Amar en tiempos de COVID

“Nos daremos cuenta que somos vulnerables, que colapsamos y que no somos todopoderosos”

Alfredo Requejo Mir
Estudiante de Enfermería. Centro de enfermería San Juan de Dios, Sevilla, España.

Como alumno de cuarto curso de enfermería, me encontraba en mi penúltimo prácticum cuando llegó el COVID-19. Ya se oían comentarios que hacían alusión a la enfermedad que provocaba este virus, pero como casi todo el mundo pensábamos que China estaba muy lejos y que aquí ese maldito virus nunca llegaría. Nada más lejos de la realidad… Nos suspendieron la asistencia a las prácticas por motivos de seguridad, los niños dejaron de ir a clase, algunas actividades laborales empezaron a detenerse y así hasta que se declara el estado de alarma. Al principio pensé que esto sería como una gripe cualquiera, “¡¡que ignorante!!”; esto es más que una gripe. Para mí ha representado el paro de la globalización, del estrés de vida que lleva esta sociedad y del desarrollo, cierto es que de algún modo nos está permitiendo mirar hacia atrás y pensar que estábamos haciendo con nosotros mismos, con el ser humano, con el planeta. Me dio la impresión de que se había parado el mundo. No fue una impresión, efectivamente, el mundo se había parado. No había tráfico en las carreteras, tampoco gente en las calles, todo cerrado como si no existiera nadie, que sensación más desagradable.

Como futura enfermera y auxiliar de enfermería, esto me hizo tomar las riendas de mi situación familiar y personal, así que comencé a organizar este confinamiento. Esto no iba a durar dos días. Rápidamente fui por mi abuela a su casa, ya que vive sola en su domicilio, me la llevé para casa de mis padres. Allí le tuve que explicar a todos que esto era más serio de lo que parecía y que este maldito virus había ya empezado a llevarse vidas por delante. Fui el único que salía a la calle, atendía a mis padres y abuela y al mismo tiempo, las necesidades de mi esposa y de mi hija de 4 años. Tenia que organizar las compras cada 15 días y por supuesto extremar la higiene cada vez que salía a la calle y me dirigía a mi trabajo por el miedo a contagiarme y llevarles el virus a casa. Esto es lo que nos espera a partir de ahora, no sabíamos cuanto tiempo íbamos a estar confinados, que incertidumbre.

Quiero pensar, que todo esto ha tenido que ocurrir sin más remedio, para que nos diésemos cuenta del mal que nos estábamos haciendo nosotros mismos, un mal que en cierto modo nos va matando poco a poco debido a la velocidad que le propinamos a nuestras vidas. Además de ser casi enfermera ya que curso cuarto de grado de enfermería, soy auxiliar técnico en cuidados de enfermería de educación especial, así que, no puedo decir que he estado en primera línea de batalla, pero he tenido que dar lo máximo de mí, al igual que mis compañeros. Desde el primer momento se activaron todos los protocolos de seguridad del centro donde trabajo, se organizó de forma que desde el primer momento la seguridad de nuestros usuarios era la prioridad. Desde este momento, empezamos a cuidar de los nuestros, lo haríamos como siempre, de la mejor forma, no dejaríamos de humanizar nuestra forma de cuidar, de trasmitir el cariño y el afán de superarnos para que este maldito “bicho” se apoderara de nuestro centro y acabara con la salud de nuestros usuarios. Que difícil era imaginarse esta situación que estábamos viviendo. Igual o más difícil que tener que explicarle a una persona con necesidades especiales y déficit en el desarrollo intelectual que demonios estaba pasando. Era tan difícil y rara la situación, que nuestros usuarios nos miraban raro, nos preguntaban el porque de las mascarillas de las pantallas de los Epis, etc…. ¿Cómo se lo explicaríamos?

Con el paso de los días y semanas, fuimos normalizando la situación para así no preocupar más de lo que estaban a nuestros muchachos, le explicamos como a niños, porque en definitiva es como si lo fueran, que en el exterior había un virus que nos acechaba y que teníamos que tener mucho cuidado con él, que no nos podíamos permitir el que nos afectara y nos hiciera daño. Poco a poco se fueron concienciando de lo que pasaba, gracias a los equipos de psicólogos, enfermeras y educadores, le fuimos dando forma y así pudimos casi eliminar la preocupación de nuestro usuario. En realidad, esta situación, como he mencionado antes, marcara un antes y un después en la vida de las personas.

Desgraciadamente, aprenderemos a amar de forma diferente, sin abrazos, sin besos, sin contacto con nuestros seres queridos. Amar en la distancia, en la lejanía, cada uno en su casa, como si estuviésemos presos. Y sí, diréis que culpo al ser humano de lo que nos ha pasado, pues si lo culpo. Desde mi punto de vista el estilo de vida que hemos creado pienso que nos ha llevado a esta situación, un estilo de vida de prisas, de agobios y nerviosismo, un estilo de vida demasiado efímero. Afortunadamente, pienso que esto llegará a su fin, llegará la vacuna, los tratamientos. Las personas nos daremos cuenta de lo grave que ha sido esta pandemia, y que las cosas algunas veces, no parecen tan fáciles de solucionar. También nos daremos cuenta que somos vulnerables, que colapsamos, que no somos “todopoderosos”. Valoraremos las cosas que antes nos pasaban desapercibidas, que nos parecían banales.

Hemos aprendido a apreciar lo que tenemos, porque algunas personan no tienen nada en esta vida, y esta situación le habrá hecho sufrir aún más, hemos aprendido a ayudar a los más vulnerables a los desfavorecidos. Convivir con nuestra familia, con nuestros hijos nos ha ayudado a enriquecernos más aún si cabe, porque, aunque parecía que lo sabíamos hacer, ahora nos damos cuenta que quizás no fuese así.

Para concluir, me surge una pregunta, ¿volveremos a ese estilo de vida del que antes hablábamos?, pues seguro que sí. Vendrán más enfermedades, catástrofes y pandemias, pero nos cogerá esta vez aún más preparados, porque si algo bueno tiene el ser humano, es la capacidad de aprender de sus errores, de rectificar gracias a las experiencias vividas y de reconducir la vida después de las tragedias. Y lo más importante, es que las personas somos capaces de olvidar lo malo y quedarse con lo bueno, de apartar el dolor y convertirlo en alegría. Os deseo un feliz año de la enfermera y la matrona.

Cómo citar este documento
Requejo Mir, Alfredo. Amar en tiempos del COVID.  Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 19/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1185

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