Miedo en tiempos de pandemia .

“El miedo que siente asoma a través de su mirada, que es lo único que deja a la vista al ocultar su rostro tras un respirador FFP2”

Ana García Fernández
Enfermera. Área de Docencia, Innovación y Calidad. Área Sanitaria Pontevedra e O Salnés, España.

Marta es una mujer de 44 años, de ese tipo de persona que irradia buenas vibraciones. Posee unos rasgos delicados que le confieren una belleza natural. Su larga melena cobriza y rizada le regala un aspecto de juventud ya superada. Tiene un carácter afable, es comedida y asertiva. Trabaja como técnico de cuidados auxiliares en una planta de medicina interna de un hospital provincial. Acumula a sus espaldas más de 20 años de trabajo a turnos. Está acostumbrada a cuidar de pacientes de avanzada edad, y con patologías tan graves que en muchas ocasiones el cuidado se ha reducido al acompañamiento en la etapa final de sus vidas. También ha cuidado de pacientes con infecciones que les obliga a pasar su estancia hospitalaria confinados en una habitación y aislados del resto de pacientes, de profesionales, y muchas veces de sus propios familiares. Cuando la pandemia de COVID 19 llegó al hospital de esta provincia gallega, ya se había escuchado mucho acerca de las situaciones extremas que se estaban viviendo en países próximos como Italia, e incluso en ciudades todavía más cercanas como Madrid o Vitoria. Toda esta información sólo hacía que incrementara la angustia, la incertidumbre y el miedo a lo que todavía no sabía Marta que se iba a enfrentar.

Ella nunca había sentido ese miedo; ni cuando la gripe A se convirtió en esa nueva forma de gripe que retaba a cualquiera que entrara en contacto con el Influenzavirus H1N1; ni cuando se escuchó hablar del ébola que amenazaba con extenderse por nuestro país; ni siquiera cuando un paciente con tuberculosis activa ingresaba en alguna de las habitaciones de aislamiento de la 6a planta par. Su profesionalidad siempre le fue dictando la manera correcta de actuar en cada caso, preservando siempre su salud y la de las personas que más quiere y que le esperan en casa cada día cuando sale de trabajar, que son su marido Manuel y su hijo de 11 años Lucas. Ahora todo se volvió diferente, ahora el miedo que siente asoma a través de su mirada, que es lo único que deja a la vista al ocultar su rostro tras un respirador FFP2 y que se ha convertido en su atuendo inseparable.

La 6a planta par es una unidad de hospitalización que acoge 19 habitaciones, en las que en condiciones normales se alojan hasta 31 pacientes. Hay 7 estancias que son individuales y están preparadas siempre para pacientes que por cualquier causa no pueden compartir habitación. No son habitaciones grandes, pero si acogedoras, con gran ventanal y hermosas vistas a la ría. Los pasillos son anchos y largos y su espacio apenas se ve interrumpido por la presencia de una grúa para los pacientes dependientes, o algún carro de medicación, o el carro de la limpieza que va y viene de un lado para otro. Ahora todo es diferente. Todas las habitaciones se han preparado para acoger a pacientes COVID 19 positivos. Nadie compartirá habitación, todos quedarán confinados a la más estricta soledad. En el pasillo, a la puerta de cada habitación se disponen hileras de mesillas y cubos negros en las que apoyar y desechar las armaduras con las que se enfrentará Marta al enemigo: los guantes, las batas impermeables, el gorro que ocultará y protegerá su precioso cabello, las gafas protectoras y la mascarilla que dañarán irremediablemente su piel mientras cumplen su función protectora. Marta está en turno de mañana, son las 10:15h.

Apenas ha podido tomar unos sorbos de café desde que llegó a las 8 de la mañana, y espera… Espera con sus compañeras esa llamada de teléfono que anuncie el ingreso del primer paciente COVID positivo que ingrese en la unidad. Sabe que a partir de ahí todo cambiará. Ya no charlará afablemente con ellos mientras les da la comida; no bromeará con ellos para conseguir que la hora del aseo sea algo más llevadera; no cogerá la mano y acompañará en las últimas horas de vida a quien considere que lo necesita. Y no hará todo esto porque el miedo a contagiar a los suyos ha pasado a ser la batuta que dirige ahora todas sus acciones. No hace falta que lo diga, ni tampoco que lo llore, o lo grite. Sólo hace falta mirarle a los ojos mientras el teléfono rompe la tranquila charla en la salita.

Cómo citar este documento
García Fernández, Ana. Miedo en tiempos de pandemia. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 27/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1391

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