Vivencia de la pandemia desde el otro lado.

“Aquí estamos. Somos un equipo. Y nuestro fin, nuestra razón de ser cada día que acudimos al hospital es solo el paciente”

Mª Ángeles Ortega Ramírez
Enfermera. Fisiopatología respiratoria. Hospital Universitario Clínico San Cecilio, Granada, España.

Me encanta leer. Soy una adicta a la lectura, a la novela, a las historias de intriga, policiacas, a las historias de amor, a las tragedias,… Muchas veces escuchas que la vida real supera a la ficción, y dices: si, tienes razón, pero hasta hoy no he sido tan consciente de ello. Todos escuchábamos las noticias con cautela. China, un virus mortal, que lejos nos cae. Pero llegó a Italia y ya no estaba tan lejos, tan parecidos a nosotros, tan latinos, tan del Mediterráneo. Nos decían una y otra vez que no nos preocupáramos, que no era peor que una gripe, que no era necesario poner medidas extremas y los creímos, al menos yo. Ellos eran los que sabían… Pero todo se precipitó. Se cerraban plantas, se dejaban de hacer pruebas, se cerraban quirófanos. Y empezaron a llegar los pacientes Covid. Solo los más graves, los sospechosos se debían de quedar en sus casas, no acudir al hospital ni al Centro de Salud. Y el hospital se llenaba por momentos con más y más personas afectadas.

No daba tiempo a abrir una planta cuando se ocupaban todas las camas y había que abrir otra y otra. Recuerdo el viernes 13 como uno de los días más triste y de más incertidumbre de mi vida. Mi amada perra Laika moría en mis brazos tras varios días de enfermedad sin retorno. Y en las noticias nos decían que ya no se podía salir a la calle, que nos confinaban. Dios mío, ¿se ha vuelto el mundo loco? Tres hijos en casa solos, sin colegio, sin clases, encerrados, asustados porque su madre sale todas las mañanas al trabajo y no saben cuándo volverá. Y eso, ¿Cómo se lleva? Mi servicio se cerró de los primeros, pero no dudé en ponerme a disposición del hospital. Soy enfermera, me gusta mi profesión, soy feliz haciendo lo que hago y sabía que mi lugar estaba junto a los pacientes Covid. No había horas, ni turnos. Sabía cuando entraba pero nunca sabía cuando salía del hospital. Si por mi hubiese sido no me habría ido, me sentía útil, quería estar allí, acompañar a los pacientes. No se me va de la cabeza la cara de cada uno de ellos cuando llegaban a la planta, ausentes, con el miedo reflejado en sus ojos. Hacía falta solo una palabra de cariño para que volvieran a la vida real y su mirada retornara. Y entonces te sonreían y veías como la esperanza volvía a sus ojos, porque esos ojos era lo único que podíamos ver…. ¡No me he muerto, me han llamado por mi nombre, saben que existo, hay alguien que va a intentar luchar por mi! ¡Tengo todavía una oportunidad! No sabéis lo agradecidos que han sido con cada uno de nosotros. Si ellos han recibido, nosotros mucho más. Ni una mala cara, ni una mala palabra, era todo agradecimiento.

Pero lo más duro llegaba con la hora de la muerte. La tristeza más grande es morirse solo, no tener a un familiar que te de la mano, que te abrace, que te diga que te quiere y que te echará de menos. Nosotros intentamos suplir en lo que pudimos, pero no es lo mismo. Y luego el peor trago, cuando llegaban los familiares……Les tenía que decir:- solo puede entrar un familiar, no podéis tocarlo, ni abrazarlo, tenéis que separaros más de 2 metros, sólo 15 minutos…. Lo despedían ya muerto. ¡Qué triste tiene que ser ver salir a tu padre, tu abuela, tu hermano,…saber dónde está y no poder verlo ni abrazarlo… ¡Qué impotencia Dios mío! También tengo buenos recuerdos. La primera comunicación con tableta con los familiares. ¡Era tan emotivo!,… Teníamos las lágrimas fáciles. Y ese día volvía feliz a casa. Abrazaba a mis hijos todo lo que me dejaban, pero no los besaba. Ellos entendían a medias lo que pasaba, pero no les gustaba. Había algo extraño en mamá. Y la primera despedida de familiares de un paciente con vida, antes de morir. Todo un logro en cuestión de humanidad.

Vivíamos con miedo, hacíamos lo que hacían en otros países, en otros hospitales. Pero si dejábamos entrar al familiar cuando su ser querido estaba muerto, porque no dejarlo antes que muriera, verlo aún con vida, decirle que lo querían, que estarían en su recuerdo. No sabemos si escuchamos algo en los primeros minutos después de nuestra muerte. Yo creo que sí. Y empezaron a dar altas a pacientes, unos se curaban, otros no….pero cada día había menos. El confinamiento tuvo su resultado. La felicidad extrema. Su cara totalmente cambiada, la alegría en su rostro, el agradecimiento. Aquí no hablamos de clases sociales, todos somos iguales, somos humanos y todos nos podemos contagiar, salvarnos o morir. ¡Eh!, aquí no vale tu dinero, tus estudios, tu posición social. Has cogido “el bicho”, igual que podía cogerlo yo o tu vecino de al lado. Sí, nos volvió más humanos. ¿Y ahora qué?. Donde se ha quedado todo eso. Hemos vuelto a lo mismo. Los contagios se multiplican por días. No queremos que se acerque nadie desconocido, pero los conocidos nos juntamos sin reparo, primero en grupos pequeños y después por decenas. Y tus hijos salen a la calle y no sabes si al volver la esquina se bajan la mascarilla, porque veo que otros lo hacen.

Me falta una semana para volver al trabajo y estoy aterrada. Los primeros meses más duros los viví bien, los siguientes han ido acompañados de algún que otro ansiolítico. Miro las noticias y no son nada alentadoras. Pero sé que cuando entre por la puerta del hospital y me ponga mi uniforme y mi mascarilla todo cambiará. Solo necesito volver a mirarlos a los ojos, a aquellos que me necesitan. Que vengan los Covid que tengan que venir. Yo estaré aquí, y también el médico y la incansable auxiliar, y el todopoderoso celador y la hormiguita limpiadora, ¡grande!. Aquí estamos. Somos un equipo. Y nuestro fin, nuestra razón de ser cada día que acudimos al hospital es solo el paciente. Podría haber elegido otra profesión en la que hubiese ganado mucho más, pero ninguna me hubiese reportado tanto. Soy enfermera, y muy orgullosa de ello.

Cómo citar este documento
Ortega Ramírez, Mª Ángeles. Vivencia de la pandemia desde el otro lado. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 04/09/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1649

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