Diario de una pandemia.

“Si algo ha demostrado esta crisis, es que las personas nos necesitamos los unos a los otros”

Javier Pérez Bernabé
Estudiante de Enfermería. Centro Universitario de Enfermería San Juan de Dios, Sevilla, España.

Ninguno de nosotros se podía imaginar la magnitud de los problemas que iba a ocasionar en nuestras vidas el COVID-19 cuando escuchábamos por primera vez las noticias que venían desde China durante el mes de Enero del año 2020. A partir de entonces, poco a poco, los medios de comunicación empezaban a inundar sus informativos con noticias sobre el nuevo coronavirus, dejando de lado el resto de los diferentes problemas que nos afectan en el día a día. A pesar de esto y nada más lejos de la realidad, nuestro lado más irracional nos hacía pensar que ese virus que había en Wuham, nunca nos afectaría en primera persona o que simplemente era una enfermedad más leve que una gripe.

Por desgracia, con el paso de los días, el número de contagiados y fallecidos crecía de manera caótica y exponencial, hasta que finalmente, el día 14 de Marzo, el Gobierno de España decide decretar el Estado de Alarma, paralizando un país entero y advirtiéndonos de que lo peor estaría por llegar. Como estudiante de Enfermería en 4º curso, me encontraba realizando los últimos meses de mis prácticas clínicas en la planta de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios del Aljarafe, en Sevilla. Entrar en las habitaciones de los pacientes ingresados y ver en todas sus televisiones las noticias sobre el coronavirus, me hacía pensar que los medios de información se estaban aprovechando del miedo de la gente para obtener más visualizaciones. Todos los sanitarios del servicio donde me encontraba, incluido yo, intentábamos tranquilizar a aquellos pacientes que estaban preocupados por presentar múltiples factores de riesgo y restábamos importancia a la situación, procurando disminuir su incertidumbre porque realmente, nunca pensamos que esto nos podría llegar a afectar en primera persona.

El día 4 de Marzo, los estudiantes de enfermería recibimos un correo anunciando la suspensión de nuestras prácticas clínicas. Esta noticia la recibimos con alegría ya que pensábamos que iban a ser como una especie de vacaciones en las que podríamos aprovechar para adelantar el trabajo de fin de grado y descansar de este curso tan intenso, pero nunca me pude llegar a imaginar que ese 4 de marzo iba a ser mi último día de prácticas como estudiante de enfermería, y más siendo consciente de todo lo que me quedaba por aprender. Estos dos meses de confinamiento han sido para mí una mezcla de emociones y preocupaciones. He podido reflexionar sobre algunos aspectos de nuestra profesión; por desgracia, hemos tenido que esperar a que se produzca una pandemia para que la gente empiece a tomar conciencia de la importancia que tiene la enfermería y el resto de profesiones sanitarias. Sin embargo, me ha dolido ver las imágenes que han salido en televisión sobre las condiciones en las que han estado trabajando todos los sanitarios; sin recursos, usando bolsas de basura debido a la escasez de EPIs, reutilizando mascarillas durante semanas y poniendo en riesgo sus propias vidas y la de sus familiares. Se ha tratado a los profesionales de la salud como héroes y no como personas y eso ha hecho que España sea el país en el que más sanitarios se han contagiado.

Desde aquí, me gustaría hacer un homenaje a esas 74 personas que han perdido sus vidas salvando la de los demás y espero que esto nos sirva de lección para que nunca más tengamos que volver a lamentar la muerte de ningún profesional por falta de medios. Como estudiante de enfermería, he sentido mucha impotencia al saber que lo máximo que podía hacer para ayudar es apuntarme a una lista de voluntarios en la que nunca me llegarían a llamar. Pese a que en el momento del pico de la pandemia toda ayuda era poca, yo habría estado dispuesto a hacer lo que estuviera en mis manos con tal de apoyar a mis futuros compañeros que estaban en primera línea de batalla, aunque solo fuera para acompañar a aquellas personas enfermas que se encontraban solas y aisladas en las habitaciones de cualquier hospital de España. A todo lo comentado anteriormente, se le añade mi preocupación a nivel familiar; me ha tocado vivir muy de cerca el COVID-19 ya que mi familia vive en el principal foco de infección de España, en Madrid. Por desgracia, varios de ellos enfermaron y he tenido que lamentar la muerte de un ser querido. Además, mi abuela con 90 años ha tenido que pasar el confinamiento en su casa sin compañía, debido a que se le retiró el servicio de ayuda a domicilio con el inicio del estado de alarma.

Vivir tan de cerca estas situaciones, me ha hecho tomar conciencia de la gravedad de la situación; muchas personas mayores llevan sin ver a sus familiares durante meses, generándose en ellos sentimientos de soledad y viéndose afectada su propia salud mental. Así mismo, el hecho de que los ancianos no pudieran salir de casa para ejercitar las piernas y despejarse, ha ocasionado daños irreparables en su salud, creado mucha dependencia y deterioro físico y cognitivo. Afortunadamente, a día de hoy la tecnología nos permite mantener nuestras relaciones con familiares y amigos a través de videollamadas y aunque esto nunca va a sustituir el contacto físico, es algo que te ayuda a sobrellevar de manera más amena esta época tan difícil. En este aspecto, me ha emocionado ver tantos vídeos de enfermeras que a pesar de la carga asistencial tan grande que han tenido durante estos meses, han reservado algún momento para permitir que los enfermos de COVID-19 puedan comunicarse o despedirse de sus familiares a través de medios electrónicos. A parte de los problemas sanitarios que han surgido durante la crisis del coronavirus, cabe destacar los problemas económicos que se han ocasionado; miles de familias se han quedado sin empleo o han tenido que cerrar sus pequeños negocios familiares, viéndose obligados a pedir ayudas al Estado, moratorias de sus hipotecas e incluso en los casos más desafortunados, teniendo que hacer colas inmensas para recibir alimentos.

Mirando el lado positivo de las circunstancias, si algo ha demostrado esta crisis, es que las personas nos necesitamos los unos a los otros ya que somos seres sociales y considero que esta situación límite nos va a cambiar a todos como sociedad, haciendo que las personas aprendamos a valorar más lo que realmente tiene importancia; quedar una tarde con tus amigos, ver a tu familia, dar un beso, un abrazo o pasear tranquilamente por la calle… Finalmente, pienso que esta crisis sanitaria y social puede hacer reflexionar a nuestros políticos sobre la importancia que tiene reforzar económicamente nuestro sistema sanitario para evitar un posible colapso cuando nos enfrentemos ante un posible rebrote o una nueva situación de parecida.

Cómo citar este documento
Pérez Bernabé, Javier. Diario de una pandemia. Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 19/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1207

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