Un cambio de planes inesperado.

“Estoy orgullosa de haber elegido este camino, la profesión más bonita del mundo”

Elena Vázquez del Castillo
Estudiante de Enfermería. Centro Universitario de Enfermería San Juan de Dios, Sevilla, España.

Creo que era una opinión común eso de pensar que este virus, no nos iba a afectar, que era cosa de los chinos, que todo iba a estar controlado y que la prensa estaba exagerando demasiado…nadie llegó a pensar que este virus fuera a cambiar tanto nuestras vidas de un día para otro, obligándonos a dejar todas nuestras obligaciones y preocupaciones a un lado para centrarnos en una nueva enfermedad mundial; una pandemia que ha ido y aún va dejando muertes allá por dónde va pasando. Aun recuerdo los días y las semanas previas a este estado de alarma, dónde todos seguíamos quitándole importancia al virus, aunque cada vez menos convencidos viendo cómo estaba avanzando y empeorando la situación de los países vecinos, como es el ejemplo de Italia. Una situación nueva, inesperada y caótica para la mayoría de la población. Toda la sociedad se ha visto sumergida en un estado de incertidumbre y dudas sobre qué va a pasar con sus vidas, con su trabajo, con su salud, con sus familias y amigos… y todo sin respuesta aparente. En cuanto a mi perspectiva, me encuentro en último año de carrera de enfermería y como a todos mis compañeros, lo primero que se nos pasa por la cabeza es, ¿Qué va a pasar con nuestra carrera, con nuestro título? ¿Nos suspenden nuestras últimas prácticas? ¿Nos vamos a graduar? Todas esas preguntas acompañadas del sentimiento más destacado en los últimos meses por toda la población; el miedo. Miedo por el estado de salud de todos (especialmente de nuestros allegados), miedo por los trabajadores de salud, miedo por las decisiones que se van tomando a ciegas, porque por mucho que sepan algunos o por muchos años de experiencias que tengan, nadie está preparado para este tipo de situaciones, miedo por las personas de riesgo, miedo por el qué va a pasar ahora, cómo se va a solucionar todo esto, cuáles van a ser las consecuencias de este estado de alarma, de cuánta gravedad estamos hablando…

Este último rotatorio que pude realizar a mitad, estaba en la unidad de Salud Mental del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla. Unas prácticas que me proporcionaban bastante ilusión y ganas debido a que llevaba queriendo pasar por esta unidad desde que cursamos la asignatura de salud mental en la carrera. Pero como he dicho previamente, estas prácticas fueron suspendidas de un día para otro, y mi sentimiento no fue de alegría, sino de preocupación. Preocupación porque esa decisión dejaba un hueco de incertidumbre en todos nosotros sobre lo que está pasando en esos momentos y sobre lo que puede venir a continuación. Nuestra vida como estudiantes pasa de estar cumpliendo los últimos meses de prácticas para llegar al final de este camino y convertirnos por fin en profesionales de la salud, a estar en casa sin saber que va a pasar con nosotros, con muchas dudas y muchas cosas por solucionar. Tras esta decisión, solo nos queda quedarnos en casa y esperar que todo esto pase lo más rápido posible. Pero no fue así. Semana después la gente ya va siendo un poco más consciente de lo que está pasando y empieza a estar más asustada. Al final de esa semana, el gobierno declara el estado de alarma. Ya está. La situación es verdaderamente grave. Prohibido salir. Es en este momento dónde todo deja de parecer una broma. La situación empieza a desbordarse. Los hospitales no dan más de sí, el número de muertes va aumentando, los sanitarios están cansados, debilitados y nosotros no podemos hacer nada. Pero entonces aparece ante nosotros la posibilidad de poder formar parte de esto y ayudar como profesionales sanitarios aunque aún no tengamos nuestro título. Nos informan que en caso de necesidad, en caso de que la bolsa de trabajo llegue a cero y necesiten personal, empezaran a tirar de nosotros, los estudiantes de enfermería de último año. Y sin saberlo, la ilusión vuelve a nosotros, aunque eso sí, acompañada de miedo e inseguridad. ¿Qué voy a hacer yo si me llaman? ¿Cómo voy a ayudar yo si no tengo ni idea? ¿Y si más que una ayuda soy un estorbo? Todas esas preguntas y más empiezan a rondar por nuestras cabezas, pero no por eso perdemos la esperanza de que nos llamen, porque aunque tengamos dudas, nos puede más el saber que al menos estamos intentando ayudar en lo que podamos. Pero ese momento nunca nos llegó, cosa que en realidad significa que la situación está más o menos controlada y aún hay mucha gente disponible a la que llamar antes de recurrir a los estudiantes.

Mi vida en estos últimos veces se ha basado en dedicar tiempo a estudiar para las oposiciones EIR, realizar las tareas que la universidad nos ha ido añadiendo para intentar suplir de alguna manera las prácticas que no hemos podido realizar y preparar el Trabajo Fin de Grado y su presentación, la cual vamos a tener que realizar mediante video-llamada. Además de para ponernos al día en cosas atrasadas o realizando aquellas tareas que siempre hemos querido hacer pero para las cuales nunca hemos encontrado tiempo, pienso que hemos aprendido a valorar un poco las cosas simples del día a día. Esas cosas a las que siempre hemos quitado importancia porque eran lo habitual en nuestra vida, era cómo algo que sabíamos que siempre iba a estar ahí, sin ser conscientes de que todo puede dar un giro de 180 grados y cambiar, como ha ocurrido con este virus. Me refiero a cosas simples como ir a tomar una cerveza con amigos o familiares, ir a la biblioteca, al gimnasio, al cine, a la playa…y lo más importante, poder estar cerca de los que queremos y poderlos abrazar y besar. Para finalizar pienso que debemos aprovechar esta situación que nos hemos visto forzados a tener, para valorar las pequeñas cosas que nos hacen felices. A su vez, creo que es de destacada relevancia, alabar la labor que todos los profesionales de la salud hacen siempre por la población.

Y digo siempre, porque nosotros (si, ya me incluyo como uno de ellos) en nuestro trabajo, vamos a mirar siempre por el bienestar del paciente, intentando realizar todo lo que esté en nuestra mano para poder mejorar su situación. Es por ello que hay que destacar la necesidad de mejorar las condiciones de nuestro trabajo y empezar a reconocer las distintas especialidades. Ya solo me queda añadir, que estoy muy orgullosa de haber elegido este camino y que estoy deseando incorporarme al mundo laboral para poder aportar mi granito de arena en esta profesión; una de las profesiones más bonitas que existen.

Cómo citar este documento
Vázquez del Castillo, Elena. Un cambio de planes inesperado. Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 19/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1180

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