Año 2020 para el olvido

“El acercarte al niño solo para constantes y alguna técnica, lo estrictamente necesario, se hace cuesta arriba, nuestra profesión es más que eso”

Cristina Corpas Rodríguez
Enfermera. Urgencias de Pediatría. Hospital Universitario de San Cecilio, Granada, España.

Vaya añito el del 2020, quien nos iba a decir en el mismo febrero de este año lo que iba a pasar. Desde finales de noviembre del 2019 se estaba escuchando hablar del Coronavirus, pero lo veíamos tan lejano porque era en China y decíamos China está muy lejos, aquí no llega. Pues llegó. En mi Hospital, pues todo cambió. Desde el camino hacía el hospital, una autovía siempre con retenciones, a no pasar prácticamente ningún coche, que incluso daba miedo, no me lo podía creer. Eso es una de las cosas que he agradecido durante el confinamiento.

El Hospital totalmente modificado, era otro. Ese no era el Hospital en el que hacía dos días había trabajado. En mi servicio, Urgencias de Pediatría, todo cambiado, se habilitaron dos consultas para atender a sospechosos de COVID. El mobiliario cambiado para guardar material para atender a pacientes COVID (EPI en general). Nos habían dado cursos para poner y quitar el EPI pero nunca podía imaginar que lo necesitaríamos tanto, porque cuando ocurrió la GRIPE A y el ÉBOLA también se dieron pero no llegó a este extremo. Un compañero al lado nuestro comprobando que el EPI me lo colocaba o quitaba correctamente. Poner una línea roja en el triaje para que la gente no se acercara a nosotros y decir que solo podía entrar un padre y que el carrito no podía entrar, que lo tenían que dejar fuera. Es duro porque creo que eso deshumaniza mucho nuestra profesión, sobre todo tratándose de niños, pero bueno al menos si que podían estar acompañados por un progenitor, no como en el caso de adultos que han permanecidos solos durante toda su estancia en el Hospital. El acercarte al niño solo para constantes y alguna técnica, lo estrictamente necesario, se hace cuesta arriba porque nuestra profesión es más que sacar analítica o tomar una temperatura o recoger una orina, etc….

Nuestra profesión a mi me enseñaron en la Escuela de Enfermería que es Humana y próxima a la persona. No me quiero imaginar esas personas que han perdido a algún familiar y no han podido estar a su lado en los últimos momentos. Pienso que eso es lo más duro de todo. La verdad que mentiría si no he sentido miedo, pero ante todo es nuestro trabajo y ahora más que nunca teníamos que estar ahí. Era horrible levantarse cada mañana, escuchar infectados y fallecidos. Estando confinados y esto no baja, y la verdad es que te venías abajo pensando esto nunca se va a terminar. Ha sido un desgaste tanto físico como psicológico.

Durante toda esta situación, para mí, fue muy importante el apoyo de nuestra supervisora, que llamaba todas las tardes durante la semana y durante el fin de semana llamaba por la mañana y por la tarde para preguntar como estábamos, que si estábamos bien, que si nos faltaba algo. Se preocupó tanto de nuestra seguridad y protección individual como de nosotros como personas; se lo estaré eternamente agradecida. También fueron importante esos aplausos a las 20h, el apoyo de los cuerpos y fuerzas de seguridad, bomberos, protección civil, etc… cuando venían al hospital y salían de los coches y nos aplaudían pues la verdad que es de agradecer que se valorara nuestro trabajo. Después de todo orgullosa de mi trabajo, de ser enfermera, poder ayudar en esta situación y afortunada de tener trabajo y aunque fuera a trabajar, pero podía salir de mi casa y ver y hablar a los compañeros/as, y darme cuenta que lo que yo sentía no era yo sola, sino que el resto de compañeros/as estábamos igual. Eso era un alivio. Y luego cuando nos llegaban donaciones de mascarillas de tela, gorros, raspa para salvar nuestras orejas pues también fue mucho de agradecer.

La otra parte es nuestras familias. En mi caso no tengo hijos, pero tengo pareja y sinceramente pues me preocupaba, si lo tenía que pasar yo pues ya está, pero que por mi culpa lo tuviera que pasar él pues me aterraba. Pero el me ha ayudado a sobrellevar esta situación porque el me ha apoyado, el ha estado ahí, nunca me dijo que me fuera a otra habitación o que durante este tiempo me fuera a vivir a mi piso y gracias a él pues he podido RESISTIR mejor todo esto del coronavirus. Y luego pues mis padres, con 70 años y mi madre diabética, hipertensa, sobrepeso, etc.., era algo raro, yo preocupada por ellos y ellos por mí. Mi madre me llamaba todos los días un mínimo de dos veces. Les dije que no salieran que les llevaba la compra cada dos semanas, se las soltaba y me iba. Temía que salieran. No quería que fueran a comprar porque el ir a comprar era una odisea porque además del riesgo el lio que había siempre en el supermercado. Cuando se la dejaba dolía tenerlos tan cerca y no poderles darles un beso, un abrazo, un achuchón. Todo tan inhumano, tan lejano. El solo hablar o verlos por el móvil pues ha sido difícil. Y luego pues las videollamadas de mis hermanos preocupándose y preguntando como estoy pues anima mucho y entristece a la vez porque tampoco quería causar más miedo y preocupación a ellos.

El COVID-19 nos ha cambiado la vida a todo el mundo, sin depender la clase social, profesión o nacionalidad. Cambia tu forma de pensar, de ver la vida, de ver el futuro, en definitiva, de ver a las personas, cambio de valores y prioridades que tenía. Todo esto ha sido como un antes y un después, viendo el mundo desde otra perspectiva, no sé si mejor o peor, pero que te hace cambiar, comprender lo que verdaderamente tiene importancia y lo que no. Y en esta situación, ahora más que nunca debemos hacer cumplir el refrán: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque a lo mejor mañana es tarde. Disfrutar cada momento bueno que nos da la vida, porque los malos momentos nos vienen solos.

Cómo citar este documento
Corpas Rodríguez, Cristina. Año 2020 para el olvido. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 04/09/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1626

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