Estudiante de enfermería en tiempos de COVID19 .

“Esta pandemia ha resaltado el poder que tienen las actuaciones individuales para poder generar un gran cambio”

María Ossorio Romero
Estudiante de Enfermería. Centro Universitario San Juan de Dios, Sevilla, España.

El coronavirus llegó cuando estaba realizando el penúltimo rotatorio de prácticas de enfermería, del último año. Tenía asignado el área de urgencias y, aunque el virus todavía sonaba algo lejano, a mediados de febrero ya teníamos pegado el protocolo de sospecha de COVID-19 en la mesa de triaje junto con una caja de mascarillas. Aunque, por aquel entonces, el protocolo sólo contemplaba como posible sospechoso a alguien que, a parte de tener síntomas, hubiera viajado o tenido contacto con alguien que hubiera viajado a Wuhan. Parecía remotamente imposible que alguien así llegara a nuestras urgencias. También se empezó a dar mascarillas a todo aquel que tuviera problemas o síntomas respiratorios. Aun así, el miedo comenzaba a estar en el ambiente y empezabas a pensar en todo lo que habías tocado y a lavarte más frecuentemente las manos. Todo se hizo más real cuando salieron las noticias de los primeros casos en Sevilla, y cuando escuchabas rumores sobre ingresos en tu propio hospital. A los pocos días, a aquellos alumnos como yo que estábamos en el área de urgencias, nos reasignaron otros lugares de prácticas, aunque sólo por precaución. En aquel momento mi mayor preocupación era no poder completar mi rotatorio en el área de urgencias, ya que esperaba adquirir muchos conocimientos, sobre todo técnicos, que me harían falta en el futuro laboral tan cercano, sin saber lo que se nos venía encima.

Por aquel entonces ya escuchábamos noticias sobre prácticas canceladas en otros países como Italia, incluso en otras comunidades autónomas, por lo que la tensión estaba en el ambiente y estábamos a la espera de cuándo nuestra universidad tomaría medidas. Y así fue, a los 3 días de que me reasignaran un nuevo lugar de rotatorio, se cancelaron las prácticas. Al principio la noticia fue bien recibida, teníamos mucho trabajo por delante con el TFG y las prácticas cansan tanto, que no nos venía mal ese respiro. Aunque pronto empezaron esas dudas sobre cuánto tiempo estaríamos así y si tendría repercusiones esta pérdida de horas de práctica, preguntas para las que ni nuestros profesores tenían respuestas. Estábamos todos a la espera de cómo evolucionaría la pandemia, aunque nos creíamos que aquello duraría unos 15 días. Esa misma semana se cancelaron todas las clases del país, y entramos en estado de alarma.

Empezábamos a ser conscientes realmente de la magnitud del problema, tanto a nivel humano cómo económico y con cada ampliación del estado de alarma más. Durante las primeras semanas de cuarentena la incertidumbre con respecto a nuestro fututo iba creciendo, no sabíamos si nos podríamos graduar, si nos adelantarían la titulación para poder trabajar cuando antes, si tendríamos que esperar a septiembre por no haber realizado las prácticas, etc. Además, a todo esto, se le unió que nuestra comunidad autónoma solicitó alumnos voluntarios de enfermería de cuarto curso que estuvieran dispuestos a ser contratados si hiciera falta, y muchos de nosotros, aún con miedo, nos apuntamos.

Poco a poco se fue esclareciendo cómo iba a ser nuestra forma de evaluación y nos confirmaron que podríamos obtener nuestro título tal y como estaba establecido anteriormente, lo cual fue un respiro para todos nosotros. Pero tocaba ponerse a trabajar y realizar actividades que nos mandaba la universidad para poder adquirir los créditos que no pudimos completar con las prácticas, a parte de seguir trabajando en el Trabajo de Fin de Grado y, en mi caso, estudiar día a día para prepararme el EIR, por lo que no he tenido tiempo de aburrirme, más bien he tenido menos tiempo libre que nunca. Además, concentrarse en medio de una pandemia no es tarea fácil, y no sólo por la sobreinformación, enorme preocupación y porque la mayoría de los trabajos fueran sobre el coronavirus, sino porque todo se hace más complicado cuando no puedes alternar el tiempo de estudio con salidas al aire libre, quedadas con amigos y desconexión y socialización en general, debido al confinamiento. Durante el confinamiento es muy fácil perder la noción del tiempo, todos los días me parecían iguales, tenía la misma rutina y sentía como que mi vida estaba en pausa, que estaba siendo improductiva y perdiendo el tiempo, sin avanzar. Cuesta mantenerse conectado durante el distanciamiento social y a la vez no perder la cabeza y el tiempo por dedicar demasiadas horas al móvil y las redes sociales.

Recibí con bastante alegría cuando permitieron salir a pasear y a hacer deporte, y aunque me sentara bien salir, ni si quiera un paseo servía para despejarte, te cruzas a personas con mascarillas que no te permiten olvidarte ni un segundo que estamos en una pandemia y tienes que ir sorteando como una carrera de obstáculos para intentar no pasar a menos de dos metros de nadie. Actualmente ya estamos viviendo la desescalada, y tenemos cada vez más cercano ese futuro laboral, que, si ya nos preocupaba de normal, ahora más aún. Aunque nos sintamos preparados y nuestros profesores y conocidos nos lo reafirmen, al haber perdido casi 3 meses de prácticas donde tanto aprendíamos y que tan necesarias son, sentimos que vamos incompletos y aún con muchos conocimientos que adquirir. Además, está el hecho de comenzar en medio de una crisis sanitaria y una pandemia, lo cual no disminuye el miedo. No será un comienzo fácil, pero seremos capaces de adaptarnos, allá vamos.

El confinamiento me ha servido para practicar la gratitud, para apreciar lo que tengo en vez de enfocar mi atención en lo que me falta. Puedo considerarme con suerte por tener una casa espaciosa donde convivir 4 personas y que cada uno pueda tener su espacio, unos padres que no han perdido su trabajo, un jardín donde poder tomar el aire y el sol, y de no haber perdido a nadie cercano. También agradecimiento por todos los sanitarios que se han dejado la piel día tras día por sacarnos de esta pandemia y he reafirmado y redescubierto el valor de trabajar para cuidar de los demás. Esta pandemia ha resaltado el poder que tienen las actuaciones individuales para poder generar un gran cambio, y es que el comportamiento de cada uno de nosotros era importante y ha aportado un granito de arena. Sólo espero que nunca se nos olvide, y que ya siempre tengamos claro qué es lo importante.

Cómo citar este documento
Ossorio Romero, María. Estudiante de enfermería en tiempos de COVID19. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 27/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1407

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