El camino hacia la nueva normalidad.

“Los aplausos deberían ser infinitos, porque ellos continúan a diario luchando contra el virus”

Julio José Guzmán Delgado
Estudiante de Enfermería. Centro Universitario de Enfermería San Juan de Dios Bormujos, Sevilla, España.

Durante esta pandemia, el tiempo ha pasado lento y aún lo sigue haciendo. Lo que catalogábamos como ¨normal¨, ya no lo es. Sino que se habla de que estamos entrando en otra normalidad a la cual no termino de acostumbrarme. En mi familia, mi padre es auxiliar de enfermería, y por tanto, toda la crisis sanitaria que ha habido y de la que aún no hemos salido, la hemos percibido de otro modo y con un enfoque distinto al de mis amigos y conocidos. Como estudiante de Enfermería, he vivido los cuatro años de carrera fuera de casa, por lo que debido a la situación, el 13 de marzo de me trasladé a mi residencia habitual, la casa de mis padres, justo antes de que se proclamara el Estado de Alarma en toda España. Como cualquier otro fin de semana, hubiera ido visitar a mis amigos, pero no pude hacerlo. Una semana antes de llegar, se paralizaron mis prácticas clínicas de Enfermería por estar en peligro de contagio, y por tanto era más seguro estar en casa.

Sentí frustración, no entendía nada de lo que estaba ocurriendo e incluso le restaba importancia a la situación e infravaloraba al virus. Pensaba que todo era exagerado y que pronto volveríamos a la normalidad, pero desgraciadamente no fue así. Al llegar a casa, mi padre tenía un gesto preocupado y angustiado. Nos contaba el ambiente que se respiraba en el hospital y se nos puso a toda la familia los pelos de punta. Él ha experimentado desde ansiedad hasta insomnio, debido a la incertidumbre de no saber qué se iba a encontrar en el siguiente turno. Eso le hacía pasar las noches casi en vela, afectando a su descanso. A esto se le añade la falta de recursos materiales de protección individual para los sanitarios, que no llegó hasta finales de abril. Esto supuso un enfado por parte de los trabajadores y compañeros/as de mi padre, ya que se exponían a un virus desconocido y que podían transmitir a sus seres queridos a causa de la inexistencia de material apropiado. Se formalizó una queja del conjunto de profesionales de la unidad, donde se exigía unos mínimos de materiales de protección para poder trabajar garantizando la seguridad de los propios sanitarios. Tras esto, el jefe de la unidad instó de manera rotunda que el personal no debía ponerse mascarilla y señalando que aquel que lo hiciera entraría en conflicto.

La salud de los trabajadores no primaba en aquella situación, aún a sabiendas que semanas anteriores el Gobierno de España recomendaba el uso de material de protección ante posibles casos. Además de esta experiencia personal que me traslada día a día mi padre, es curioso observar cómo la población está bajando la guardia con las medidas de prevención contra este dichoso virus. Quizá el hecho de tener un allegado que trabaje y sepa de primera mano lo que ocurre dentro del hospital, hace que me duelan un poco más las irresponsabilidades de otros, como aparece a diario en las cadenas de televisión. No quiero imaginar cómo deben de sentirse aquellas personas que han perdido a algún familiar durante la pandemia ante tanta falta de sensibilidad y responsabilidad por parte del resto de la población. Además, es triste ver como los profesionales sanitarios se dejan la piel en su puesto de trabajo intentando salvar al mayor número de personas mientras que otros siguen actuando de manera desafortunada. Los aplausos en los balcones que demostraban apoyo se fueron difuminando conforme la población fue ganando libertades.

Los aplausos deberían ser infinitos, porque ellos continúan a diario luchando contra el virus, entre otras cosas. Nada volverá a ser igual que antes de la pandemia, esta situación nos ha cambiado. Aunque avancen las fases del Estado de Alarma, la población cree que el virus ya no existe o se ha erradicado por el simple hecho de poder realizar aquellas actividades que durante el confinamiento no se podían. Parece que se han olvidado demasiado pronto los meses de confinamiento. Durante este, recuperamos la empatía por el de al lado, compartimos momentos con nuestros familiares cuando antes nunca había habido tiempo, echamos de menos a nuestros seres queridos y mantuvimos el contacto diario. Cosas que antes las dejábamos pasar, se convirtieron en la base fundamental durante el confinamiento, recuperamos la humanidad y solidaridad que tanta falta hace en el mundo hoy. Ahora que recuperamos la ¨nueva normalidad¨, todo eso queda atrás y volvemos a la vida anterior, rápida y automatizada. Ansiamos recuperar aquello que se suponía que nos hacía feliz. A veces creo que el ser humano necesita tocar fondo para que despierte, como si de un sueño se tratase, para poder discernir qué es lo importante.

Aunque no haya vacuna, seguimos intentando luchar contra las medidas de prevención, como si con nosotros mismos no fuese el problema, como si fuésemos inmortales y no pudiésemos contagiarnos, como si quisieran coartar nuestra libertad, sin darnos cuenta de que nosotros mismos deberíamos hacerlo por el bien común. La cuestión es que hasta que no se logre encontrar una vacuna eficaz para combatir al Covid-19, las medidas de prevención son nuestra única opción para no contagiarnos de la enfermedad. Espero que cuando echemos la vista atrás y realmente nos demos cuenta de lo que ha sucedido, valoremos lo que tenemos como se merece. Espero que pongamos en orden las prioridades utilizando un criterio más humano y generoso con los demás, dejando de anteponer el interés propio y situando en primer lugar el beneficio del conjunto. Así y sólo así avanzaremos como sociedad.

Cuando todo esto pase, porque pasará, espero que se valore al conjunto de profesionales que permiten el funcionamiento del sistema sanitario. Desde el médico que da un diagnóstico clínico, hasta el electricista que permite que se ilumine adecuadamente un quirófano. Y por supuesto, espero que se tenga en alta estima al conjunto de profesionales sanitarios que trabajan tanto en nuestro país como en muchos otros, y conseguir unas condiciones laborales decentes y seguras, porque si no cuidamos de aquellos que nos cuidan, ¿quién lo hará? Ahora más que nunca se ha visto que la Enfermería es una profesión vocacional y sacrificada. La labor que desempeña la Enfermería es de vital importancia en nuestra sociedad, y me apena la situación que han tenido que abordar todos los profesionales sanitarios. A pesar de no haber podido trabajar con las herramientas adecuadas, han antepuesto a sus pacientes a su propia salud y la de sus familiares. Me quedan escasos días para convertirme en enfermero, y pasar a formar parte del equipo, y hoy más que nunca, creo que es la profesión más bonita del mundo.

Cómo citar este documento
Guzmán Delgado, Julio José. El camino hacia la nueva normalidad. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 27/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1398

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