Y no hizo falta algo grande para parar el mundo

“Somos la generación que ha terminado sus estudios a través de Internet”

Ana Isabel García García
Estudiante de Enfermería. Centro Universitario de Enfermería San Juan de Dios, Bormujos, Sevilla, España.

Diciembre de 2020. Se registran en China casos de una extraña neumonía por contagio de un virus desconocido, el SARS-CoV-2. Febrero de 2020. El virus ha llegado a Italia, pero que no cunda el pánico, sólo es una gripe. Marzo de 2020. El gobierno de España decreta el Estado de Alarma Nacional por pandemia. Resultó ser algo más que una gripe. Y nos tocó. Nos tocó y nos llegó sin esperarlo. Bueno, sí que lo esperábamos. Lo que no esperábamos es que nos afectase de la forma en que lo hizo. No esperábamos que algo tan pequeño, que ni se ve, que sólo se imagina, parase nuestra vida tan bruscamente. Y no nos lo creímos, hasta que nos dimos cuenta de que nos faltaban cosas, cosas que antes no sabíamos que teníamos. Y un 14 de marzo, se cambiaron los besos por mascarillas, los abrazos por vídeo llamadas, las series de televisión por cifras de fallecidos, las cervezas a las 20:00 por aplausos de orgullo; y cambiaron las rutinas, los horarios, las costumbres, las ilusiones, los trabajos… y donde antes jugaban los niños y por donde pasaban los coches a todas horas, ahora solo pasaban los días. Y los meses. Y la familia y los amigos quedaron más lejos, y a la vez más cerca que nunca; y en casa el ambiente era agridulce, confuso.

Estábamos todos juntos, como hacía tiempo que no lo estábamos, aunque por un motivo muy distinto. Pero nos teníamos los unos a los otros, juntos, y sanos. Y dábamos las gracias por ello, mientras día tras día observábamos las noticias que no queríamos ver, pero que reflejaban la realidad, lo que ocurría ahí fuera, cómo en las películas de zombies o catástrofes que nunca quisimos vivir. Como estudiante de Enfermería he tenido sentimientos encontrados durante la cuarentena. La situación ha desbordado todas mis expectativas de lo que significaba para mí ser enfermera. Siempre he sido consciente de lo que significa esa palabra, de lo que requiere esa profesión, y a lo que debemos hacer frente. Pero nunca lo había visto tan claro, y lamentaba que tuviera que ser en esta situación. Cada día que pasaba me sentía más orgullosa de ver cómo mis compañeros (porque lo son, aún sin conocerles) dedicaban su vida a esta causa, y deseaba poder ayudarles mano a mano. Pero también sentía mucho miedo. Miedo de imaginarme en su piel, al pie del cañón. Imaginaba todo lo que haría, vería, sentiría, y me aterraba. Jamás imaginé vivir una situación así, ni en mis peores pesadillas, y aunque no la he vivido como ellos, me sentía parte de todo. No podía evitar llorar cuando les veía en los reportajes, las noticias, los vídeos de las redes sociales. Era emocionante observar su entereza, su fuerza, su dedicación, y mil adjetivos que podrían describir lo que transmitían. Muchos dirán que es su trabajo, que están preparados para ello, que son profesionales y que saben lo que hacen. Y tienen razón, pero la realidad es que ninguna asignatura ni profesor te prepara para tal desastre. Somos enfermeras, pero ante todo somos humanos.

Y aunque trabajemos con la muerte día a día, nadie se acostumbra a eso, y menos cuando se trata de centenares de muertes diarias en unas condiciones tan desagradables como desoladoras. Aunque sabíamos que el virus llegaría, no sabíamos lo que eso significaba. Y aun sabiéndolo hoy día, nos encontramos ante un punto de inflexión que romperá muchos esquemas. Resulta interesante pensar en el concepto que en general teníamos sobre nosotros como sociedad, cuando hace tres meses todo era “normal”, y ahora todo es distinto. Se ha visto la importancia de una enfermera, de un auxiliar, de una limpiadora, de una cajera, un reponedor, un camionero, un repartidor… y espero que se siga valorando. Porque nunca se ha hecho, y aunque todas las profesiones sean tan importantes como necesarias, nada equivale a salvar una vida, y en nuestro país se ha jugado con la vida de muchas personas. Se ha demostrado que no tenemos la mejor sanidad del mundo, y que los recortes en sanidad matan, y eso deberíamos grabarlo a fuego, y luchar por ello.

Tanto la sociedad general como el personal sanitario, deberá enfrentarse a una nueva realidad que no dejará de lado las secuelas psicológicas. Personalmente me resulta muy extraño salir a la calle después de tanto tiempo. Tantos días deseando poder salir y ver a mis seres queridos, y ahora que puedo hacerlo me invaden sensaciones que no había experimentado antes. A pesar de no tener miedo y sentirme ilusionada por poder volver a hacer aquello que tanto echaba de menos, no puedo evitar sentir desconfianza. El entorno no me parece seguro como lo era antes, y las relaciones han cambiado. Los abrazos, los besos y las caricias siguen siendo planes futuros, y me da miedo pensar que esa forma de transmitir cariño vaya a cambiar para siempre. También me da miedo observar lo rápido que hemos olvidado lo que ha pasado. Durante la cuarentena hemos vivido escenas mágicas, llenas de solidaridad y humanidad, que están siendo eclipsadas por la irresponsabilidad y el egoísmo.

A penas quedan unos días para terminar el curso, para terminar la carrera, para decir finalmente que soy enfermera. Pero este final no es el que esperaba. Somos la generación que ha terminado sus estudios a través de Internet, confinados, con otras dificultades, con circunstancias difíciles, con miedos, y nuestros planes se han visto truncados. Pero también somos aquellos que han visto de lejos a sus compañeros luchar y salvar vidas a base de esfuerzo y sacrificio, los que han dejado todo para unirse de forma voluntaria a la lucha, los que han conocido el significado de Enfermería a través de una puerta que no debería haberse abierto nunca, pero que nos ha enseñado a ser conscientes y valientes. A pesar del miedo y de lo que pueda pasar, no nos faltan ganas ni ilusión para vestir el uniforme, ahora sí, de forma oficial. Después de todo lo que ha sucedido, nuestros compañeros necesitan relevo, y nosotros estamos dispuestos a cogerlo.

Cómo citar este documento
García García, Ana Isabel. Y no hizo falta algo grande para parar el mundo.Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex] 27/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1394

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