¿Estado de alarma o de incertidumbre?

“En unos meses estaremos trabajando como enfermeros, pero sintiendo que no tenemos formación”

Raquel Inurria Salcedo
Estudiante de Enfermería. Centro Universitario de Enfermería San Juan de Dios, Sevilla, España.

Era por enero cuando se empezó a escuchar en las noticias sobre un virus que había contagiado a gran parte de la población china. Algo desconocido, que no sabían muy bien cómo actuar y afrontarlo, poca información de cómo había llegado el virus…Todo se veía muy lejano. Poco después, un país vecino como Italia sufría otra gran oleada de contagiados, los fallecimientos iban subiendo sustancialmente, los hospitales se colapsaban, la gente no podía salir de casa, se debía hacer cola para comprar en los supermercados… pero parece que aún seguíamos viendo todo esto muy lejano e improbable de que llegara España. El día que se detectaron los primeros casos en España no pensaba que esto fuera a llegar tan lejos. Se decía que era como una gripe normal, que no había que hacer nada salvo tomar las medidas de prevención sanitarias, que podría haber personas que tuvieran el virus y ni siquiera presentaran síntomas, y en el caso de que se confirmara positivo, se recomendaba aislamiento domiciliario. Incluso pensábamos que todo lo que alarmaban los informativos era innecesario. Pero algo se estaba cociendo y no lo veíamos. De pronto un día sales del turno de las prácticas sin saber que será la última vez que pises ese servicio, sin despedirte de tus enfermeros y enfermeras referentes y sin ni siquiera llevarte el pijama de la taquilla. De la noche a la mañana nos llegó un correo electrónico diciendo que nos suspendían las prácticas hasta nuevo aviso. Al principio no sabíamos si por poco tiempo o indefinidamente, pero poco después todo cambió. Poco a poco la cosa iba empeorando. Cada vez había más contagios por comunidad autónoma. Las muertes aumentaban a diario. Hasta que se llegó al extremo de tener que declarar el estado de alarma. Esto era algo histórico, algo que nunca nadie se podría llegar a imaginar que pudiera pasar. Algo nuevo y extraño para todos.

De repente no podías salir de tu casa, excepto para circunstancias especiales. El salón se convirtió en las zonas de trabajo para muchos, los padres pasaron a ser profesores, los profesores se tuvieron que actualizar dando clases frente a una cámara, todas las tiendas cerraron, muchas personas se quedaron sin trabajo y solo algunos colectivos tenía que estar ahí en pie de guerra. Todo durante el estado de alarma se convirtió en un caos. En mi caso como estudiante de cuarto de  enfermería  fue un estado de incertidumbre. Nadie daba respuesta a nuestras dudas y preguntas. Estuvimos más de un mes sin saber cómo recuperaríamos las horas de prácticas pérdidas, como se nos evaluaría, como sería el final de curso que nos esperaba. Nos centramos en finalizar cuanto antes nuestro trabajo de fin de grado, porque existía la posibilidad de que nos llamaran para ayudar en los hospitales. Esto fue algo que nos motivó bastante al principio para seguir avanzando, porque muchos nos sentíamos un poco impotentes por no poder hacer nada en esta tan grave situación ya que nos sentíamos capacitados para ayudar.

Los cambios seguían llegando y con ellos la modificación de tutores, la forma de la defensa de nuestro trabajo, las tutorías e incluso las clases. Nunca pensaba que los últimos meses de mi carrera se vieran truncados por algo así. Siento que me quedan muchas cosas por ver y aprender. Nos hemos quedado sin los momentos más emotivos de un fin de carrera, sin nuestro viaje, sin nuestra graduación y sin nuestro último rotatorio de prácticas. Por otro lado, nos invade el miedo. Quizás en unos meses estamos trabajando ya como enfermeros, pero sintiendo que nos faltan horas de prácticas y sin saber si seremos capaces de afrontar esta crisis sanitaria como es debido. Hemos pasado muchos días sin ver a nuestros familiares, sin poder quedar con amigos y sin ni siquiera poder ir a dar un paseo a la hora que te apeteciera. El confinamiento ha sido muy largo, en el cual ha dado tiempo para crecer como personas, enriquecernos culturalmente desde nuestro salón, descubriendo la magia de las videollamadas con amigos para celebrar que es viernes o el momento balcón con vecinos que por circunstancias del día a día hacía meses e incluso años que no mantenías una conversación. Por suerte toda mi familia ha estado bien y hemos podido tomarnos este tiempo para estar juntos, para cuidarnos y para dedicarnos tiempo, el que antes no teníamos por culpa de la rutina.

Quizás la parte más dura a todo esto sea estar alejado de familiares con los que sabes que no debes perder mucho el tiempo o ver crecer a los pequeños a través de una pantalla. Pero nos volveremos a reencontrar y será mucho más emocionante. Valoraremos más los momentos con ellos. Empieza la desescalada. Con el cambio de fase florece nuevamente el miedo. Parece que se nos olvida muy rápido todo lo que hemos pasado estos meses, la gente que ha muerto y se ha contagiado a consecuencia de este virus. Poca gente sigue respetando las salidas  excepcionales, la distancia de seguridad o las medidas de prevención adecuadas. Todo el mundo hace lo imposible por comprar una mascarilla, pero la realidad es que después en la calle un porcentaje bajo de la población la lleva. Toda esta crisis sanitaria y tener que vivirla desde casa como estudiante y no como enfermera me ha hecho pensar que la vocación es primordial para esta profesión. Mientras familiares y amigos me decían que estaba loca por querer estar al pie del cañón, yo solo tenía la necesidad de sentirme útil ayudando ante todo esto. Quizás no hubiera estado a la altura o quizás sí, o incluso que fuese mucho más duro de lo que pensaba. Cuando elijes esta profesión sabes que no le tienes miedo a un virus. Somos un colectivo que pelea con la muerte a diario, con situaciones de alegría como es un nacimiento o con momentos duros como es el acompañamiento en una enfermedad grave. Pero cuando llegan los momentos de felicidad como las altas, sabes que todo esfuerzo ha merecido la pena, y es ahí cuando la vida te da un motivo más para amar esta profesión y saber que no te has equivocado al elegirla.

Cómo citar este documento
Inurria Salcedo, Raquel.  ¿Estado de alarma o de incertidumbre? Narrativas-Covid. Coviviendo [web en Ciberindex], 16/05/2020. Disponible en:  http://www.fundacionindex.com/fi/?page_id=1066

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