nuestra profesión, como en otras sanitarias y no sanitarias, de unos fenómenos nuevos e inéditos: una nueva realidad comunitaria (una pandemia); un nuevo virus (“el” covid 19); una nueva enfermedad (“la” covid); y un nuevo paciente (el “covídico”). [Permitaseme esta licencia semántica neologística, explicada por la norma no escrita pero aceptada en la comunidad sanitaria, de etiquetar a los enfermos atendiendo al proceso clínico al que corresponde su diagnóstico: “los quirúrgicos”; “los psiquiátricos”; “los digestivos”; “los vasculares”; “los diabéticos”; “los paliativos”; “ los oncológicos”; “los tuberculosos”; “los covídicos”].


Todos y cada uno con sus propias respuestas humanas a sus enfermedades y problemas de salud consiguientes, que determinarán los cuidados enfermería que precisan. Pero, ante una pandemia nueva desconocida; un virus nuevo desconocido; una enfermedad nueva desconocida: ¿un paciente nuevo desconocido?; ¿unos cuidados nuevos desconocidos? ¿Cómo sería este nuevo paciente y sus respuestas humanas; y por ende sus cuidados? ¿Han sido las respuestas humanas del paciente covídico nuevas hasta el punto de suponer para enfermería la exigencia de generar y crear unos cuidados nuevos? (de la misma manera que podríamos decir que así ha sido para la medicina a la hora de tratar una enfermedad nueva, con una respuesta fisiopatologíca nueva, ante un agente vírico nuevo). “COVID: ¿OTRA FORMA DE ENFERMAR, OTRA FORMA DE CUIDAR?”

Por otro lado hemos sido testigos como un virus nuevo y una enfermedad nueva ha supuesto conocimiento científico nuevo para disciplinas de la ciencia. Para medicina (epidemiología; virología; fisiología; neumología; medicina interna; medicina intensiva; medicina de urgencias; nuevos tratamientos y técnicas). Sin duda para la gestión sanitaria (clínica; logística; procedimental; normativa; organizativa de recursos materiales y humanos). Y para enfermería, que igualmente ha sido nuevo e inédito, ¿lo ha supuesto también? ¿Se ha generado nuevo conocimiento enfermero, por serlo también las respuestas humanas de unos nuevos enfermos, los covídicos? Atendiendo a las manifestaciones, posicionamientos y comportamientos de la enfermería dedicada al cuidado de los enfermos covídicos en las “salas covid”, se diría al menos que todo era y ha sido muy distinto en estas salas con respecto a las “salas no covid”. Organizativamente y materialmente era constatable que sí (no había más que permanecer un rato en una “sala Covid”y ver otra forma de “trabajar”. ¿Pero lo ha sido en la misma medida: metodológicamente; epistemológicamente? ¿Y comportamentalmente?; ¿la enfermería de las “salas covid” se ha comportado diferente frente al paciente “covídico”?). Organizativamente y materialmente era constatable que sí. No hacía falta más que entrar en las “salas covid”, para ver otra forma de organizar la dispensación de los cuidados. Y oir frecuentes y alusiones a”¡Nos ha faltado!”: EPIS; material; información; claridad y continuidad en los protocolos covid; personal; etc. Pero, ¿alusiones a “¡nos falta conocimiento enfermero!”? Para enfermería sin duda, el fenómeno social “pandemia” también ha sido nuevo; el virus igualmente. Y lo principal para enfermería, el enfermo “covídico”, ¿ también ha sido tan distinto, tan nuevo, hasta el punto que nos ha faltado conocimiento, fundamento, metodología, diagnóstico enfermero, para unos cuidados ajustados, apropiados y efectivos a sus respuestas humanas, por ser estas también nuevas e inéditas?. Sin duda sí ha sido así, falta de conocimiento, para virólogos, neumólogos, internistas; intensivistas; gestores; etc.

El sentido de esta pregunta radica en que si ha sido así: ¿hemos tenido que improvisar cuidados en una metodología ensayo-error? (como en la disciplina médica para la búsqueda de tratamiento ajustados, apropiados y efectivos); ¿hemos observado e identificado esas posibles nuevas respuestas humanas? (como los fisiopatólogos lo han hecho en las nuevas respuestas orgánicas al nuevo virus); ¿las hemos traducido en nuevos juicios clínicos cuidativos para crear nuevas propuestas de diagnósticos enfermeros? ( como los internistas han propuesto nuevos síndromes); ¿hemos establecido nuevos objetivos de resultados y realizado nuevas intervenciones, en el caso de no haberlas hallado en nuestras actuales y actualizadas taxonomías? (como hemos presenciado en las especialidades médicas implicadas en el nuevo virus, en la nueva enfermedad). En definitiva: ¿hasta dónde ha sido tan nuevo, tan inédito, tan falto de conocimiento enfemero, el enfermo “covídico” como para ser tan distinto lo que enfermería hacía en las nuevas “salas covid”?.


Fenómenos observados como el miedo; la inseguridad; la desconfianza; la incertidumbre; el desconcierto; el aislamiento extremo (“casi” reclusión); la separación, distanciamiento familiar; la culpa. Y diagnósticos enfermeros como TEMOR; AISLAMIENTO SOCIAL; RIESGO DE COMPROMISO DE LA DIGNIDAD HUMANA; RIESGO DE SOLEDAD; AFRONTAMIENTO FAMILIAR COMPROMETIDO; INTERRUPCIÓN DE LOS PROCESOS FAMILIARES; RIESGO DE INFECCIÓN; RIESGO DE LESIÓN; ANSIEDAD ANTE LA MUERTE (que si repasamos los registros enfermeros podrían ser algunas de las respuestas humanas más comunes mostradas por los nuevos pacientes “covídicos” en nuestras nuevas “salas covid”): ¿son tan desconocidos para enfermería como para que el cuidado enfermero en estos nuevos espacios haya sido tan distinto según la opinión general de la enfermería ? .Sin duda, en las “salas covid” había elementos distintos constatables , a destacar algunos:


1. EPIS. Los Equipos de Protección Individual pasaron a ser habituales. ¿Pero nuevos para enfermería? Quizá lo nuevo era un nuevo matiz atribuido al significado que este acrónimo parecía adquirir para enfermería ante este nuevo virus “desconocido, contagioso y letal”: Enfermería Primero Interviene Segura.


2. La organización del cuidado parecía volver a ser “por tareas”. Nada nuevo. Más bien al contrario, decimonónico. Y por cierto cuestionado desde hace décadas por ir en detrimento de la humanización y la personalización.


3. La distribución de los equipos de enfermería adquiere un modelo “temporalizado” y “secuencial”, consistente en que las mitades de los equipos se equipan con los EPIS para desarrollar las tareas correspondientes a la secuencia de requerimientos (administración de medicación; monitorización de constantes; alimentación; higiene; etc.) que se suceden a lo largo de un turno de trabajo. Y así, cual distribución propia de quirófanos, se instauran las figuras de “interiores” (entran en las habitaciones en contacto directo y cercano con los pacientes covídicos); y de “exteriores” o “circulantes” (no entran en las habitaciones y asisten de material a los compañeros de “interiores”). Y a lo largo de un turno se alternan estas asignaciones. Y en esa secuencia, en los tiempos entre “tandas” de tareas, los profesionales se desprendían de los EPIS que permiten y requieren los cuidados directos, cercanos, continuos e inmediatos, de “interior”.


4. La total ausencia de pacientes en espacios comunes (tipo pasillos o salas grupales). Pacientes aislados permanecían “casi” recluidos en sus habitaciones. Justificado sin duda por la indicación médica de aislamiento de contacto y por gotas. Pero en unos espacios monográficos “covid”, donde un aislamiento en cohorte (todos “covídicos”) si permite compartir eventuales espacios grupales comunes; y con ellos compañía, comunicación y relación, sobre todo ante la total ausencia de familiares. Justificado principalmente por el riesgo de contagio del familiar; y en menor medida por el riesgo de que sea el familiar un nuevo agente de contagio en el hospital y a los profesionales (razón esta de la actual restricción de un solo familiar por paciente a la vez).


5. Una ausencia determinante para los pacientes “covídidos” por lo que supone su presencia: acompañamiento; relación; comunicación; escucha; distracción; ocupación; apego; afecto. Y una presencia, la de los familiares, como un elemento hacia enfermería de colaboración e interlocución. Pero también de reivindicación, comprobación y aprobación de los cuidados dispensados a sus seres queridos.


6. EL MIEDO. Muy presente en los enfermos “covídicos” (por otro lado una respuesta humana muy común en muchos otros tipos de enfermos de otras enfermedades, como por ejemplo el cáncer). Pero, como elemento claramente diferenciador, mucho más presente, y aquí radica una de los fenómenos nuevos más destacables para enfermería, en la propia enfermería. En primer término miedo a ser contagiado. Pero en última instancia: ¿miedo a la propia muerte y a la de sus seres queridos? ¿Enfermería parecía tomar consciencia de su vulnerabilidad personal y su posibilidad de morir. Tomad consciencia de la propia muerte? Este hecho, el de tomar consciencia real de la propia muerte, no la había observado ni en la enfermería que nos hemos dedicado durante décadas a trabajar con pacientes oncológicos y paliativos. Y como cuestión de fondo sería preguntarnos ¿que ha supuesto este fenómeno nuevo, en el cuidado enfermero?; ¿empatía?; ¿compasión? O por contra: distanciamiento ¿evitación?; ¿disminución de la intervención “presencia”, a la precisa determinada por las tareas? En mi caso, dedicado muchos años a la atención al final de la vida, pregunta esta especialmente obligada frente a la “tarea: éxitus” (diferencia 2) lamentablemente tarea muy frecuente en los primeros meses de pandemia.


7. ¿Enfermería ha sido como comunidad, un sujeto en sí mismo objeto de una respuesta humana atribuible a un problema de salud propio: una pandemia? (DIAGNOSTICO ENFERMERO: juicio clínico de las respuestas humanas del individuo, familia o comunidad, ante un problema de salud que requiere cuidados…). ¿ANSIEDAD ANTE LA MUERTE?; ¿TEMOR?; ¿CONOCIMIENTOS DEFICIENTES? ¿AFRONTAMIENTO “PROFESIONAL” COMPROMETIDO?.

Finalmente, en estos dos últimos puntos sería pertinente una reflexión que abarcaría sin duda varios marcos conceptuales: el antropológico (el miedo como una reacción humana natural y normal, ante lo desconocido; y más si supone una amenaza real a la propia vida y a la de tus seres queridos). El deontológico (nuestro deber de cuidar). El moral (de hacerlo bien, sabiendo diferenciar cuando lo hacemos bien y cuando no). El legal (nuestra obligación contractual de prestar cuidados con competencia y de calidad a unos nuevos usuarios). Reflexiones y debates que< considero no solo pertinentes, sino necesarios en una nueva realidad, la de las pandemias, que parece llegar para quedarse.

Cómo citar este documento
Gómez Chica, Antonio. Una nueva enfermedad, un nuevo enfermo. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 16 /09/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1722

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