Hoy la Tierra está cerrada, vuelva mañana.

“Estamos viviendo algo histórico: el año que la tierra obligó al mundo a detenerse”.

Marta Rodríguez Corujo
Estudiante de Enfermería.Centro Universitario de Enfermería San Juan de Dios, Sevilla, España.

“Hoy la tierra esta cerrada”, ¿quién nos iba a decir que la broma de la película “Los Vengadores: Infinity War” se convertiría en realidad? Si hubieras sabido que ese 15 de marzo iba a ser el último día, previo a dos largos e interminables meses de confinamiento, ¿cambiarías algo de lo que hiciste o dijiste aquel domingo? No cabe duda, que este confinamiento nos ha servido para reforzar las relaciones con amigos y familia; descubrir juegos que ni sabíamos que existían, fundir Skype a base de video llamadas, desempolvar el parchís o sacar nuestro lado más artístico con el pinturillo. La misma Elsa Pataky en sus redes sociales, nos comentaba: “no es tan malo quedarse en casa con tu marido”, pero claro, no todos tenemos una mansión de lujo ni a Thor como esposo y eso, a veces, puede hacer de la convivencia un poco más complicada. Pero lo peor, no es vivir en un piso de 60 metros cuadrados sin terraza, lo peor es la incertidumbre, el ¿y ahora qué? Toda tu vida se paraliza, ya no tienes que ir a trabajar o a clase.

Enciendes la televisión y todos los canales hablan de lo mismo; algo de un virus chino, no saben mucho más, solo nos dicen que nos quedemos en casa. Mires por donde mires, en cada balcón hay pancartas de “#quédateencasa”; y podemos ver como se forman tres grupos bien diferenciados en la población: los que no se lo creen y siguen haciendo vida normal, los que no saben muy bien que está pasando, pero hacen caso a las autoridades y los miedosos que no han salido ni para comprar el pan. Es entonces, cuando empiezas a replantearte tu vida hasta el momento, con flashbacks como en las películas. Las primeras semanas son raras, pero se sobrellevan bien; te peleas con tu hermana en quien baja a tirar la basura, a pesar de no haberla tirado nunca en 23 años, te crees concursante de masterchef haciendo platos increíbles y te terminas de leer los siete libros de Harry Potter. Pero pasan los días, y uno entra en la monotonía y ya no es todo tan divertido. Te chocas con la realidad cuando tu padre, enfermero en los quirófanos del H.U.V Macarena, tiene que trabajar y al volver a casa tras cada jornada, donde le esperan una esposa paciente de riesgo y dos hijas; una hipocondriaca y otra casi enfermera.

A escasos tres meses de la esperada graduación, tu mundo se desvanece como si fuera un mal sueño, vives con miedo a que te llamen para trabajar; pero el miedo no es por el coronavirus, sino por no haber terminado tu formación, no sentirte preparada o a la altura de las duras circunstancias. Pero no se puede hacer otra cosa que esperar y esperar, hasta que nos digan algo. Estas en casa, intentando no comerte demasiado la cabeza, pensando en todo lo que está pasando fuera y adaptándote a la nueva normalidad, cuando te das cuenta de lo afortunado que eres; sí, es cierto que no has podido ir al viaje de fin de curso o no has podido despedirte de tus compañeros o amigos; pero hay muchas personas a la que esta pandemia les ha privado de disfrutar, sus últimos momentos con los seres más queridos.

Esta humanidad de los cuidados, de la que tanto nos hablaban en la universidad, nos la ha mostrado de golpe el coronavirus, sacando a la luz su cara más altruista y desinteresada, sin necesidad de grandes gestos sino de pequeños granitos de arena, incluso al nivel más cercano; de la mano de vecinos, amigos o desconocidos; para todos aquellos que más lo han necesitado; a eso yo lo llamo solidaridad en estado puro. Sabemos que lo mejor del ser humano surge en situaciones de grandes crisis y estamos ante una de esas ocasiones. Algo de lo que los españoles podemos sentirnos orgullosos, es que, a pesar de que están siendo tiempos muy difíciles, no hemos perdido el sentido del humor. Sólo basta con meterse en las redes sociales para ver el ingenio con los numerosos memes y chiste que se han hecho virales durante esta pandemia mundial. Pero no debemos olvidar que la alerta sanitaria aún no ha terminado, y debemos ser responsables de nuestras acciones; ya que los profesionales sanitarios no se pasan más de 12 horas enfundados en los EPIs para que luego salgamos a la calle cuando queramos o no respetemos la distancia de seguridad.

Y este confinamiento me hace plantearme algo verdaderamente importante; y es, saber valorar aún más, esa libertad que creíamos infinita y los besos y abrazos que no nos atrevimos a dar en su momento. Resulta curioso como las acciones humanas, tan dañinas para el medio ambiente, se han visto paralizadas en todo este tiempo de confinamiento y como la naturaleza se ha abierto paso. Mientras nosotros estamos encerrados, las aguas vuelven a cristalizarse, el aire se despeja, los árboles dejan de ser talados y los animales podrán habitar en paz por un tiempo. No sé si será el mejor momento para decirlo, pero la naturaleza es tan mágica que ella misma está limpiándose del mal que le hicimos. Estamos viviendo algo histórico: el año que la tierra obligó al mundo a detenerse. Me gustaría terminar esta reflexión personal con una gran verdad; y no es que tengamos la mejor sanidad del mundo, es que tenemos a los mejores sanitarios del mundo. Gracias a todos por arriesgar vuestra vida para salvar la nuestra.

Cómo citar este documento
Rodríguez Corujo, Marta. Hoy la Tierra está cerrada, vuelva mañana. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 25/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1373

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