El valor de los pequeños detalles.

“Aunque los sueños se nos rompan en pedazos, nos mantendremos erguidos frente a todo”.

Cristina Guerrero González
Estudiante de Enfermería. San Juan de Dios de Aljarafe, Sevilla, España.

Todos y todas hemos oído hablar alguna vez de enfermedades que arrasan con todo acabando con la vida de miles y miles de personas, pero esto solo era parte de las películas, series o los libros de historia. Nunca en la vida me hubiese imaginado que en 2020, en mi último año de carrera iba a vivir esta situación en mis propias carnes. Estaba haciendo mis prácticas de Enfermería en quirófano cuando empezaron a circular noticias sobre un virus que se estaba extendiendo por China y estaba provocando numerosas muertes. Al principio casi nadie se lo tomaba en serio y se oían comentarios del tipo “eso es como una gripe”, “no son exagerados los chinos ni na” o “aquí no llega”, pero en el mes de febrero empezaron a surgir los primeros casos aquí en España y las opiniones empezaron a cambiar poco a poco. A algunos de mis compañeros los cambiaron de la zona en la que estaban llevando a cabo las prácticas porque corrían el riesgo de contagiarse ya que eran sitios por los que iban a pasar personas contagiadas o con sospecha de contagio por este coronavirus. En el hospital San Juan de Dios del Aljarafe, donde yo me encontraba realizando mis prácticas se convocó a profesionales y estudiantes a una reunión en la que explicaron cómo actuar ante el COVID-19 en caso de que se nos presentara la situación. El 3 de marzo muchas universidades comenzaron a suspender las prácticas clínico asistenciales de todos aquellos grados relacionados con la salud.

Recuerdo como se formó el caos en el grupo de whatsapp de mi clase. Algunos querían que se suspendiesen por miedo a contagiarse y otros deseaban que no fuese así y pudieran terminar su período de prácticas tal y como estaba establecido. A las 22:38 recibimos un correo de nuestra secretaria en el que nos comunicaba que nuestras prácticas quedaban suspendidas también hasta nueva orden. Yo, si soy sincera, era de las que se alegraba porque suponía más tiempo para dedicárselo al trabajo fin de grado y para estudiar el EIR al que tengo pensado presentarme en 2021 si todo va bien. Qué equivocada estaba. Fueron pasando las semanas y el número de personas afectabas iba aumentando a gran escala. Se suspendieron las clases presenciales de la academia a la que estaba apuntaba para prepararme el EIR, en colegios, institutos, universidades, la gente arrasó con los supermercados que llegaron a quedarse incluso sin papel higiénico y el 14 de marzo se declara el estado de alarma que nos obliga a todos los españoles a quedarnos confinados en casa. No estábamos preparados para vivir algo así y tuvimos que asimilarlo de golpe.

Algunos hemos sabido adaptarnos medianamente y nos hemos quedado en casa colaborando para que esta situación se resuelva de la mejor manera posible. Sin embargo, otras personas han seguido saliendo a la calle o visitando a personas con las que no convivían, no solidarizándose con la causa y provocando que el número de afectados por el virus siga aumentando y los hospitales sigan congestionados. Me dio mucha pena ver las calles de muchas ciudades abarrotadas de gente cuando dejaron salir a los menores de 14 años o cuando comenzó la fase 0. Realmente lo que me dio pena no fue el hecho de que las calles estuvieran llenas de gente, sino que muchas de las personas no respetan la distancia de seguridad y no usan mascarilla ni guantes.

Durante el confinamiento la verdad que no he tenido, y sigo sin tener apenas tiempo para asimilarlo todo porque entre los estudios y los trabajos apenas tengo tiempo libre, como la mayoría de los estudiantes y trabajadores que hemos tenido que servirnos de las tecnologías para continuar con nuestra rutina. Las video llamadas se han convertido en el modo de comunicación más frecuente para impartir/recibir clases y hablar con nuestros seres queridos entre otras muchas cosas. Con todo esto me he dado cuenta del valor de estar en un bar tomando una tapita con los amigos, de ir al cine, de las reuniones familiares y sobre todo de los abrazos y los besos con amigos y familiares. He echado de menos a muchas personas, pero sobre todo a mis abuelos. No podía parar de pensar “¿cómo estarán?” “¿se quedarán en casa?” “¿se contagiarán?” “¿estarán llevándolo bien?”. Es inevitable no pensar en ello cuando todos los días aumenta el número de muertos y la mayoría son personas mayores.

Muchas familias han perdido a alguien y no han podido despedirse de ese ser querido debido a las circunstancias en la que nos encontramos. No quiero ni imaginarme cómo puede ser vivir una cosa así. Quizá esto me ha servido para darme cuenta que debemos aprovechar el tiempo que pasamos con las personas que nos importan porque nunca sabes cuándo se va a acabar. En estos últimos 3 meses no ha habido un día en que no se hable del COVID-19. En la televisión, en las redes sociales, en las conversaciones en casa mientras comemos, etc. Todos hemos tenido que adaptarnos para frenar la curva y para que los profesionales que trabajan todos los días en los centros sanitarios no se vean más desbordados de lo que ya están. He leído, oído y visto fotos de toda clase: profesionales con bolsas de basura como si fueran batas, reutilizando mascarillas porque no tienen suficientes para abastecerse todos, con turnos interminables y contagiándose muchos de ellos. Lo peor de contagiarse es que puedes pasárselo a tu familia y eso crea un sentimiento de culpabilidad del que cuesta deshacerse. Si los héroes existen, sin ninguna duda son los sanitarios.

Esta epidemia ha servido para valorar el trabajo de estos profesionales, un ejemplo de ello son los aplausos todos los días a las 20:00horas, pero como todo en la vida, hay gente que no está muy de acuerdo. Algunos profesionales se han encontrado mensajes de sus vecinos que les pedían que abandonasen su propia casa porque podían contagiarlos. Personalmente pienso que estas personas están luchando porque todos estemos bien, y nuestro deber es apoyarles y ayudarles en todo lo que podamos. Este virus lo paramos todos. La forma en que vivimos ha cambiado, y aunque la mayoría de los efectos han sido negativos, también ha habido aspectos positivos, como el valor que han adquirido los pequeños detalles como el pasar tiempo con las personas a las que quiero. También se ha visibilizado la gran labor que hacen los profesionales sanitarios de los que me siento bastante orgullosa y que además incluye a la Enfermería, un gremio al que voy a pertenecer dentro de poco cuando me gradúe. Personalmente me siento muy afortunada de que ningún miembro de mi familia ni amigos se haya visto afectado. Ojalá la situación vuelva a la normalidad lo antes posible pero nunca olvidemos las cosas bonitas que nos ha hecho vivir, como la unión de todos los vecinos cantando Resistiré desde nuestros balcones, y es que resistiremos, aunque los sueños se nos rompan en pedazos, nos mantendremos erguidos frente a todo.

Cómo citar este documento
Guerrero González, Cristina. El valor de los pequeños detalles. Narrativas- Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 23/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1368

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