La enfermera docente en tiempos de crisis: compromiso profesional y personal

“Cuando se es enfermera, se es para siempre”

Aintzane Orkaizagirre Gómara
Enfermera docente. Sección de Enfermería de Donostia. Facultad de Medicina y Enfermería. Universidad del País Vasco, España.

Me gustaría narrar la experiencia, las reflexiones realizadas como profesora de Enfermería durante el periodo de confinamiento causado por la pandemia de la covid-19. Imparto clase y soy la coordinadora de la asignatura Calidad y Seguridad en los Cuidados de tercer curso del Grado de Enfermería de la Sección Donostia de la Universidad del País Vasco. En esta asignatura trabajamos el liderazgo y la calidad asistencial, incluyendo la seguridad del paciente. Esta asignatura se imparte en el segundo cuatrimestre, por lo que comenzamos la impartición de las clases a pocos días de que se declarara el Estado de Alarma y el confinamiento total de la población. Se imparte dos días a la semana durante ocho semanas; con una duración de 4 horas diarias que se dividen en 2 horas de Clases Magistrales y 2 horas de Seminarios. Desde la universidad, se nos urgió a modificar la metodología para adaptarla a la modalidad online. Ahí es donde surgió mi primera reflexión en relación a la densidad de la teoría a impartir y a la participación de las estudiantes en su propio aprendizaje. Lo primero que pensé fue que sería difícil de soportar para las estudiantes impartir teoría de una forma unidireccional, esto es, yo explico y ellas escuchan. Esto tenía que cambiar.

Lo siguiente que pensé es que debía seleccionar el material más relevante, exponerlo y permitirles a ellas reflexionar sobre el mismo y establecer sus propias conclusiones que tuvieran un impacto en la práctica enfermera. Junto a esta idea, valoré que sería más sencillo conseguir su implicación si el material era interesante y ellas mismas podían observar un aprendizaje aplicable en la práctica. Comenzamos las clases y lo hicimos bien. Nos fuimos adaptando al mundo virtual. Al principio, existía cierto recelo. Yo misma me preguntaba si estarían siguiendo bien las estudiantes la asignatura en este nuevo contexto virtual. Desde el principio acordamos respeto y confidencialidad para todas las estudiantes, para que todas ellas pudieran expresarse libremente aun tratando temas de calidad y seguridad del paciente que en alguna situación puede generar incomodidad. Traté de respetar su tiempo para la lectura, reflexión, también para que generarán una opinión y que la compartieran con el resto. Cuando ellas opinaban trataba que todas las voces fueran escuchadas y que entre todas construyéramos un discurso. Así, pedí a las estudiantes que cuando creábamos estos discursos en torno a un tema, enviaran sus conclusiones con aquello que les hubiera resultado más significativo para que quedara recogido en un diario de la asignatura en el que todas podíamos participar y dejar recogidas nuestras voces. Trabajando en la asignatura el liderazgo, la calidad y la seguridad de los cuidados, no resultó complicado trasladar a las estudiantes las decisiones que pueden tomar las enfermeras para ofrecer la mejor atención a sus pacientes y familias. Reflexionamos sobre la calidad y los factores influyentes en la atención que ofrece la enfermera, con la idea de que si los pueden reconocer les resultará más sencillo proponer estrategias con el fin de mejorar los cuidados.

Por supuesto, revisamos el marco de actuación de la enfermera, así como las estrategias y acciones que pueden llevar a cabo para mantener una relación enfermera-paciente satisfactoria tanto para el paciente como para la enfermera misma. Esto llegó a las estudiantes, quienes revisaron casos vivenciados por ellas mismas en sus propias prácticas para aplicando el Estudio de Casos revisar y analizar el caso y proponer mejoras apoyadas en la teoría. Este trabajado individual, también fue una modificación adaptada por las circunstancias ya que previamente evaluábamos los resultados de aprendizaje mediante un examen escrito. En esta ocasión, pensé que podíamos arriesgarnos y apostar por un trabajo individual que sin duda iba a requerir un esfuerzo tanto para la docente como las estudiantes, pero que merecería la pena ya que iban a poder conocer un método de aprendizaje reflexivo, con el que poder unir la teoría con la práctica, además de integrar los conceptos previos impartidos en la asignatura y dotarles de una herramienta para poder valorar de manera crítica nuevas situaciones en las que no se dé una atención de calidad y proponer mejoras basadas en la teoría. El siguiente punto de inflexión llegó en un momento de crispación social en el que las propias profesoras de Enfermería estábamos preparadas para atender en la clínica si así hubiera sido necesario. Mientras la asistencia sanitaria se mantenía contenida en el País Vasco, surgió un inconformismo profesional que tendría una afectación profunda en mí. Me mantenía actuando como docente, como si la docencia y la Enfermería fueran dos extremos muy lejanos: o era profesora, o era enfermera. Realmente esta sensación me inquietaba porque estaba preparada para ejercer como enfermera asistencial, sin embargo, mantenía mi deber hacia mis estudiantes mientras nuestra presencia no fuera requerida en el ámbito asistencial, que así fue finalmente. Sin embargo, aun sabiendo que mientras trabajara en la universidad se me contrataba para ejercer como docente e investigadora, no podía obviar la figura principal que estaba emergiendo de nuevo en mí misma.

Me pregunté qué podía hacer para ser útil para la sociedad. Consideré que mientras estuviera ejerciendo como docente podía mostrar a mis estudiantes el reflejo de una enfermera docente en momentos de crisis: preguntándoles qué tal estaban, mostrando mi disposición para hablar fuera de las clases, adaptando la docencia y seminarios en función de sus discursos –pero manteniendo los objetivos de la asignatura-, mostrando implicación por ayudarles a obtener sus objetivos, guiándoles cuando lo necesitaban, respetando sus discursos y silencios para darles tiempo,… Continué con esta dinámica hasta el final de la asignatura, requería mayor implicación por mi parte, pero sentía que estaba haciendo lo correcto hacia mis estudiantes. Ellas incluso manifestaron agradecer las clases virtuales para olvidarse del confinamiento. Esto ya lo había hecho antes, solo que en el servicio de salud y entonces mis clientes eran pacientes y el lugar de atención era una consulta o botiquín. En esas experiencias anteriores, aprendí el valor de presentarme y mostrar disposición, cuidar el espacio y a la persona en todas sus dimensiones, comprendí la importancia de la relación con la familia y el entorno por el impacto que tiene en la propia persona. La relevancia de ser exacta en la educación y cuidados, aportando seguridad y confianza. Con todo esto, me preguntaba las siguientes cuestiones en el que era y es mi terreno laboral: ¿Cómo no iba a influir una pandemia mundial en nuestras estudiantes? ¿cómo no iban a agradecer una figura profesional, si hasta yo misma tenía miedo? Entonces algo más profundo surgió en mí.

Me pregunté a mí misma cuándo había relegado a la “enfermera” a un segundo lugar, cuándo había comenzado a obviarla. La respuesta más probable fue al dejar mis contratos anteriores como enfermera por el de docente e investigadora en la universidad, con la carga para avanzar curricularmente que ello conlleva. Había dejado de lado la enfermera que soy durante todo este tiempo ejerciendo como profesora e intentando incrementar mi curriculum. Además, impartiendo una asignatura en la que repensamos el concepto de calidad asistencial y entre otras, proponemos la autenticidad y la presencia cuidadora. Había estado en disonancia con mi propia persona.

Realmente considero que cuando se es enfermera, se es para siempre. Hasta antes de este confinamiento había ejercido en la universidad como profesora de Enfermería, desde este momento en a delante vuelvo a hacer las paces con la enfermera docente e investigadora que soy. Me comprometo a indagar en la bibliografía sobre el rol de la enfermera docente, probablemente pueda hacerlo propio y así sentir más sintonía entre ambas figuras. Dicen que el tiempo pone todo en su lugar, en mi caso, ha sido necesario tiempo y una pandemia que nos ha mantenido recluidos para volver a poner en valor y en primer lugar a la enfermera.

Cómo citar este documento
Orkaizagirre Gómara, Aintzane. La enfermera docente en tiempos de crisis: compromiso profesional y personal. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 18/06/2020. Disponible en:  http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1478

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2 comentarios en “La enfermera docente en tiempos de crisis: compromiso profesional y personal

    1. Gracias Concha, seguiré trabajando en las metodologías activas y reflexivas. Sabiendo los buenos resultados obtenidos en la docencia virtual, ahora tengo ganas de aplicarlas en la docencia presencial. A ver si el curso que viene podemos 😉

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