Amar en tiempos del COVID

“¿Afectará todo esto a la esencia humana, a la cercanía, a la interacción interpersonal?”

Francisco Isaac de la Rosa Negrón
Estudiante de Enfermería. Hospital SJD del Aljarafe, Sevilla, España.

La COVID irrumpió en nuestras vidas de manera imprevista. Lo que otrora era motivo de sorna y broma, una situación lejana que no podría ocurrir aquí, se convirtió en una pesadilla, en la pesadilla del día a día, incluso para un estudiante de cuarto de Enfermería, como yo. El 3 de Marzo fui a las prácticas, como cualquier otro día, ignorando que ese sería el último. Esa mañana sería la última vez que me pusiera el uniforme en calidad de estudiante. Si me lo llegasen a contar por aquel entonces no lo hubiese creído. Aquella noche nos enviaron el mensaje; se suspenden las prácticas clínicas. En un primer momento recibí la noticia hasta con cierta alegría, realmente no sabía la que se nos venía encima, pero al poco tiempo lo supe. Estado de alarma, confinamiento, muertos y el peligro de haberte contagiado los últimos días en el hospital y poder infectar a mi familia. Lo que antes eran memes, bromas, cantos y sorna por redes sociales se acababa de convertir en la pesadilla de no sólo un país, sino del mundo entero.

Al poco tiempo la junta de Andalucía hizo un llamamiento a los estudiantes de cuarto, hicieron una petición de voluntarios sin definir claramente en un primer momento nada, ni condiciones laborales, ni salario si lo había, ni las condiciones en las que íbamos a estar. Me apunté. Ignoraba si me llamarían, pero en cuánto rellené el formulario busqué pisos cercanos al hospital para poder trabajar, si llegaba el caso sin el riesgo de contagiar a la familia. Finalmente aún no me han llamado y todo parece apuntar a que no lo harán. Así que he llevado la cuarentena como cualquier otra persona, confinado. Tiempos peores se han vivido, sin duda, lo que no quita que el confinamiento sea duro. Considero que no tengo la legitimidad de quejarme de nada. De momento nadie de mi entorno ha enfermado, vivo en una casa digna, tenemos ahorros… Pero esta misma suerte que tengo me hace pensar en las familias desafortunadas que no tienen esa dicha, familias que tienen que convivir en un piso de pocos metros cuadrados, con hijos que mantener y sin ahorros a los que recurrir. También me hace pensar en aquellas personas con otras patologías, con otros miedos, con ansiedad, trastornos mentales, TOC, todos ellos han debido sufrir los efectos del confinamiento mucho más que yo. Por ellos, por los compañeros que están trabajando en primera línea, por todos nosotros y por la nación debemos hacer el esfuerzo de quedarnos en casa, especialmente gente como yo; pero no voy a negar que es duro, no poder ver a tu pareja, no poder besar y abrazar a tu familia, no poder tomar cervezas con tus amigos, ver todos los días las mismas cuatro paredes, pero actuar de otro modo sería actuar de manera egoísta y pueril.

Conforme evoluciona la pandemia y parece que hemos traspasado el famoso pico, se ha flexibilizado el confinamiento, se permite caminar, correr e incluso en fase 1 ir a terrazas por lo que el confinamiento se ha hecho más llevadero, pero salir a la calle en los horarios estipulados es jugar a los coches de choques, debes mirar a uno y a otro lado para evitar cruzarse con nadie. Hay ocasiones en las que los paseos están tan abarrotados que parece imposible, lo cierto y verdad es que jamás he visto a tanta gente en la calle por mi pueblo y a veces esto genera más ansiedad de lo que te despeja. Por otra parte, el miedo a un segundo brote es real, puesto que sería más virulento en el sur por no haber sido una zona afectada al principio de la pandemia. Con respecto a la Enfermería soy consciente de que la próxima vez que me vista de enfermero será para ejercer como tal, dentro de muy poco, sin haber tenido el último rotatorio de prácticas, sin haber podido mentalizarme, sin haber tenido contacto con un hospital en meses y para colmo nuestra incorporación coincidirá probablemente con los últimos coletazos de la pandemia, cuando el personal sanitario ya esté exhausto y la carga de trabajo no sólo sean los pacientes COVID, sino además de estos los pacientes que no han podido ser atendidos en todo este tiempo. Mi incorporación al mercado laboral será muy dura, en una situación extraordinaria y para colmo, con un rotatorio menos de prácticas clínicas, una combinación que creo que no nos sentará bien pero para la que tendremos que adaptarnos, ser valientes y tener la madurez suficiente para encararlo de una manera asertiva.

En definitiva, esta pandemia está poniendo a prueba no sólo a nosotros mismos, sino al sistema sanitario, a la responsabilidad popular, al sistema sanitario y político e incluso a nuestra forma de vida, tan cercana hasta ahora, tan afable. Aún no sabemos cómo afectará todo esto en el futuro. ¿Volverán los abrazos por la calle? ¿Cómo serán los besos? ¿Afectará todo esto a la esencia humana, a la cercanía, a la interacción interpersonal? ¿Aumentará la solidaridad y la hospitalidad? ¿Qué será de la economía, de los trabajos de la gente? ¿Qué será de nuestros mayores? Sin duda será un gran reto, un reto no sólo para los sanitarios, sino un reto para toda la sociedad, para los jóvenes, los ancianos, para los trabajadores que actualmente pueden desempeñar su empleo, sobre ellos recae gran parte del funcionamiento del país, un reto para las familias que se han quedado sin trabajo y sin sustento, un reto para la clase política y sobre todo un reto para nuestros valores, nuestra solidaridad. La humanidad frente a la pandemia. El sacrificio frente a la comodidad de eludir responsabilidades. La cercanía de corazones frente a la distancia forzosa.

Cómo citar este documento
De la Rosa Negrón, Francisco Isaac. Amar en tiempos del COVID Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 16/05/2020. Disponible en:  http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1085

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