Capítulo 113: Miedo

“Todos fuimos líderes, cuando alguien flaqueaba otro apoyaba, siempre unidos”

Julio Mateos
Enfermero. Neumología-Cardiología. Hospital General Nuestra Señora del Prado – Talavera de la Reina, España.

“¿Creéis que llegará? No, no lo creo. Acuérdate de lo que pasó con la Gripe A. Pero, es que en Italia dicen que están muy mal.” Esta conversación bien pudiera haber transcurrido en cualquier control de enfermería de cualquier hospital de España. Como de si algo lejano se tratara, o como si nuestra inmunidad emocional estuviera funcionando, negábamos la posibilidad de algo parecido a lo acaecido en estos últimos meses. En mi caso, enfermero de una planta de Neumología, se nos había instruido de una forma expedita en la correcta colocación y retirada de los famosos EPIs. Nunca más se nos auditó sobre ese asunto. Recibimos algunos casos sospechosos y tras una libranza de varios días llegó el maremágnum coronavírico.

De manera súbita la planta contaba con cerca del 80% de pacientes con confirmación para COVID-19 y en unos pocos días más contábamos otras 3 plantas más. En los primeros días tuvimos la imperiosa necesidad de organizarnos en base a lo que entendíamos que era lo mejor. Lo mejor para los pacientes y para nosotros. Eran muchas las incertidumbres aunque ya sabíamos que no era una Gripe A. Perdimos mucho tiempo en establecer y delimitar los espacios “limpios y sucios” de una manera definitiva. Por supuesto, no ayudó la carestía de materiales, para nosotros fue sin duda el mayor de los hándicap para una correcta atención. Además se añadió la implementación, como bien es sabido, de unos cuidados con un incremento sensible en su complejidad. La desmesurada necesidad de soporte ventilatorio, en ocasiones invasivo, por parte de los pacientes requirió el 100% de nuestras capacidades. El uso de pautas diferentes tanto de medicación, como de cuidados no farmacológicos acrecentó la necesidad de adaptación a los cambios. Eran muchos los cambios, y muy rápidos. Otra de las cuestiones que sin duda torpedeó nuestro núcleo como enfermeros fue la restricción del acompañamiento por parte de los familiares de los pacientes.

La enfermería presenta la atención centrada en el paciente como un pilar fundamental de su paradigma como profesión. El paciente es el centro, y es él quien recibe el soporte emocional de sus seres queridos. Debido a la alta contagiosidad, no se pudo garantizar la satisfacción de esa necesidad. Pasamos de manera inmediata a ser la línea de vida que comunicaba su soledad con la de sus familias, incluso en ocasiones pasamos ser parte de las suyas. Cierto es que hicimos prevalecer el control de las infecciones de manera férrea y eso hizo que en ocasiones no pudiéramos velar porque los familiares pudieran seguir a los pacientes de la forma que hubiésemos querido todos. Con la pandemia ya algo más avanzada, sí que eran diarias las videollamadas, incluso grupales. Transcurrían los días y los cumpleaños de algunos pacientes se celebraban, con 4 familiares en pequeñas ventanas de un teléfono móvil, y con varios compañeros vestidos con nuestros inseparables EPIs no homolgados. De lo que no tengo duda, y en lo que no escatimamos en ningún momento fue en la atención cálida y humana que recibieron. A día de hoy, no recordamos a los pacientes por un número de cama, sino por sus nombres. El parte de enfermería nunca fue tan nominal. A pesar de la recomendación establecida para la agrupación de los cuidados que tuvo como objetivo minimizar la exposición al virus, fueron muchas las horas que no solo dedicamos a cuidar, sino también a consolar y a aliviar.

No puedo pasar por alto otra palabra que fue clave: Miedo. 6:45 AM, café en mano, sólo sentado en la cocina, auriculares en los oídos: “Los contagios en el día de ayer ascienden a 6140, los fallecidos 545”. La taquicardia se instauraba para ya no abandonarla hasta finalizar el turno. Puesta la mascarilla, entras en la habitación y ves a tus hijos dormir, sin tocarles, sin poder besarles. Te despides mentalmente. Llegas al hospital, a la planta. En el rostro de tus compañeras del turno de noche ves cansancio, sufrimiento, agotamiento. Miedo. Comienzas a colocarte el EPI, sientes que la taquicardia sigue ahí, se suma el sudor y la imperiosa necesidad de respirar aire limpio. Entras en la habitación de uno de los pacientes, múltiples comorbilidades, soporte ventilatorio al máximo y él susurra algo. “No le entiendo”, le hablo con voz firme. “¡Que me dejen morir ya!” grita, con miedo. Yo le miro, con miedo. Pocas horas después, fallece. A los pocos minutos, la supervisora te indica que tu compañera del turno de ayer tiene anosmia y tiene una PCR positiva. Esperas tu llamada de Salud Laboral, no llega. Termina el turno. Y así, varias veces, durante muchos días. Miedo al contagio, miedo a la transmisión, miedo a no responder a las expectativas que de ti tiene la sociedad, miedo a abrir la habitación de un paciente nuevo y que ese paciente finalmente seas tú. “Saldremos más fuertes y unidos de esta”. A estas alturas ya sabemos que no es así. Igual que: “Todo va a salir bien”. Buen lema para levantar el ánimo a la tropa, pero sabemos que fue fruto de la inmunidad emocional que querían para nosotros.

Quizás esta última reflexión no sea lo que alguien quisiera oír, por ello enmiendo en parte mi pensamiento. He tenido la gran suerte de trabajar con un equipo extraordinario en la planta donde me hallo. Todos fuimos líderes, cuando alguien flaqueaba otro apoyaba, siempre unidos. Hemos recibido innumerables ayudas externas, donaciones materiales que llenaban nuestra alma de manera intangible. Saberse respaldado y sentirse acompañado aunque fuera a distancia no tuvo precio. Distinto fue el trato institucional, pero no quisiera dedicar ni una palabra más a ello.

Con todo ello, hemos escrito en nuestros recuerdos uno de los capítulos más intensos y duros de nuestras vidas. El capítulo 113, o 11 de Marzo, día en que se definió como pandemia, día que quedará grabado por sécula seculórum. Los sanitarios, y más en concreto, las enfermeras siempre supimos lo que fue liderar el cuidado a pie de cama. Temblaron los cimientos del paradigma de la humanización. A pesar de ello, desde nuestros sufrimientos más profundos y con infinidad de trabas, supimos desde mi humilde opinión, estar a la altura de nuestros pacientes. Esperemos que todo lo vivido sirva de lección para siguientes situaciones catastróficas.

Cómo citar este documento
Mateos, Julio. Capítulo 113: Miedo.Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 05/07/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1562

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