Enfermera en un abrir y cerrar de ojos.

“Nosotros los estudiantes, nos enfrentamos a una salida al mundo laboral sin haber pisado un hospital”

Ana Aguilar Sánchez
Estudiante de Enfermería. Centro Universitario de Enfermería San Juan de Dios, Sevilla, España.

Como todos sabemos, el coronavirus comenzó en China y todos veíamos en las noticias la cantidad de medidas preventivas que estaban llevando frente al contagio y la cuarentena que estaban llevando a cabo, pensando (ilusos de nosotros) que nunca llegaría a España. Aún recuerdo cuando empezamos a hablar sobre el tema entre mis compañeros y los profesionales sanitarios con los que realizaba mis prácticas. Todos le quitábamos importancia, al fin y al cabo suponía un porcentaje muy pequeño de mortalidad (menor a la gripe, decían) y “solo” afectaba a personas mayores y personas con patologías previas. Lo que no sabíamos era lo confundido que estábamos, la fuerza con la que iba a llegar este virus y la cantidad de contagios y muertes que iba a suponer (no solo de los grupos de población anteriormente mencionados), poniendo en peligro la vida de todos nosotros y colapsando así el sistema sanitario. Cuando todavía no éramos conscientes de todo lo que conllevaría este virus, recibimos un correo de la universidad comunicándonos el fin de las prácticas temporalmente y creo que hablo en parte de todos mis compañeros cuando digo que, en parte, nos alegramos de recibir ese correo. Eran como unas pequeñas vacaciones, muy necesarias para avanzar con el trabajo fin de grado. Pensé que sería algo breve y que dentro de poco retomaríamos las prácticas pero, desgraciadamente, no fue así.

Llevamos más de dos meses en nuestras respectivas casas sin poder formarnos para nuestro no tan lejano futuro (en un mes acabamos la carrera) y el miedo e incertidumbre sobre no saber cómo abordar ciertas situaciones, no haber aprendido lo suficiente en todo este tiempo y no haber podido desempeñar nuevas funciones en distintos centros de prácticas se hacen crecientes. Nosotros los estudiantes, nos enfrentamos a una salida al mundo laboral sin haber pisado un hospital o centro sanitario desde hace mucho tiempo, algo que considero que en nuestra formación como enfermeras es imprescindible; la práctica clínica y el saber desenvolverse en cada unidad es primordial para una buena formación, aprendiendo así nuevas técnicas y habilidades comunicativas para ofrecer una buena atención. Por si no fuera poco, un buen día nos pasan unas listas para apuntarnos como posibles voluntarios para ofrecer nuestra ayuda ante el caos y la falta de personal que encontrábamos en la mayoría de hospitales como consecuencia del Covid-19. Por lo que, todo ese miedo e incertidumbre sobre nuestra valía como futuros profesionales de la sanidad se adelantó varios meses. Pero también en parte me alegraba saber que de una forma u otra podría aportar mi granito de arena y al fin y al cabo trabajar por lo que tanto había luchado los últimos cuatro años, trabajar como enfermera. Iba a pasar, en pocos días, de ser una simple estudiante de enfermería a probablemente trabajar como tal.

Considero que tenemos una profesión preciosa llena de altibajos; es la profesión más gratificante del mundo pero la más dura también, y creo que esta pandemia ha hecho que se muestre al mundo entero el papel tan importante de los profesionales sanitarios en general y de las enfermeras en particular. Catalogaban a aquellos y aquellas que ejercen esta profesión como héroes y no, no lo somos. Realizamos nuestro trabajo, aquel para el que nos han enseñado durante años y que plasmamos diariamente con la mejor empatía y sensibilidad que hemos podido obtener ejerciéndola. Simplemente el resto de la población ha podido ver, oír o vivir a través de la experiencia de los pacientes, el labor tan importante que tenemos y que tan poco considerado se ha visto hasta hoy, hasta esos aplausos a las ocho de la tarde que se escuchaban por todos los balcones del país, aplaudiendo a todos aquellos que ponían en riesgo sus propias vidas y los de sus familiares por ayudar a otros a superar una enfermedad o a pasar los últimos momentos de la manera más humana posible.

Por otro lado, como el resto de la población, me preocupaba por mis seres queridos, especialmente por mis abuelas. Una de ellas se encontraba en una residencia de Madrid y, debido al estado de alarma en el que se hallaba el país, permanecía en cuarentena como el resto de nosotros. Pero la realidad que vivía era muy distinta a la nuestra, ya que ella se encontraba sola (no convivía con nadie más) sin poder ver a ninguna otra persona al tener que permanecer todos los residentes en sus respectivas habitaciones sin la posibilidad de salir a las zonas comunes. Este hecho hizo que me planteara la cantidad de problemas de salud que podían derivar de ese confinamiento y la dependencia que podía o iba a crear a muchos de nuestros mayores. También hizo que me preocupara por su salud mental, la soledad que sentía, la necesidad que tenía y tenemos todos de ver a otras personas y relacionarnos con ellas porque, al fin y al cabo, somos seres sociables y necesitamos estar conectados de una forma u otra con otras personas. Para acabar, quiero aportar el lado positivo que le veo a todo este caos que ha surgido de repente.

Creo que el estado de alarma y posterior confinamiento en nuestras casas ha creado una relación de ayuda mutua entre nosotros que ha tenido como consecuencia que esta situación pase de la forma más liviana posible y que creo y espero que nos haga cambiar a mejor como población. Además, nos ha hecho ver la importancia que tiene realmente la vida y hacer que nos centremos en lo que de verdad importa; ha hecho que valoremos lo que antes no valorábamos y que seamos conscientes y nos demos cuenta de qué es lo que más necesitamos: las reuniones con la familia y los amigos, las tardes al sol en una terraza, un abrazo, un beso,… al fin y al cabo todos estamos deseando volver a la normalidad para poder hacer todo aquello que hacíamos antes y que pasaba desapercibido, sin apreciar todo lo que suponía y significaba pero que ahora valoraremos más que nunca y no desperdiciaremos por nada del mundo.

Cómo citar este documento
Aguilar Sánchez, Ana. Enfermera en un abrir y cerrar de ojos. Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 16/05/2020. Disponible en: http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1089

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