Amar odiando

“Esa niña que se reía de un virus desconocido, hoy es una persona nueva y asume la responsabilidad que tiene dentro de la sociedad”

Blanca Liaño Gutiérrez
Estudiante de Enfermería. Centro Universitario de Enfermería San Juan de Dios, Sevilla, España.

Año 2020. Enero. Día 25. Me sitúo en Roma, visitando a mis amigos del Erasmus y empezamos a oír hablar de un virus que se encuentra en Wuhan, China; y todos comenzamos con las bromas, “anda que nos pasa eso a nosotros” pensamos. Marzo. Día 4. Comienzan los primeros casos de Covid-19 en España y nos llega un mensaje de la Universidad informándonos de la suspensión de las prácticas. Seguimos con las bromas, felices al creernos que nos daban unas vacaciones indefinidas para los estudiantes sanitarios. Y comenzábamos a pronunciar frases del tipo “pero si esto es como una gripe común” “que exagerados son”. Marzo. Día 14. El Presidente del Gobierno comunica el inicio del Estado de Alarma en España. El país se paraliza. Comienzan a aumentar a pasos agigantados el número de contagiados, de muertes, la saturación hospitalarias; faltan camas, falta protección, falta seguridad, falta consciencia social. Y se acaban las bromas.

De un día para otro nos vemos envueltos en una epidemia de la que nadie sabe si podrá librarse pero a todos nos afecta indistintamente. Empiezo a darme cuenta de lo que se le venía al país encima, nuestros sanitarios en peligro, nuestros mayores, nosotros mismo; y sin poder hacer nada para evitarlo, simplemente quedarnos en casa y no salir. El mundo se transforma, vemos calles vacías, el constante sonido del silencio, desaparece el contacto físico; nos encontramos ante una situación surrealista, en la que nadie se imaginaba estar viviendo. Y en ese momento, ese preciso momento, cuando todo es un completo caos, no sabemos cuándo podremos salir, no sabemos si mañana amaneceremos contagiados o si sonara el teléfono con la peor de las noticias; ahí, empezamos a valorar a los sanitarios, solo ahí, cuando son ellos los únicos que pueden hacer que vuelvas a salir a tomarte tu ansiada cerveza, a abrazar a tu abuela o a visitar a tus amigas. Y yo me pregunto, ¿hemos tenido que vivir una pandemia para que se valore la profesión más increíble del mundo? La profesión que nos cura, nos cuida, nos da la mano, nos alivia, nos acompaña. Dicen que todo pasa por algo y para mi este es el principal aprendizaje que nos llevamos de esta horrible situación, valorar a nuestros sanitarios. Valorarnos. Cuanto más avanzaba la situación, mis compañeros y yo nos sentíamos más inútiles.

El día que nos cancelaron las prácticas saltábamos de alegría, no éramos aun conscientes de la magnitud de esta situación. Pero poco a poco fuimos los primeros en darnos cuenta que los sanitarios que habían sido “nuestros referentes” iban a pasar a ser en tres meses nuestros compañeros. Y ahora necesitaban nuestra ayuda y comenzaba en nosotros un sentimiento de impotencia que desencadenaba en enfado. Entendíamos que las universidades no nos podían dejar en medio del escenario más peligroso pero nosotros solo pensábamos en que en menos de 90 días tendríamos que jugar el mismo papel que asumían ellos ahora y sin haber tenido un contacto previo. Veíamos las noticias a todas horas y nos dábamos cuenta de que esto no solo afectaba a la salud de los ciudadanos, también perjudicaba el ámbito laboral, la economía individual y colectiva, el fin del turismo, el posible aumento de violencia de género en los hogares, la soledad de algunas personas, el sufrimiento al ver morir a un ser querido lejos de él, y sobre todo la incertidumbre de cuándo acabará todo esto y volveremos a vivir como antes. En mi entorno, por suerte, no hemos vivido ningún caso grave por Covid-19 pero puedo confirmar que nos ha afectado en gran medida esta situación. Mis abuelos viven en otra comunidad y aunque nos hemos asegurado que nunca les faltara nada y aún menos que pudieran estar expuestos a cualquier tipo de contagio, a veces esta situación podía ser inevitable y eso nos producía un miedo constante. Mis padres son autónomos y de la noche a la mañana se han visto con sus negocios paralizados. Cuando se dieron cuenta de lo que esto conllevaría, empezaron a buscar ideas para seguir adelante, utilizaron las redes sociales como método de comunicación con sus clientes, idearon medidas preventivas para llevarlas a cabo en cuanto la situación avanzara lo más mínimo y sacaron toda la valentía que tenían dentro para no rendirse ni dejar ni un solo día de trabajar. De este modo, la pandemia me hace reafirmar: mis padres son mis héroes.

Tras llevar ya más de dos meses viviendo esta increíble situación, me pregunto: ¿está siendo todo un sueño? ¿Es real esta situación? Nos hemos perdido nuestras últimas clases, nuestras últimas prácticas, nuestras últimas fiestas siendo estudiantes, nuestra graduación, y todo ha tornado en clases online, trabajos de investigación convalidando prácticas clínicas, llamadas los viernes por la noche para pasárnoslo bien aun sin estar juntas y la esperanza de poder celebrar la graduación cuando todo esto acabe. Pero lejos de todo esto, hemos intentado no pensar en todo lo que nosotros perdíamos, ya que podríamos estar ganando cosas inexplicables gracias a esta epidemia. Hemos ganado la necesidad imperiosa por abrazar a los nuestros, por sentarnos en una terraza al sol, por poder hablar cara a cara con nuestros amigos y dejar las pantallas en casa, poder salir sin miedo, con esperanza y con orgullo, porque el día que lleguemos a la nueva realidad, ese día, podremos mirar a nuestro alrededor y simplemente agradecer, ya que lo conseguido es gracias al esfuerzo de todos, de una sociedad unida luchando por la futura y ansiada libertad. Y me pregunto: ¿Cuándo ese momento llegue habré conseguido aprender algo de todo esto?

Hoy salí a la calle y me siento valiente, me veo capaz de lograr lo que me proponga, los sanitarios me han dado aliento para nunca tirar la toalla como ellos nunca han hecho, a pesar de las numerosas adversidades. Valoro la vida, y simplemente el hecho de vivir me hace ser feliz, valoro los paseos al sol, las charlas con amigas, las noches de películas con mis padres, conocer el nombre de mis vecinos y crear con ellos una gran familia, cocinar un bizcocho toda la tarde con mi madre, las llamadas diarias con mis abuelos para ver que tal les fue el día y sobre todo valoro mi profesión, mi futura profesión, La Enfermería. Esa niña que a primeros de año se reía de un virus desconocido, hoy es una persona nueva y asume la responsabilidad que tiene dentro de la sociedad, siendo consciente de que si todos aportamos nuestro granito de arena conseguiremos salir de cualquier situación imposible. Odiamos al virus pero gracias a esto, nos amamos más entre nosotros.

Cómo citar este documento
Liaño Gutiérrez, Blanca. Amar odiando.  Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 17/05/2020. Disponible en:  http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1113

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